Topology

Ficha

  • Autor: Aleksandr Duguin (transliteración de esta edición) · 2009, edición rusa.
  • Edición de la biblioteca: ENR (Juan Antonio Llopart, ed.), traducida del inglés —Arktos, Londres— por Alexandre Villacian y Fernando Rivero, junio de 2013. Incluye una introducción inédita de Duguin escrita expresamente «para la edición española» y sustituye el apéndice de la edición inglesa por «Proyecto para una Gran Europa», tomado de la edición brasileña (Editora Austral, presentada en Curitiba en septiembre de 2012).
  • Catorce capítulos, dos prefacios —el general de Duguin y el de la edición española, firmado por los traductores—, introducción, apéndice y una nota biográfica editorial. Fuente completa (epub), sin paginación: las citas van por capítulo.
  • El propio prefacio a la edición española advierte de la cadena de traducción: «las tres versiones de que disponíamos: en francés, inglés y portugués, ya que no sabemos ruso, eran diferentes. La versión francesa, con prólogo de Alain Soral, es bastante diferente a las otras dos. La versión brasileña parece estar traducida de la inglesa, pero cambia el orden de los capítulos y los anexos no coinciden» (Prefacio a la edición española). Toda cita de este destilado hereda esa cadena: ruso → inglés/francés/portugués → español, y no hay edición crítica que la fije.

De qué trata

La tesis: tres teorías agotadas y un «fin de la historia» que hay que atravesar, no negar. El libro arranca clasificando el siglo XX en tres «teorías políticas» —«El liberalismo (de derechas y de izquierdas)», «El comunismo… incluyendo el marxismo» y «El fascismo… incluyendo el nacionalsocialismo»— y describe su desenlace: «al final del siglo XX, de las tres teorías políticas que fueron capaces de movilizar las masas de millones de personas en todo el mundo, solo ha quedado una, la teoría liberal» (cap. I, «Finales del siglo XX, el final de la época moderna»). Duguin no niega esa victoria —«la Modernidad = el liberalismo. Esta fórmula es correcta. Los intentos de debatirla han fracasado»— sino que la acepta como punto de partida para ir «no solo contra sus consecuencias sino también contra sus raíces» (Introducción a la edición española). La cuarta teoría se presenta expresamente como obra abierta: «No se trata de un dogma o de un sistema listo de un proyecto terminado. Es una invitación a la creación política» (Prefacio general). Los traductores lo resumen en su propio prefacio: «la Cuarta Teoría Política no es una teoría cerrada en absoluto, sino que es una teoría en construcción» (Prefacio a la edición española).

La forma política: el Estado-nación como empresa contractual, el «gran espacio» como alternativa. Verificado en el texto: el Estado-nación no se describe como algo natural sino como producto del liberalismo de las revoluciones burguesas, «una formación política uniforme fundada sobre una base contractual, oponiéndose a las más antiguas formas imperial y feudal». Y la cita exacta que pide contraste: «Tal “Estado-nación” (État-nation) no tenía un objetivo histórico común ni tampoco una misión determinada. Se concibe a sí mismo como una compañía o empresa que se basa en el acuerdo mutuo de los participantes y que, teóricamente, se puede disolver a partir de esas mismas bases» (cap. IX, «El liberalismo y sus metamorfosis»). Frente a eso, el «gran espacio» —tomado, dice el propio texto, de Carl Schmitt («Después de Cari Schmitt, es habitual en la ciencia política llamar a todos los proyectos similares de integración de “grandes espacios”»)— se define así: «El “gran espacio” se diferencia de los actuales Estados nacionales porque se asienta sobre la base de un sistema de valores e historia comunes; él unifica algunos o, en algunas ocasiones, una multitud de diferentes Estados unidos en una “comunidad de destino”» (cap. VII, «Civilización como un concepto ideológico»). El precedente positivo que el libro nombra sin rodeos es la Unión Europea: «Un precedente importante es la creación de la Unión Europea, que realiza el “gran espacio”, en la práctica una transición de los Estados nación a una entidad supranacional edificada sobre el fundamento de la civilización común. Este ejemplo muestra que el “gran espacio” es posible, constructivo y, a pesar de todos los problemas internos, se desarrolla positivamente en la realidad» (cap. VII). El mismo capítulo sostiene además que ese modelo no aplasta la diversidad interna, y de nuevo con la UE como ejemplo: «el regionalismo y el desarrollo autónomo e independiente de las comunidades locales, étnicas y religiosas se pueden producir rápidamente ya que la presión unificadora, característica de los gobiernos nacionales, se debilita considerablemente. Un ejemplo de esto es lo que sucede en la Unión Europea, donde la integración facilita considerablemente el desarrollo de las comunas locales y de las llamadas euro-regiones» (cap. VII). El apéndice «Proyecto para una Gran Europa» —tomado de la edición brasileña— desarrolla la misma figura a escala continental y se distancia expresamente del vocabulario imperial clásico: propone la Gran Europa «en contraste con otros planes para la creación de algo “grande” en el ya pasado de moda sentido imperialista de la palabra, sea el proyecto del Gran Oriente Medio o el plan pan-nacionalista de la “Gran Rusia” o de una “Gran China”» (Apéndice, «Proyecto para una Gran Europa»).

El fondo tradicionalista, desbordado por Heidegger. Guénon y Evola aparecen citados por nombre —«Comparto la visión de René Guénon y de Julius Evola, que consideraban que la modernidad y su base ideológica… eran la causa de la futura catástrofe de la humanidad» (cap. XIV, «Contra el mundo postmoderno»); «En sus obras, Guénon y Evola dieron una descripción exhaustiva de la posición conservadora más importante» (cap. VI, «Conservadurismo y postmodernidad»)— pero la referencia filosófica que sostiene el aparato central del libro es otra. El propio texto lo declara: «El sujeto de la Cuarta teoría política es el Dasein. Esto es un término de la filosofía de Martin Heidegger que refleja el ápice de la Cuarta teoría política como la política existencial» (Introducción a la edición española), y a partir de ahí desarrolla varias páginas sobre el Dasein auténtico e inauténtico (eigene/uneigene), el das Man y la tesis de que «Dasein existiert völkisch». El recuento en el texto verifica la proporción: 51 menciones de «Heidegger» (49 del nombre más las formas «heideggeriano/a») frente a 11 de «Guénon» (10 más «guenonismo») y 15 de «Evola». La cuarta teoría política se apoya mucho más en la fenomenología existencial de Heidegger —el Dasein como sujeto que sustituye al individuo, la clase y el Estado/la raza— que en el aparato metafísico del tradicionalismo guenoniano, lo que matiza cualquier lectura del libro como obra tradicionalista sin más.

España: Toledo por Armin Mohler, hacia «el Imperio existencial». La introducción, escrita para esta edición, dedica un apartado entero a España («A la España negra»). Ahí aparece Toledo, y Duguin lo toma explícitamente de un tercero: «Armin Mohler cree que el símbolo del espíritu español es la defensa del Alcázar de Toledo durante la Guerra Civil». Sigue una cita larga, entre comillas angulares en el propio texto, sobre el sitio del Alcázar y el coronel Moscardó: «La defensa del Alcázar de Toledo al principio de la Guerra Civil duró del 21 de julio al 27 de septiembre de 1936… Ese día el coronel Moscardó, quien encabezaba la sublevación en Toledo recibió una llamada telefónica… Le propuso al coronel capitular sin demora, en caso contrario su hijo… sería fusilado… Moscardó: “Si es cierto encomienda tu alma a Dios, da un viva a Cristo Rey y a España y serás un héroe que muere por ella. ¡Adiós, hijo mío, un beso muy fuerte!”… Después el coronel añadió al jefe de la milicia roja: Puede ahorrarse el plazo que me ha dado y fusilar a mi hijo, el Alcázar no se rendirá jamás» (Introducción a la edición española, «La existencia de la España Negra»). Duguin lee el episodio en clave existencial —«la España Negra como existencia orientada a la muerte»— y lo empalma con el «duende» de García Lorca antes de cerrar el apartado con un epígrafe que nombra directamente la forma política: «Al Imperio existencial». Ahí escribe: «El despertar de España en el contexto de la Cuarta teoría política debe ser ante todo un descubrimiento de su plano existencial… Hay otra España. La misma, negra, mortal, mortífera. Y su destino puede ser diferente» (Introducción a la edición española, «Al Imperio existencial»). Incluso el capítulo pensado a medida para el lector español desemboca en la misma palabra, «Imperio», que en el resto del libro nombra al gran espacio.

Cautelas y límites

Exponer no es suscribir. Este resumen documenta lo que el libro sostiene porque el corpus lo cita —un poema de cierre en hispanofilia, una simpatía declarada en la-via-de-la-accion—, no porque el grafo lo avale. El propio libro es traducción de traducción (ruso → inglés/francés/portugués → español) con capítulos y anexos que varían de edición a edición, según advierte el propio prefacio español; cualquier cita hereda esa cadena, y el epub no conserva paginación.

Lo que verifica y lo que no. El destilado confirma con texto primario los tres puntos que la divergencia había dejado sin comprobar: el rechazo explícito del Estado-nación como «compañía o empresa», el «gran espacio» tomado de Schmitt como alternativa, y la Unión Europea puesta como precedente positivo y como ejemplo de pluralismo interno («comunas locales», «euro-regiones»). También confirma que el propio libro, al hablar de España, no elude la palabra «Imperio»: la introducción escrita para esta edición termina ahí. Lo que no verifica —porque el corpus no lo desarrolla— es ninguna discusión española del libro: Rodríguez García no cita ni el «gran espacio» ni el Dasein ni el Estado-nación como empresa; toma el poema de Toledo y, en la charla, el nombre de la cuarta teoría política con la salvedad repetida de que «la respuesta no está todavía dada». La distancia entre lo que este libro sostiene —una arquitectura política completa, con sujeto (Dasein), forma (gran espacio) y precedente (UE)— y lo que el corpus usa de él —una etiqueta y una imagen de Toledo— es del tamaño de catorce capítulos.

El propio aparato editorial lo señala, y el corpus no lo recoge. La nota biográfica que cierra esta edición —firmada por el editor, no por Duguin— consigna que «se lo ha caracterizado como un adalid de ideas antioccidentales, ultranacionalistas y fascistas», que se le ha apodado «el Rasputín de Putin» (con el matiz de que su influencia real está discutida) y que sus «críticas a la limitada implicación de Rusia en el conflicto de Ucrania» —reclamaba «la invasión total del país»— le costaron la cátedra en la Universidad Estatal de Moscú. Nada de esto —ni el neoeurasianismo como programa geopolítico ruso, ni Ucrania— aparece en el corpus hispano, que cita a Duguin solo por su fondo tradicionalista y su poema.