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- About: maestro-eckhart, san-juan-de-la-cruz, teresa-de-avila
- Depends on: union-por-participacion, henosis-y-gracia, desasimiento, fondo-del-alma, las-dos-salvaguardas-del-carmelo, la-identidad-eckhartiana-es-filial
- Cites: sermones-alemanes, subida-del-monte-carmelo, noche-oscura, castillo-interior
Dónde divergen
La tesis San Juan = Eckhart hispano daba por equivalentes la noche oscura y el desasimiento. Leídos los dos lados en sus textos, la vía coincide y la equivalencia se rompe en dos puntos: el término y el agente. Son justo los dos que la tesis necesitaba.
Eckhart pone algo en el alma que no es criatura. En el sermón XIII: «En el alma hay una potencia de la cual ya he hablado varias veces… si el alma entera fuera como ella, sería increada e increable». De esa potencia dice que no tiene «nada en común con nada, ni le resulta común ninguna cosa de todo cuanto ha sido creado. Todo lo creado es [una] nada. Esto [de que hablo] está alejado de toda criaturidad». Es el fondo del alma (grunt), que en otros sermones llama chispa, gotita, boca del alma; y el término de la vía es que el alma allí pierda su nombre: «el alma, cuando llega a esto, pierde su nombre y Dios la atrae hacia su interior de modo que se anonada en sí misma, tal como el sol atrae hacia sí el arrebol matutino de manera que éste se anonada» (Del desasimiento).
San Juan no pone nada divino en el alma. El alma es criatura entera, y la unión es una relación establecida por gracia entre dos voluntades: «unión de semejanza… cuando las dos voluntades… están en uno conformes» (2S 5,3). Y allí donde Eckhart dice que el alma pierde su nombre, San Juan dice lo contrario con la vidriera: el alma «parecerá el mismo rayo», pero «tiene su naturaleza distinta del mismo rayo» y es rayo «por participación» (2S 5,6); «es Dios por participación; aunque es verdad que su ser naturalmente tan distinto se le tiene del de Dios como antes» (2S 5,7). En el madero del fuego repite la cautela: aun consumada la transformación, queda «la gravedad y cantidad más espesa que la del fuego» (2N 10,1).
Un solo cambio de sitio, y todo cambia: si hay un punto increado en el alma, la vía es retorno y reconocimiento; si no lo hay, la vía es asimilación por gracia, y el término conserva dos naturalezas.
Lo que no divide
Aquí es fácil equivocarse por exceso, y conviene registrar las tres coincidencias que impiden convertir esto en una oposición limpia:
- Eckhart mismo condiciona lo increado. La frase del sermón XIII es contrafactual y él añade el desmentido: «Mas las cosas no son así. Con la parte restante ella [el alma] ha puesto sus miras en el tiempo y le adhiere y al hacerlo toca la criaturidad y es creada». Eckhart no afirma que el alma sea increada; afirma que tiene una potencia que lo sería si fuese todo el alma. Es la misma cautela que sostuvo en su defensa.
- Los dos usan la distinción gracia/naturaleza. La fórmula eckhartiana que el editor de la edición disponible recoge de las obras latinas —«el hombre puede llegar a ser por gracia lo que es Dios por naturaleza»— es formalmente casi la sanjuanista «es Dios por participación». La distancia está en el sujeto de la operación, no en la gramática.
- Ninguno de los dos es panteísta, y ninguno de los dos permite leerse como advaita estricto: para ambos hay creación, gracia y término personal.
- La identidad que Eckhart afirma también reserva una diferencia. Su fórmula más audaz —«donde el Padre engendra dentro de mí a su Hijo, allí soy el mismo Hijo y no otro»— continúa: «es cierto que somos diferentes en el ser-hombre». La identidad es de filiación y en el fondo del alma, no del sujeto entero; ver la-identidad-eckhartiana-es-filial. Los dos místicos, por tanto, guardan una distinción: San Juan la de las naturalezas, Eckhart la del ser-hombre. Lo que difiere es dónde la ponen y qué queda idéntico al otro lado.
Dónde se agrava
En el método, no en la metafísica, la divergencia es mayor de lo que parece. Para Eckhart el desasimiento es la virtud suprema y es obra del hombre: «desasimiento es lo mejor de todo, ya que purifica el alma y acendra la conciencia e inflama el corazón… y aparta a la criatura y se une con Dios», y «a tal punto nada lo lleva al hombre a excepción del puro desasimiento» (Del desasimiento). Para San Juan la purificación decisiva no es obra del hombre: la noche pasiva es «una influencia de Dios en el alma… en que de secreto enseña Dios al alma… sin ella hacer nada ni entender cómo» (2N 5,1). Lo que en Eckhart es la cima del obrar, en San Juan es aquello ante lo cual el obrar termina.
Y Teresa añade una tercera posición que no coincide con ninguna de las dos: su imaginería de la séptima morada va más lejos que la sanjuanista —el agua del cielo en el río, que «no podrán ya dividir ni apartar» (7M 2,4)— mientras su cautela se desplaza a la mediación: quien deje «la sacratísima Humanidad de nuestro Señor Jesucristo» para «tratar en cosas de la divinidad y huir de las corpóreas» no entrará «a estas dos moradas postreras» (6M 7,5–6). El Carmelo no tiene una sola salvaguarda, tiene dos, y están en sitios distintos.
Consecuencia para el corpus
La equivalencia no se sostiene como identidad doctrinal, pero tampoco cae del todo: se sostiene en la vía negativa y se rompe en el término y en el agente. Eso es exactamente lo que san-juan-como-eckhart-hispano queda reformulada para decir, y lo que el frente 1 exige de toda identificación del proyecto: decir en qué plano vale.
Límites
La comparación se hace sobre la edición castellana de Tratados y sermones disponible en la biblioteca, con la numeración de sermones de esa edición y no la alemana crítica; la fórmula «por gracia lo que es Dios por naturaleza» llega a través de la introducción del editor, que la cita del primer volumen de obras latinas, no del cuerpo de sermones. Y falta el otro lado del expediente: la bula In agro dominico (1329) y la bibliografía de McGinn, que es quien sostiene la objeción más fuerte —que Eckhart pertenece al cristianismo y no al perennialismo— y sigue sin estar en la biblioteca.