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Ficha

Estado

Ficha con transcripción íntegra, sin destilar todavía: existe para que el grafo pueda citarla cuando las notas de trabajo se apoyen en ella con peso.

Transcripción

Fijaos, las torres gemelas, el 11S, las nuevas tecnologías, las redes sociales y los smartphones,

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la crisis del 2008 que ha durado casi 10 años y ahora la crisis del coronavirus.

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Hay que hacerse cargo, aunque parezca una perogrullada, hay que hacerse cargo de que el siglo XX ha terminado y estamos ya transitando el siglo XXI. Vaya, alguno dirá, oye tío, ¿has descubierto el Mediterráneo o qué? No, lo que pasa es que el siglo XXI nos está enfrentando ya a situaciones para las que las herramientas ideológicas, culturales, los paradigmas del siglo XX ya no sirven. Cuando digo que el siglo XX ha terminado estoy queriendo decir que en gran medida estamos afrontando los problemas del siglo XXI con herramientas que ya están gastadas y agotadas. El siglo XX de verdad concluyó. Y las herramientas del siglo XX además están enraizadas en una cosa todavía más vieja, que es la Ilustración, la Revolución Francesa, las Revoluciones del XIX. Entonces, cuando vamos viendo cómo se despliega el siglo XXI y las problemáticas que nos trae, vamos viendo cómo la modernidad, lo que ha venido siendo la modernidad, con sus distintas herramientas, el liberalismo, el socialismo, el nacionalismo, en realidad hay que decir los liberalismos, los socialismos, los nacionalismos, son distintas las ramas y variantes de cada una de estas tres grandes hijas que tiene el mundo moderno. Y las herramientas que derivan de estas tres herramientas, liberalismo, socialismo, nacionalismo, ya no sirven. Estamos afrontando un nuevo tiempo. De verdad, en los últimos 20 años hemos cambiado de fase histórica. Hemos entrado en un nuevo ciclo. Y la crisis del coronavirus nos lo muestra. La globalización liberal, la necesidad de un Estado fuerte, cómo se gestiona y se organiza y se paga ese Estado fuerte, la necesidad de sociedades más maduras, conscientes y disciplinadas y cómo se gestionan y crean sociedades más maduras, conscientes y disciplinadas. Es decir, el siglo XXI ha dejado atrás definitivamente el siglo XX en el sentido de que las herramientas ideológicas, socioeconómicas, sociopolíticas, los paradigmas del XX ya no nos sirven. Y el problema en gran medida es que no tenemos las herramientas que nos permitan afrontar el siglo XXI.

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Todavía no tenemos el nuevo paradigma. Todavía no tenemos con nosotros las herramientas en el fondo espirituales que nos permitan afrontar el nuevo tiempo. Los que me conocen, o mis amigos, o la gente que a lo mejor me sigue, lee mis artículos, sabéis que yo tengo verdadera simpatía por los planteamientos de Alexander Dugin, por la cuarta teoría política, por el arqueofuturismo, fijaos, la cuarta teoría política, que habla de virar y mirar de nuevo a la tradición sapiencial, a la sabiduría ancestral para afrontar el nuevo tiempo, el arqueofuturismo que plantea unir lo más ancestral y originario con los grandes avances tecnológicos que estamos viviendo. Bien, pues a mí me interesan esos planteamientos, pero es verdad que la respuesta no la tenemos todavía. El nuevo paradigma no lo tenemos. Estamos en lo que en la Edad Media se llamaría un interregno. Ha terminado un ciclo, tiene que comenzar otro, pero el que tiene que comenzar todavía no lo tenemos con nosotros.

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Estamos en, también usando una imagen del Grial, el rey sin espada, la tierra sin rey. Estamos en un periodo de incertidumbre. Nos faltan los paradigmas espirituales, ideológicos, culturales que necesitamos para el nuevo tiempo. Y sin embargo el nuevo tiempo ya está aquí y a veces daría la impresión de que nos está pasando por encima. Bien, pues aunque yo diga que me interese la cuarta teoría política de Alexander Dugin o el arqueofuturismo, es verdad que la respuesta no está todavía dada. Las herramientas que usamos ya no nos sirven mayormente. Las herramientas que tendremos que usar todavía no las hemos construido. Eso nos genera esa incertidumbre. A nivel sociopolítico y socioeconómico todavía no sabemos cómo vamos a afrontar todo lo que nos va viniendo.

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Y ese es un rasgo característico de este primer cuarto del siglo XXI, de este inicio de un nuevo ciclo, en el que, como en oleadas sucesivas, la época que estamos transitando nos va pasando para encima, nos va desmontando las ideas preconcedidas que traíamos, pero al mismo tiempo no tenemos nuevas ideas. Bien, pues yo tampoco las tengo, es decir, yo no tengo el nuevo paradigma. Yo no tengo todavía el nuevo paradigma. Estoy convencido que tiene que ver con la tradición sapiencial, que tiene que ver con lo espiritual, que tiene que ver con el autoconocimiento y la conquista de uno mismo, pero poco más puedo decir. Ahora, fijaos que he dicho, tiene que ver con el autoconocimiento y la conquista de uno mismo. Bueno, pues ahí sí tenemos las respuestas. Porque la tradición sapiencial siempre ha dado claves y herramientas de autoconocimiento desde el primer momento.

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Fijaos, lo tengo aquí, bueno, pues lo que para mí sería quizás el libro más importante de la historia de la humanidad. El canto del Señor. La Bhagavad Gita del año 600 a.C. La conversación entre Krishna y Arjuna. Antes de que Arjuna entre en combate. Tiene miedo a la batalla, tiene miedo a combatir y duda, no sabe qué hacer. Krishna le da la clave de cómo llevar a cabo esa batalla. Lo que sería el Karma Yoga, la vía de la acción. Bien, pues de esa vía de la acción ha escrito uno de mis maestros, que es Antonio Medrano, un libro maravilloso, La vía de la acción. En La vía de la acción, Antonio Medrano no hace sino destilar lo que serían las claves fundamentales que la tradición sapiencial ha dado, desde los estoicos al Tao Te Ching del Lao Tse, pasando obviamente por la Gita, por el canto del Señor en general.

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Las claves que la tradición sapiencial ha dado desde siempre para la conquista de uno mismo y el recto accionar en el mundo. el tener una vía recta de acción y de relacionarnos con nosotros mismos y lo que nos rodea bien, pues el libro da al final cinco claves fundamentales de esa vía de la acción cinco claves que no son sino una actualización del karma yoga de la Gita, del Bhagavad Gita y que tienen que ver con otra cuestión que trata Antonio Medrano en sus libros este es otro de los libros que más me gusta, la historia de la humanidad, la lucha con el dragón Un libro de Antonio Medrano que te explica, bueno, pues ciertamente, ¿de qué va la vida? El argumento de la vida es la conquista de uno mismo, la victoria interior. Bien, pues, la conquista de uno mismo, la victoria interior, se lleva a cabo conforme al karma yoga, la vía de la acción.

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Y si bien es verdad que no tenemos el nuevo paradigma para el nuevo tiempo, si bien es verdad que estamos en un periodo de incertidumbre en lo que respecta a llegar a ser quien estamos llamados a ser y conquistarnos a nosotros mismos, no hay incertidumbre. El karma yoga, la vía de la acción, siempre está ahí para quien la sepa encontrar y aplicársela. Bien, pues Antonio Medrano señala como cinco puntos fundamentales de la vía de la acción. Los voy a recoger aquí muy sucintamente. El primero de ellos, la subordinación a la verdad, el someternos a la verdad de las cosas y al orden del ser. El primer paso para la conquista de uno mismo y tener un accionar recto en esta vida es no aceptar en ningún caso la autodeterminación de la subjetividad. El mundo moderno se basa en gran medida en lo contrario, en la autodeterminación de las distintas subjetividades, incluso las subjetividades colectivas. Lo vemos con, por ejemplo, los casos del nacionalismo fragmentario en España. Bien, pues, frente a la autodeterminación de la subjetividad, el sometimiento a la verdad de las cosas y el orden del ser. Actuar siempre conforme a la verdad.

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Es famoso en la película Excalibur, fijaos, cuando los caballeros están sentados en la mesa redonda y dice el rey Arturo, Merlín, está el mago Merlín con ellos, es su maestro, y dice, Merlín, indícanos qué es lo que más caracteriza a un caballero. Y entonces el resto de los caballeros de la mesa redonda, cada uno da su punto de vista y dice uno, el valor, la justicia, la honradez, y dice Merlín, no. Lo primero, lo primero en la vía del caballero es la verdad. Vivir la verdad, hacer la verdad, decir la verdad, someternos a la verdad, que es la única manera de hacernos realmente libres. Lo primero, la verdad. Lo segundo que señala Antonio Medrano para la vía de la acción, el sentido del deber. La acción desinteresada y desapegada. No hacer las cosas pensando en el fruto y el rédito.

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no hacer las cosas pensando en que la hacemos nosotros y lleva nuestra firma no hacer las cosas pensando en la propia acción que estás llevando a cabo sino en el sentido de deber que esa acción te implica dice aquí literalmente realizar la misión que se nos señala sin tener en cuenta cuáles sean los resultados que podamos cosechar o las consecuencias ni el éxito ni el fracaso ni el triunfo ni la derrota, ni la retribución ni la condena. Nada de eso debe influir en nuestra conducta. Lo que debe ser hecho, debe ser hecho. La verdad y el sentido del deber. Más allá de las consecuencias de nuestros actos, lo importante es la pureza del acto. Eso lo señala insistentemente el karma yoga en la tradición sapiencial en el Bhagavad Gita. El tercer elemento de la vía de la acción, la concentración en la acción presente, aquí y ahora. Vivir en estado de presencia, no obrar con mente dividida, sino con la mente plenamente unificada, concentrada y focalizada en un solo punto. No vivir distraído, no vivir despistado, no hacer una cosa y estar pensando en la otra, no estar aquí pero acordándote de aquello o pensando en lo que vendrá después. Someternos a la verdad, que es hacernos libres; actuar con sentido del deber, sin esperar nada a cambio, lo que debe ser hecho debe ser hecho.

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Y actuar en estado de presencia, completamente consciente, en un estado de atención consciente, mente unificada. Bien, pues tres primeras claves fundamentales de la vía de la acción. Y luego dos más, que tienen un sentido más quizás espiritual. Toda acción que llevamos a cabo debe tener un carácter de ofrenda. Todo debe tener un carácter de vínculo con el significado espiritual de lo que hacemos. Toda acción es rito. Toda acción es ofrenda y sacrificio en el sentido de sacer facere, esto es, hacer sagrado. Todo lo que haces tiene una dimensión sacra. Por decirlo de algún modo, toda acción que llevas a cabo en el mundo es acción de paladín. Eres un paladín de la verdad en el mundo. Eres un paladín de la luz de lo alto en el mundo. Tu accionar tiene un accionar misional de sacrificio y de ofrenda. Eres, entre comillas, vamos a decirlo así, paladín de los dioses en la tierra. Por tanto, tu acción tiene una dimensión de ofrenda. A lo alto, al absoluto, a Dios si eres creyente. Y el quinto punto sería la proyección cósmica y universal del accionar. En la vía de la acción se te recuerda todo el rato que nunca estamos solos. Yo ahora mismo estoy en una casa apartada, el confinamiento lo estoy pasando en una casa apartada y solitaria, no tengo vecinos, no hay nadie alrededor mío, estoy completamente al margen de la sociedad, no hay nadie alrededor mío. Bien, pues no. Nunca estamos solos. Siempre estamos junto al todo. Por tanto, nuestro accionar tiene que tener esa proyección cósmica y universal. Tú estás siempre actuando en el universo, en la creación, en el planeta Tierra, en el todo que te acompaña siempre. El momento en que encarnas en el espacio-tiempo y naces en este mundo, estás siempre acompañado por el todo. Tu accionar tiene que tener esa proyección cósmica y universal. De una manera muy bonita, dice Antonio Medrano, que la acción justa, la acción recta, debe estar animada por una suerte de hondo sentido ecológico. Se basa en una suerte de ecología sacra. Todo lo que haces tiene una proyección en el universo. Igual que todo lo que haces, y tendría que ver con lo que he mencionado antes, la acción como ofrenda, todo lo que haces tiene una proyección en lo eterno. Bien, pues ofrenda y proyección, la eternidad y lo universal, el absoluto y el universo a tu alrededor, como dos pilares que también deben de estar presentes en la significación espiritual de tu accionar.

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Entonces, bueno, para sintetizar y por sí, a lo mejor he divagado un poquillo, espero que no, y me habéis podido seguir, los cinco pilares de la vía de la acción serían subordinación a la verdad, sentido del deber, atención consciente, acción como ofrenda y acción como proyección universal y cósmica, proyectada sobre el todo. Con esas cinco claves que Antonio Medrano destila en su libro La Vía de la Acción a partir de la tradición sapiencial. Bueno, el aparato bibliográfico es extensísimo. Bueno, pues ya digo, los estoicos, el Tao Te Ching, sobre todo el libro que siempre recomendaré más, el Bhagavad Gita, el Canto del Señor, el Karma Yoga, la Vía de la Acción. Bien, pues, bebiendo de las fuentes de la tradición sapiencial se establece la vía de la acción. Y la vía de la acción es perenne, vale para todo tiempo y lugar, incluso para este tiempo de incertidumbre que estamos viviendo. Fijaos que he comenzado diciendo, el siglo XX ha terminado, estamos transitando el siglo XXI y pretendemos afrontarlo con herramientas ideológicas, culturales, políticas, económicas que ya no nos sirven. Pero no tenemos todavía las nuevas herramientas, los nuevos paradigmas que nos permitan afrontar este nuevo siglo. Estamos así en un interregno, en un periodo intermedio, en un periodo de incertidumbre. En esa incertidumbre yo he mencionado la cuarta teoría política de Alexander Dugin, el arqueofuturismo. Cada una de esas dos cosas tiende a mirar a la tradición en su sentido ancestral y originario. Bien, pues no hay herramientas todavía socioeconómicas y sociopolíticas para afrontar el nuevo tiempo que estamos estrenando, transitando y cruzando, acercándonos ahora a él. Pero las herramientas de autogobierno, las herramientas de autoconocimiento, las herramientas para vencer al dragón y llegar a ser quien estamos llamados a ser, esas sí están ahí. Es la vía de la acción. Todo ser humano, hombre o mujer de este mundo, actuará. Incluso si se queda inmóvil estará actuando desde la quietud. Bien, pues la acción es el fundamento de la vida y la acción debe ser llevada a cabo de manera recta. Y la vía de la acción son entonces esas cinco cosas. Someternos a la verdad, sentido del deber, atención consciente, ofrenda, proyección, significado espiritual de lo que hacemos, en lo alto y el universo que nos rodea. La verdad, el deber, la atención, la ofrenda y esa ecología sacra, ese proyectarnos en la creación. Estamos insertos en el mundo, lo que hacemos se proyecta sobre el mundo. Bueno, pues la vía de la acción nos vale hoy, mañana y los días que sigan a mañana.

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Nos vale para hacer frente a lo que tenga que venir, en este confinamiento y a lo que venga después. La vía de la acción nos sirve siempre. Estemos en el interregno, estemos en la incertidumbre o estemos en ese nuevo tiempo que nos permite dejar atrás la modernidad y entrar en una nueva fase histórica, dejar atrás el liberalismo, los socialismos, los nacionalismos. Bien, pues hasta que llegue esa nueva fase histórica y tengamos esas nuevas herramientas, la tradición sapiencial en lo que respecta al gobierno de nuestra persona en lo que respecta a la vía de la acción no falla ahí no es necesario esperar a un nuevo paradigma la vía de la acción el karma yoga siempre está ahí y bueno pues en el primer vídeo que he querido grabar he querido subrayar eso la vía de la acción es el camino y el propio cultivo de la vía de la acción se convierte en meta porque te transforma y te hace más fuerte te hace más lúcido te hace más despierto y te hace más libre.

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Y de eso, independientemente de confinamientos, virus y demás, de eso va la vida.

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