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Ficha

Estado

Ficha con transcripción íntegra, sin destilar todavía: existe para que el grafo pueda citarla cuando las notas de trabajo se apoyen en ella con peso.

Transcripción

Estamos en una encrucijada en la que el presente no es —el tiempo presente que estamos viviendo— no es aquello que en el pasado se contempló como futuro. Es decir, da la impresión, en muchos analistas, comentaristas, en el debate público al cabo de la calle, de que hay una sensación de estar viviendo un tiempo para el cual el pasado no nos preparó, y hemos arribado a un presente que ya no encaja con aquel que teníamos en mente. Pero es que hay más: desde este mismo presente no terminamos de saber cuál es el futuro hacia el que avanzamos. Esto se nota especialmente en la proliferación de la nostalgia y de la melancolía, incluso de la retronostalgia, en el sentido de jóvenes que nunca vivieron en los 80, nunca vivieron en los 90, y hablan con nostalgia de un tiempo que les parece mejor que el presente, y que daría la impresión de que desde dicho pasado se señala cómo el futuro que tendrían que haber tenido, el presente al que tendríamos que haber llegado, les ha sido robado, les ha sido ninguneado. Y hemos llegado a un tiempo que ya no responde a aquello que estaba antes y que ni siquiera termina de decirnos hacia dónde avanzamos ahora.

00:00:08–00:01:44

Esta nostalgia, entonces, muchas veces va a ir acompañada de cierto temor, de recelo, de desconfianza; pero también va a ir acompañada de cierta necesidad, cada vez más evidente, de reseteo, de pasar página, de dirigirnos de manera radical a algo que rompa con la situación actual. Esta sensación generalizada, entonces, de fin de ciclo, de encrucijada, de presente que no se parece al pasado —y que no parecía que en el pasado se nos anunciara que íbamos a llegar acá— y que desde el presente tampoco sabe hacia dónde avanzará, esta sensación de fin de ciclo, de encrucijada, bien, pues se ha ido macerando en los últimos 25 años. Creo que desde el año 2001 hasta ahora, en el 2026 —que esto se graba en febrero del 26—, en 25 años habríamos ido avanzando bajo la égida y el paraguas del progresismo, la posmodernidad, el globalismo; habríamos arribado a una situación que algunos analistas ya llaman de post-Occidente, post-Occidente, en el sentido de que, efectivamente, lo que está ocurriendo, lo que estamos viviendo, por un lado, desborda el marco conceptual e ideológico que, por decirlo así, desde los 90 parecía que nos habíamos dado y que tenía que señalarnos hacia dónde íbamos; pero es que, por otro, también se da la idea, se maneja la idea, de que ha sido el propio despliegue de las coordenadas filosóficas, políticas, sociológicas de Occidente lo que nos ha traído a este momento actual, de fin de ciclo y de encrucijada, sin terminar de saber qué pasará; como si hubiéramos entrado en una suerte de puerta giratoria en la cual no sabemos por dónde dicha puerta nos va a soltar.

00:01:44–00:03:50

Y a partir de ahí, esa sensación de nostalgia: «qué bien estábamos antes, maldita sea, adónde hemos llegado; no lo habíamos prefigurado, no concebíamos que llegáramos a este punto»; de ahí esa nostalgia. A partir de ahí, ese temor, esa desconfianza hacia lo que pueda venir, que desde el presente parece que no se puede prefigurar, y, al mismo tiempo, esa idea de esperanza de ruptura: si esto es lo que hay, entonces cortemos por lo sano, generemos algo radicalmente diferente a lo que a día de hoy estamos viviendo. Bien, esto dicho, no sé si me he explicado, espero que sí, o si me he liado un poco con esa idea del pasado, el presente y el futuro; espero que no.

00:03:50–00:04:30

Esto está ocurriendo, esta idea de encrucijada, de fin de ciclo, de no saber hacia dónde vamos y de no encontrar correspondencia entre el presente y lo que había en el pasado —insisto, la abundancia de vídeos y de comentarios que hay en internet sobre qué felices éramos en los 90, ¿verdad? ¿Y cómo es que en los últimos 25 años, maldita sea, nos hemos ido a la mierda?—. Bien, pues esto está ocurriendo, además, en sociedades que, durante mucho, mucho tiempo, me atrevería a decir desde la Segunda Guerra Mundial, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, son sociedades que llevan ya, entonces, muchas décadas viviendo en un marco mental posheroico y postsapiencial, de un horizonte de vida profundamente aburguesado y espiritualmente emasculado. Ese mundo posheroico y postsapiencial, profundamente aburguesado, espiritualmente emasculado, con una manera inane de plantearse la existencia, sin dimensión de trascendencia, heroísmo y sabiduría, ese mundo es el maldito mundo boomer que, ya dije en otro vídeo, debe ser destruido.

00:04:31–00:05:44

Bien, pues el mundo boomer, el campo mental boomerizado, el pensamiento boomerizado, es el que no sabe cómo salir de esta, y es el que en realidad se siente más preocupado y angustiado, porque, efectivamente, emergen —emergen, sobre todo, en la juventud— corrientes de ideas y de pensamiento que ya no desarrollan el marco boomer y que, de algún modo, reivindican elementos de heroísmo y sabiduría, de arraigo y estirpe, que el mundo boomer quería haber dejado atrás. Bien, pues este tiempo de encrucijada no va a poder resolverse desde dicho pensamiento boomer, desde dicha actitud profundamente aburguesada y espiritualmente emasculada. El mundo posheroico y postsapiencial que surge en el Occidente contemporáneo tras la Segunda Guerra Mundial nos ha traído hasta aquí. Y, efectivamente, genera nostalgia, porque parece que hay como más luz y pureza mirando atrás, a las décadas anteriores, cuando se ve cómo era Barcelona, Londres o Madrid en los años 90 y cómo es a día de hoy. Pero ojo, esa nostalgia es un tanto impostada, porque ya ahí estaban las simientes, las semillas del escenario disfuncional al que hemos llegado. Y ahora, efectivamente, estamos en esa puerta giratoria y no sabemos por dónde nos va a sacar, pues el mundo del globalismo, la deconstrucción y la posmodernidad nos ha dejado con el culo al aire, a los pies de los caballos, y ahora, maldita sea, parece que no sabemos qué hacer.

00:05:44–00:07:19

En este sentido, hay algunos síntomas, o hay algunos fenómenos que funcionan como síntomas de esta encrucijada y de este fin de ciclo. Pensemos en el auge de Donald Trump, su política de aranceles, y, más allá del personaje concreto de Donald Trump, en la América que le vota y en lo que pretende, o hacia dónde mira esa América que le vota. Pensemos en la Rusia de Putin, pensemos en el auge de China, pensemos en la soberanía rusa y china frente a una Europa que es la Europa del invierno demográfico, la inmigración masiva y la antropología posmoderna de niños, niñas y niñes, ¿verdad? Y todo esto en escenarios que en Occidente son muy claros —en España es evidente— de precarización de la clase media y de acceso a la vivienda, imposible. Y en ese mismo escenario, el auge de la inteligencia artificial, que nos deslumbra y, a veces, incluso nos inquieta. Y, a todo esto, noticias tan abominables pero tan sintomáticas del famoso Epstein y sus archivos, que parece que no retratan el vacío primero, y después la abominación, que surgen de estar emasculados espiritualmente en una sociedad posheroica y postsapiencial.

00:07:20–00:08:41

Este es el escenario en el que todos estos fenómenos parece que abundan en esa idea de que hemos llegado a una encrucijada, estamos en un fin de ciclo: el pasado que vivimos no nos preparó para este presente, el presente no nos termina de decir hacia dónde vamos, y entonces sí, nostalgia, recelo, desconfianza, temor, pero también mirada casi mesiánica o esperanzadora de que surja algo que corte por lo sano y genere un escenario nuevo, más allá de ese ámbito posheroico, postsapiencial, aburguesado y emasculado espiritualmente del mundo boomer. Claro, esto también nos señala, nos apunta hacia la idea de estar encaminándonos a una suerte de orden posliberal, orden posliberal, en el sentido de que las vacas sagradas de la modernidad contemporánea van a ser puestas en solfa, se pueden poner en solfa: la democracia, los derechos humanos, la democracia liberal burguesa, la socialdemocracia progresista, el progresismo de la ideología de género y la posmodernidad deconstructiva. Todo eso puede ponerse en solfa. El horizonte boomer puede ponerse en solfa, se le puede mandar a la mierda, se le puede decir: «no tenéis razón». El boomer de izquierdas, el boomer de derechas, más el ámbito progresista, más el ámbito de la democracia liberal burguesa, ambos como dos caras de una misma moneda, son puestos en solfa. Y entonces sí, la idea de que en nombre de la democracia, los derechos humanos, el progreso, el globalismo y la tecnociencia… bueno, pues no, eso no; en nombre de todo eso no podemos propiciar la destrucción de nuestra sociedad, no podemos generar o propiciar la alienación de las personas en un mundo aparentemente carente de sentido. Ahora veremos por qué digo esa idea de carente de sentido.

00:08:43–00:10:40

Bien, a partir de aquí, la reacción que se está dando tiene mucho que ver, efectivamente, con dar una patada en el culo al boomerato y volver a levantar palabras, conceptos, que pareciera que querían dejarse atrás: la idea de Verdad con mayúsculas, de Soberanía con mayúsculas, de estirpe, de reconocimiento en una estirpe, en una tradición, en un linaje, en una patria, en el suelo de una patria; las ideas de arraigo, patria, estirpe, tradición, espíritu, que, como en círculos concéntricos, van de la región a la nación, de la nación al horizonte civilizatorio. Y entonces hay esa idea de autorreconocimiento en un pasado que hemos querido dejar atrás y que, por dejarlo atrás, nos ha traído a la disfuncionalidad de la modernidad contemporánea, donde el hecho de que estemos viviendo en invierno demográfico y en horizontes de inmigración masiva resulta especialmente sintomático de lo disfuncional de la modernidad boomer, del tiempo al que hemos arribado.

00:10:41–00:11:46

A partir de aquí, el mundo boomer, la modernidad contemporánea boomerizada en la que vivimos, es sentida como un mundo en el que el sentido de pertenencia se ha diluido, las verdades soberanas se han diluido, el desarraigo se ha hecho generalizado, y se plantea un mero horizonte de producción, consumo y vida cosmopolita como vida de provecho; el liberal progresismo, como un horizonte en el que, efectivamente, en nombre de la democracia, los derechos humanos, la globalización y el progreso, España se puede ir a la mierda, Occidente se puede ir a la mierda, la civilización occidental puede diluirse en esta modernidad boomerizada mientras se defiende la democracia y los derechos humanos. Bien, claro, el resultado es que se tiene la sensación de estar viviendo en una cáscara vacía, sin eticidad, sin eticidad —el orden liberal nos habría llevado a una cáscara vacía, sin eticidad, posheroica y postsapiencial—. Claro, frente a esto, los dioses fuertes: estirpe, patria, tradición, espíritu, el suelo de la patria, los antepasados, el reconocimiento en quiénes somos y, a partir de ahí, qué debemos hacer.

00:11:46–00:13:03

Claro, si esto que estoy tratando de trasladar —y espero estar explicándome, que no lo sé— es así, y hemos llegado a esta encrucijada, bien, daría la impresión de que surgen como tres opciones. Bien, tres opciones que veremos que pueden ser cuatro. La primera opción sería el conservadurismo boomer. ¿Qué es esto del conservadurismo boomer? Ya sea de izquierdas, ya sea de derechas, ya sea desde la democracia liberal, la socialdemocracia progresista, el progresismo posmoderno y deconstructivo, cualquiera de esas modulaciones del horizonte posheroico y postsapiencial que surge tras la Segunda Guerra Mundial y que, décadas después, nos ha traído hasta aquí. Bien, pues todo ese espectro, por diverso y amplio que sea, pero que tiene un mismo corazón, es el que se reivindica y dice: «Ojo, sigamos por el camino que hemos mantenido durante este tiempo. Mantengamos la línea de la que venimos. Reivindiquemos el horizonte hacia el que avanzamos a partir de lo que ya hemos vivido. No dejemos de ser boomers, de izquierdas o de derechas; reivindiquemos el conservadurismo boomer, y que no vuelvan los fachas». Que no vuelvan los fachas, que ese es el enemigo. Claro, porque el enemigo, efectivamente, eso que llaman fachas, son las raíces: estirpe, patria, tradición, espíritu; arraigo, continuación del pasado en el presente y del presente en el futuro, reconocimiento en un linaje, la idea, a partir de ahí, de un sentido del deber o cosmovisión heredada que debe seguir proyectándose hacia adelante.

00:13:03–00:14:40

Bien, esta idea de las raíces, que serían los fachas, los fascistas, ¿verdad?, son la némesis del globalismo y la posmodernidad. Son los únicos que, más allá de que les llamen fachas o fascistas, están en la realidad, ven las cosas como son, y no están en la distopía boomer, porque, en última instancia, esto que despectivamente llamamos boomerato es una distopía, es incapaz de ver la realidad tal cual es. Insisto, la inmigración masiva en horizontes de invierno demográfico: esa combinación abracadabrante que debería espantarnos; sin embargo, el mundo boomer la hace suya, no genera una reacción a la contra. Mientras que esta segunda opción, que yo he llamado, frente al boomer, la de las raíces, es la que dice: «No, no, no, no, el desastre que tenemos lo habéis provocado vosotros». Y de aquí no se sale aumentando, abundando o modulando el horizonte boomer, ya sea de izquierdas o de derechas; hay que irse justo a lo contrario, que es ese ámbito de estirpe, patria, tradición, espíritu, arraigo, suelo, reconocimiento, reconocimiento de quiénes somos y de lo que somos. «No somos democracia, derechos humanos, progreso, globalismo y posmodernidad; somos españoles y europeos, coño». Entonces, la idea de las raíces. Ahora, si esta es la segunda opción, que funciona como némesis del boomer y que se lleva la etiqueta de facha, de fascista —y que, como siempre digo, hay que decir—: «Te quedas corto, macho, llámame lo que quieras, pero diciendo eso te quedas corto, porque creo que no eres consciente de hasta qué punto estoy haciendo una impugnación a la totalidad de la modernidad contemporánea».

00:14:40–00:16:16

Bien, pues estas son dos opciones, y hay una tercera, vamos a decir la de la tecnofilia, que son aquellos que se quitan de pensamientos filosóficos, políticos, y que simplemente ven en la cada vez más evidente eficiencia de la tecnología y de la IA la posibilidad de un mundo futuro dirigido por la propia tecnología, por la IA, por la inteligencia artificial, donde la eficiencia de la IA legitime su poder. Y el mundo quede entonces articulado y ordenado, no tanto por ideologías, debates, regreso a las raíces, la verdad frente a la ideología, la ideología como tergiversación de la verdad, sino que directamente dirán que manden esas máquinas más eficientes que nosotros. Esto puede parecer distópico, pero a poco que indaguéis en internet y veáis cómo se desarrolla el debate público en según qué foros, y con mucha profundidad, esta idea de una IA que cambia la civilización y acaba por darnos el marco de eficiencia socioeconómica y sociopolítica necesario no es ningún disparate, sino que está en el tablero.

00:16:16–00:17:27

Bien, pues nuestra opción, a partir de estos tres ámbitos —el boomer, las raíces y la tecnofilia, la esperanza en la tecnología—, creo que pasa por, en primer lugar, como dijimos en el vídeo anterior, destruir el pensamiento boomer. Destruye, destruye el pensamiento boomer: es un cáncer para saber quiénes somos, es un cáncer para reconocernos en nuestra historia, es un cáncer para afrontar los problemas de la inmigración masiva, el invierno demográfico, la precarización de la clase media, el desastre de la vivienda. Entonces, el pensamiento boomer, destruirlo con aquello que es su antagonista, su antagonista: el mundo de las raíces, el reconocimiento en quiénes somos, de dónde venimos y, a partir de ahí, qué debemos seguir siendo mirando hacia adelante: las raíces, estirpe, patria, tradición, espíritu. Ahora, si el mundo boomer debe ser destruido por las raíces, ese mundo del arraigo, del estirpe, la patria, la tradición y el espíritu debe encontrar la manera de converger con ese mundo de la IA.

00:17:27–00:18:35

Hay que hacer una suerte… la etiqueta ya se conoce desde hace tiempo, yo la traigo a colación en los términos que voy a explicar, no como la diseña, en cierta medida, Guillaume Faye. Voy a hablar del arqueofuturismo: la idea de volver a lo arcaico, ancestral y perenne, aquello que está en la fuente misma del ser de las cosas, del orden del ser, de la verdad de las cosas; arraigo en la verdad, en la verdad vertical, que no depende de si se vota o no se vota, de si estamos en la Edad Media o en el siglo XXI: aquello que es verdad siempre, aquello que es vertical, central y anagógico, arcaico y ancestral, la fuente, la fuente de la que emana el quiénes somos, esa idea de estirpe, patria, tradición y espíritu. Lo arcaico, ancestral y perenne, en convergencia con el uso subordinado y en vasallaje, a partir de dichas raíces, de la tecnología, de la IA y de ese nuevo mundo, horizonte civilizatorio al que vamos a llegar.

00:18:35–00:19:33

Esta fusión nuclear de una idea de lo eterno, grabado a fuego en el proceso histórico que nos antecede, que debe ser recuperado como una vertical que se actualiza en el tiempo presente, más allá del hiato que ha supuesto el mundo inane de los búmeres, esa idea de fusión nuclear, entonces, entre el pasado —y lo que tenga de arcaico y perenne— con un futuro que ya está aquí. Esa sería la idea arqueofuturista que podemos manejar respecto a la encrucijada en la que estamos, donde podamos volver a ver el mundo con la mirada de nuestros ancestros, en el ámbito de lo heroico y lo sapiencial, ¿verdad?, en esa sabiduría que nos desborda cuando revisitamos los diálogos de Platón, las Eneadas de Plotino, cuando buscamos las raíces mismas de lo que somos mucho antes de la Revolución Francesa, la Revolución Americana, la Revolución Rusa; todo lo que fuimos antes de la modernidad contemporánea, para encontrar en ello los elementos perennes que galvanizan de manera anagógica la personalidad, y entonces sí: estirpe, patria, tradición, arraigo, espíritu. Bien, pues la fusión nuclear de eso con el futuro que ya está aquí, que nos va a desbordar, que tiene que ver con esa inteligencia artificial, y que, desde dichas raíces de lo perenne y ancestral, bueno, pues está llamada a ser, entonces sí, tesis subordinada y vasalla de dicho regreso de las raíces. Y en todo este proceso, obviamente, el boomerato a la mierda.

00:19:34–00:21:03