Topology

Dónde divergen

El corpus trata el recogimiento como una vía: Osuna y Laredo preparan, el Carmelo culmina. Los textos dicen otra cosa. En la cuarta morada Teresa está discutiendo con esa misma matriz, y lo dice con todas las letras: es «una contienda bien platicada entre algunas personas espirituales, y de mí confieso mi poca humildad que nunca me han dado razón para que yo me rinda a lo que dicen» (4M 3,4).

Lo que se discute es una técnica concreta: «como se aconseja en algunos libros, que procuren no discurrir, sino estarse atentos a ver qué obra el Señor en el alma» (4M 3,4). El aparato de la edición identifica el libro: Bernardino de Laredo, en el capítulo titulado «Qué cosa es no pensar nada en contemplación perfecta».

Las cuatro razones de Teresa

No responde con autoridad sino con argumentos, y los numera (4M 3,5–6):

  1. No se puede forzar lo que Dios reservó. «Yo no puedo persuadirme a industrias humanas en cosas que parece puso Su Majestad límite y las quiso dejar para Sí» — frente a lo que sí podemos, «así de penitencia, como de obras, como de oración».
  2. Lo interior es suave; forzarlo daña. «Hacer cosa penosa, antes daña que aprovecha. Llamo penosa fuerza que nos queramos hacer, como sería pena detener el huelgo
  3. Es contraproducente. «El mismo cuidado que se pone en no pensar nada quizá despertará el pensamiento a pensar mucho.»
  4. Contradice su propio fin. Lo agradable a Dios es olvidarse de sí; y «¿cómo está olvidado de sí el que con mucho cuidado está, que no se osa bullir?»

Y el diagnóstico del resultado: el alma «queda mucho más seca y por ventura más inquieta la imaginación con la fuerza que se ha hecho a no pensar nada».

Por qué esto importa más que el pasaje de la sexta morada

El veto de 6M 7 era sobre el objeto —no dejar la Humanidad de Cristo—. Este es sobre el método, y por eso alcanza más lejos: lo que Teresa declara improcedente es exactamente la operación que hace del recogimiento algo comparable a una técnica oriental. Y la razón 2 nombra el caso límite: detener la respiración. La retención del aliento, que en otras tradiciones es método, aquí es el ejemplo de lo que no se debe hacer.

De modo que el vaciamiento del corpus no puede alegar la matriz hispana en bloque: puede alegar a Laredo, a quien Teresa contesta; o a Teresa, que lo desautoriza. No a los dos.

Coincide además con la partición sanjuanista —noche-activa-y-noche-pasiva— y con la-cima-de-la-via-no-es-operable: los dos carmelitas ponen fuera del alcance del sujeto lo mismo, uno con vocabulario de escuela y la otra con cuatro razones de sentido práctico.

Lo que Teresa concede

No es un rechazo total, y conviene no endurecerlo. Concede que cuando Dios ya ha empezado a obrar, «entonces es bien callar… y no será malo procurar no obrar con el entendimiento si podemos» (4M 3,5). Lo que niega es el orden inverso: usar la suspensión como palanca para provocar la merced. Y concede que la meditación discursiva sobre la presencia de Dios en el alma es «bueno… y excelente manera de meditación, porque se funda sobre verdad» (4M 3,3) — sólo que no es de eso de lo que habla.

Límites

Las tres identificaciones de Osuna y Laredo en el Castillo son del aparato crítico, no de Teresa: ella habla de «algunos libros» y de «personas espirituales» sin nombrarlos, y el editor pone los nombres, remitiendo además a Vida c. 12 —que no está en la biblioteca— para donde Teresa sí los trata. La atribución es por tanto sólida pero indirecta. Y el editor cita a Laredo con dos títulos —Subida del Monte Sión y Subida del alma a Dios—; lo más probable es que sean el mismo tratado en tres partes, pero no lo he podido cotejar porque la biblioteca tiene de Laredo una selección parcial.