Topology
- Authored by: gonzalo-rodriguez-garcia
Ficha
- Autor: Gonzalo Rodríguez García
- Formato: vídeo, canal La Forja y la Espada (YouTube)
- Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=B_nqijh3Sbc
- Duración: 41:28
- Transcripción: cotejada entre subtítulos de YouTube, MacWhisper (whisper large-v3) y Deepgram Nova-3 (diarizado); corregida a mano el 2026-08-10.
Estado
Ficha con transcripción íntegra, sin destilar todavía: existe para que el grafo pueda citarla cuando las notas de trabajo se apoyen en ella con peso.
Transcripción
¿Qué es el canal de la forja y la espada? Retomamos la forja y la espada. Retomamos la forja y la espada, que es el canal que tenemos complementario al aullido del lobo, y en el que tenemos la intención de grabar un vídeo al mes y no lo conseguimos. Entonces, retomamos el canal una vez más, con la intención de esta vez conseguirlo, ir grabando un vídeo al mes. Igual que colgamos un vídeo al mes en el aullido del lobo, un vídeo al mes en la forja y la espada. Y retomamos el canal, retomamos la forja y la espada, con la intención de hacer una suerte de sumatorio, de compendio, de los elementos axiales, troncales, fundamentales de nuestro planteamiento.
Planteamiento que siempre decimos no es nuestro: no tenemos ideas propias, no tenemos ideas caprichosas, personales o individuales. En todo caso, lo que hacemos es una traducción o actualización, a través nuestro, de los contenidos de la tradición, de la doctrina tradicional, de la tradición en su sentido integral, sapiencial, de la tradición en su sentido perenne, y de adaptación de la tradición para los tiempos que corren, de cuál sería el planteamiento de la doctrina tradicional para los tiempos por los que transitamos, por la medianoche del mundo, por el Kali Yuga.
Entonces, hemos grabado varios vídeos al respecto ya, los podéis encontrar en el canal de la forja y la espada: La vía de la acción, Cabalgar el tigre, El camino iniciático, Lo importante y lo necesario, El elogio a la nueva milicia, La cartografía del Kali Yuga, Arya Dharma frente a la modernidad y la decadencia, La vertical y el centro. Y ahora este, este vídeo que vamos a grabar, y que se llamará precisamente La forja de la espada y el aullido del lobo.
Bien, pues con este vídeo que se llama así queremos hacer un compendio, queremos sintetizar y sistematizar todo lo dicho hasta ahora. Y aún a riesgo de ser reiterativos, que sabemos que tendemos a ser reiterativos, aún a riesgo de ser reiterativos, tratar de dejar asentado aquí, en este vídeo, una suerte de puntal, hito o ángulo fundamental y principal desde el que abordar todas las cosas.
Entonces, planteado el argumento de este vídeo, comenzamos. Y lo primero que hay que saber es dónde estamos. ¿Dónde estamos ahora mismo? ¿Qué es el tiempo y qué es la época que estamos viviendo? Bien, pues estamos viviendo, como nos gusta decir, la era del paria, la civilización del nihilismo, la regresión, que dice la doctrina tradicional, al último tipo humano, al tipo humano de la carencia, al tipo humano del puro samsara, del puro devenir. Entre el plano del ser y el plano del devenir, desde el tipo humano integrado en el ser al tipo humano disuelto en el devenir. Ese es el tipo humano de nuestro tiempo: la era del chandala, la era del paria.
En una suerte de gradación descendente, hemos ido cayendo en el proceso histórico a una suerte de, por un lado, progreso económico técnico, y por otro lado, bancarrota espiritual, que nos conduce a este tipo humano, al último hombre que decía Nietzsche, ese que solo quiere ser feliz. Bien, pues esa es la época a la que hemos llegado: la civilización del samsara, sin eje, sin centro, la medianoche del mundo, el Kali Yuga, la inmersión total del hombre en el plano del devenir, la inmersión total del hombre en el plano del devenir, sin anclaje en la vertical y el centro del ser.
En este sentido, el horizonte en el que a día de hoy se despliega la civilización occidental, la modernidad, ese horizonte de progresismo, democratismo, globalismo, economicismo, multiculturalidad, poshumanidad. Bien: progresismo, globalismo, democratismo, economicismo, multiculturalidad, posmodernidad, poshumanidad, la era del paria. Ese es nuestro tiempo. Un tiempo en el que encontramos disparates como la antropología queer, que desmonta los anclajes en el orden del ser de qué cosa es el hombre y qué cosa es la mujer. Es la época del materialismo economicista, donde todo acaba siendo una derivada, donde todo acaba siendo una derivada de Adam Smith y/o Karl Marx, derivando en una suerte de nihilismo positivista y cientifista, de tal modo que se seca la existencia humana, se seca en el materialismo economicista, en el nihilismo positivista. Y al mismo tiempo se exacerba, se exacerba en una sociedad de la emotividad, de la afectación, de la validación de las emociones.
El tipo humano posmoderno valida sus emociones, aunque estas no correspondan a nada que tenga que ver con la verdad de las cosas o el orden del ser. Es así el horizonte de una suerte de autodeterminación de la subjetividad. Autodeterminación de la subjetividad que tiene que tener como parada necesaria, inevitable, el desastre de la salud mental. Nuestra época es la de la falta de paz y de sosiego interior, la de la persona completamente alienada por su psiquismo, el psiquismo que no cesa, que no conoce la calma, ni la quietud, ni el silencio.
Bien, todos estos elementos que estoy trayendo a colación están profundamente entrelazados entre sí en una suerte de carrera sin cejar, de un devenir o samsara desatado, sin centro ni vertical, en el que el psiquismo, la validación emocional, la afectación, el materialismo, el economicismo, el disparate de la antropología queer, todos estos elementos forman parte de ese universo del que he hablado: progresismo, globalismo, democratismo, economicismo, multiculturalismo, en definitiva, la poshumanidad.
Podríamos decir que es el reino del puro yo fenomenológico. En la tradición se dice: donde no hay ego hay dharma, y donde hay dharma hay acción recta. Bien, pues ahora estamos al revés. La civilización de la posmodernidad, la civilización de nuestro tiempo, es la civilización del ego, del puro yo fenomenológico. Frente a esa dimensión supraindividual que te decía, la verdad te hace libre, la subversión, usando una imagen cristiana, la subversión luciferina: la libertad te hará verdadero. El resultado, sin embargo, no es ninguna verdad: la libertad te hace verdadero, lo que te conduce es al hombre neurótico, al hombre del samsara, al tipo humano de la poshumanidad, al chandala, al paria.
Entonces, ¿dónde estamos? En la medianoche del mundo. ¿Dónde estamos? En el Kali Yuga. Hemos llegado a donde cabía esperar una vez se despliega la modernidad. Y lo explico: porque esta situación que tenemos no es fruto de ningún esquema ideológico relativo a la lucha de clases, la distribución de la riqueza, la democratización de la vida, como dicen algunos políticos. No, no, no. Tiene que ver con eso que en el mundo tradicional se llama la regresión antropológica, la regresión de las castas. Una regresión que está anunciada en la tradición y en la que se va descendiendo del tipo humano del ser al tipo humano del devenir. Como si hubiera gradación en el ámbito del ser, desde aquello que es unicidad y enteridad con el ser y aquello que es pura disolución en el devenir. Bien, pues ahí hemos llegado.
Es lo que a mí me gusta decir: la adaptación de las leyes de Manu para los tiempos que corren. Utilizar las leyes de Manu y su simbolismo para comprender los tiempos que corren. Recordemos: el brahmán, el kshatriya, el vaishya y el shudra. La autoridad espiritual, el plano del ser; la autoridad política y militar, el plano del hacer; el vaishya y el shudra, la logística del trabajo y la fuerza de trabajo, el plano del tener. Y finalmente, el que está fuera del sistema, el paria y el chandala, el que es pura carencia y pura apariencia. El tipo humano de la pura carencia y la pura apariencia es el tipo de la poshumanidad, el fruto maduro del despliegue de la modernidad, el tipo humano del Kali Yuga. Ahí es donde hemos llegado.
Entonces, subrayo que hemos llegado a la era del paria no por desviación del camino, sino por despliegue en todas sus posibilidades de la modernidad. En este sentido, aquí hay que subrayar o traer a colación un poco a detalle esta cuestión, porque lo que nos encontramos es que las distintas ideologías de la modernidad, los liberalismos, los socialismos, los nacionalismos —Adam Smith, Karl Marx, Fichte; La riqueza de las naciones, El capital y los Discursos a la nación alemana—, bien, las tres ideologías madre de la modernidad, liberalismo, socialismo, nacionalismo, compiten entre ellas desde el principio. En todas ellas hay un desanclaje de las verdades de la tradición: primando la libertad individual, primando la dimensión comunitaria, primando lo völkisch, el espíritu del pueblo, pero desanclándolo de todo lo demás, se producen exacerbaciones de elementos de la realidad que acaban por alienar el resto y descompensando el conjunto. Y esa descompensación o desorden es un rasgo característico de la modernidad. Y en esa competición entre todas, en la que habrá tenido primogenitura y finalmente primacía el liberalismo, estos no se desvían del camino cuando nos traen hasta aquí, sino que el despliegue propio de la civilización moderna acaba atrayéndonos a este mundo adhármico, samsárico, entre comillas, luciferino.
Frente a la dimensión supraindividual que te dice, la verdad te hace libre, la afirmación de la subjetividad y de la individualidad que te dice que la libertad te hará verdadero. Bien, en esa subversión que pasa de la verdad te hace libre a la libertad te hace verdadero, bueno, pues la destrucción en realidad de todo lo que puede ser una personalidad integrada, galvanizada, y a partir de ahí las puertas abiertas al desastre que tenemos a día de hoy. Cuando decía del hombre del nihilismo, el hombre de la modernidad, como el hombre de la neurosis, el hombre insomne, el hombre de la ansiedad, de la falta de salud mental.
Entonces, podríamos decir que frente a una situación como esta será fácil lamentarnos de lo que está ocurriendo. Pero aquí hay que destacar dos cosas. Por un lado, que hay algunos que no se lamentan. Hay toda una parte importante de la ciudadanía, de la civilización occidental, que está perfectamente integrada con este desorden. Están integrados en este punto de fuga al que avanza el progresismo, aún rompiendo todos los anclajes en la verdad y el orden del ser. Todo en esa primacía de la subjetividad, en esa primacía de la validación de las emociones, en esa primacía de la libertad te hace libre y no la verdad te hace libre. No sé si lo he dicho bien. Sí: en esa primacía de la libertad te hace verdadero, en lugar de la verdad te hace libre.
Bien, pues hay toda una parte importante de la ciudadanía en Occidente que está perfectamente integrada con esta locura. Yo siempre pongo la imagen de un triángulo, donde el vértice superior sería el de ese progresismo que avanza y tira del sistema hacia los horizontes del globalismo, la multiculturalidad, el economicismo, la posmodernidad. Y hay una serie de personas, que no son pocas, que hacen de ese punto de fuga, de esa cúspide del triángulo, el argumento de su vida. De hecho, consideran que todo el que no esté ahí es un facha, un reaccionario, etcétera, etcétera. Luego lo veremos.
Pero claro, igual que hay ese punto de fuga que no termina de avanzar, hay otros que se lamentan de lo que está ocurriendo, pero no terminan de asumir, no terminan de darse cuenta de que no se va a poder corregir la situación refinando el liberalismo, refinando el socialismo, refinando el nacionalismo: con las herramientas ideológicas de la modernidad no se puede corregir el devenir de los tiempos. El correr de los tiempos no se va a corregir implementando herramientas propias del mundo moderno. Ni el liberalismo, ni el socialismo, ni el nacionalismo va a servir para corregir el monstruo de la era del paria, en la que hay una parte importante de la ciudadanía que ya ha hecho suyo el argumento del chandala, del hombre de la carencia, del hombre del samsara, y hay otros que se lamentan y pretenden corregirlo con las mismas herramientas que nos han traído hasta aquí.
En este sentido, ese universo que yo he llamado de progresismo, globalismo, democratismo, economicismo, multiculturalismo, posmodernidad, bien, esto ya está desanclado y sin freno. El destino de esta energía posmoderna es llegar hasta el fondo del barril, es llegar a la civilización del hombre del devenir, del hombre del ego, de la locura y la alienación del hombre posmoderno, de la conciencia alienada por el psiquismo que no cesa y no conoce la paz ni la quietud.
Entonces, cada vez iremos viendo formas más grotescas de humanidad. Es decir, he mencionado antes la antropología queer; bien, esto es solo la punta del iceberg, la punta del iceberg de las formas cada vez más grotescas, distópicas, que no podemos ni siquiera llegar a imaginar, que se irán implementando. El ser humano se irá descondicionando, desanclando —lo correcto es decir desanclando— todo lo que es lucidez y conciencia respecto del orden del ser y la verdad de las cosas, e irá sumergiéndose cada vez más en todo lo que es el orden de la individualidad, la subjetividad, la validación de sus propias emociones, de su propio yo, de su propio ego, de su propio yo fenomenológico.
El destino de la utopía moderna es arribar así a la distopía de la poshumanidad. Y ahí vamos, y no parece que vaya a haber marcha atrás por ahora. Es decir, vamos al horizonte de la poshumanidad, vamos a esa distopía de la poshumanidad, fruto maduro de la utopía moderna, y eso va a llegar hasta el fondo del barril. Eso está desanclado y ya marcha solo. Y no se va a corregir ni con el liberalismo, ni con el socialismo, ni con los nacionalismos, no. Quien realmente lamente lo que está pasando, si no está integrado en el horizonte posmoderno, si no está integrado en el correr de los tiempos y sabe que avanzamos hacia la locura, que se haga cargo de que no corregimos el problema con más liberalismo, con más socialismo, con más nacionalismo. Hay que llevar el disgusto hasta el final, como digo siempre, y entonces sí cruzar al otro lado.
Cruzar al otro lado, a los ámbitos del mundo de la tradición, a los ámbitos de la raza del espíritu, del Arya Dharma, de la tradición eterna, auténtico antídoto, respuesta y contestación al disparate que nos asola. Lo que realmente es antibiótico, lo que realmente es antítesis, lo que está en las antípodas de ese punto de fuga, de ese vértice del triángulo que avanza hacia la locura, lo que está al otro lado es la cosmovisión tradicional. Y entendida aquí esa cosmovisión tradicional no en un sentido puramente histórico, horizontal, religioso, devocional, confesional, sino en un sentido perenne, absoluto, vertical, central, iniciático. Es aquí donde aparecerían esas imágenes, que ya son mías, de la raza del espíritu, la forja de la espada, el aullido del lobo y el retorno del rey.
Con esto de la raza del espíritu, la forja de la espada, el aullido del lobo, el retorno del rey, lo que queremos decir es que frente al despliegue del nihilismo moderno el anclaje se hace en la vertical y el centro, en esas imágenes que utiliza la tradición perenne de la vertical y el centro para referir el plano del ser frente al plano del devenir. La vertical y el centro como el plano del ser frente al plano del devenir. Y a partir de aquí, el sujeto unificado, centrado, enterizo, fruto de la integración y galvanización supraindividual de su personalidad. Es decir, a partir de aquí todo lo que es ese trabajo interior que la tradición invita al guerrero a hacer suyo: construirse como sujeto unificado, centrado, enterizo, lo diré una vez más, fruto de la integración y galvanización supraindividual de la personalidad. Frente al culto al ego, al yo fenomenológico de la modernidad, la dimensión supraindividual de la personalidad, y desde ahí la construcción del sujeto.
Aquí habría que decir que, efectivamente, la horizontal de la tradición está rota, la modernidad ha conseguido romper la cadena horizontal histórica, y el pasado puede estar lleno de ruinas inspiradoras, ruinas que nos invitan a recorrer ese camino iniciático de la tradición, pero estamos ya en la tierra baldía. Estamos en la medianoche del mundo, en las tierras baldías del Grial, estamos a la intemperie. Ahora, Dios no se aparta. La imagen de la vertical y el centro nos recuerda que Dios no se aparta, que nunca estamos desanclados de la vertical y el centro. Que, como se decía en la España del Siglo de Oro, hay gracia suficiente y eficiente, y más allá del pecado original y la caída, la gracia no se aparta. El camino sigue abierto al guerrero, a la raza del espíritu, al hombre que aspira a ser autarca, dueño y señor de sí, construirse en esa dimensión supraindividual de sí mismo.
Entonces, claro, la vertical, el centro, bien, digámoslo claro: este es el único derecho del hombre de la raza del espíritu, del hombre del areté. De hecho, es su único derecho y su deber primero. El hombre del areté no quiere derechos, quiere deberes, y su deber primero es la vertical, el centro. Y ese deber primero es al mismo tiempo su único derecho, el derecho que, además, es inalienable, insoslayable. Ninguna subversión plebeya, ninguna subversión moderna, ningún disparate de la necedad contemporánea puede soslayar o alienar ese derecho propio del aristoi, del Arya Dharma: la construcción de la persona en el plano del ser, en la vertical y el centro, el plano del ser frente al devenir, el yo frente al ego, la conciencia frente al psiquismo, el espíritu frente al mero soporte psicoemocional y psicofísico, la dimensión supraindividual, central y vertical de la personalidad, la conquista de uno mismo, el yo esencial frente al yo fenomenológico, el ego. Donde no hay ego hay dharma, donde hay dharma hay acción recta.
En este sentido, la cadena puede estar rota, podemos estar a la intemperie, podemos estar en la civilización del nihilismo, pero esta nada que nos rodea tiene un infinito potencial. En la medida en que parece que se rompen los anclajes históricos con el mundo de la tradición, se manifiestan los anclajes perennes con el mundo de la tradición, eso que hemos llamado la vertical y el centro, desde la cual puedes reconstruir, galvanizar e integrar la personalidad más allá de esa dimensión puramente samsárica. Puedes construir la personalidad desde el núcleo extrasamsárico de la realidad. Estamos hablando así de la forja de un tipo humano absolutamente antitético a la modernidad. Estamos planteando confrontar la modernidad y su locura desde la forja de un tipo humano que es antitético a esta: frente al hombre del samsara, el hombre del plano del ser, de la trascendencia inmanente del plano del ser en el devenir.
Y a partir de aquí, esas imágenes del retorno del rey: el retorno del rey empieza en nosotros mismos. Llegado el Kali Yuga, el avatara eres tú. Esta es una frase propia de la doctrina tradicional en el ámbito de la vía de la mano izquierda: llegado el Kali Yuga, el avatara eres tú. Y este es el argumento primero de nuestra vida, no hay otro argumento que no sea este; desde aquí, todo lo demás. El punto de partida es esa vertical y ese centro, ese plano del ser frente al plano del devenir, ese núcleo extrasamsárico de la realidad, desde el cual construir nuestra persona y nuestra realidad.
Claro, en realidad aquí la propuesta que se hace es, hasta cierto punto, ambiciosa. Se está hablando de un nuevo hombre que genera un nuevo tiempo, un tipo humano forjado a la intemperie del Kali Yuga, pero para encarnar precisamente lo que es la antítesis del Kali Yuga. Claro, hablar así, bueno, pues es fácil que, al hacer una impugnación a la modernidad, reclamar la tradición como antídoto y afirmar una tradición que encima es perenne, vertical, central, que está descondicionada de lo meramente histórico, que es suprahistórica, bueno, pues es fácil que digan: no, esto son cosas de fachas, de nazis gnósticos, de, bueno, de reaccionarios, lo que sea. Bueno, nosotros siempre decimos que todo eso está muy bien, nos parece muy bien que se nos diga facha, fascista, reaccionarios, no sé qué, regresión; todo está muy bien, pero no es suficiente, ¿vale? No es suficiente, se queda corto. Si te llaman facha, fascista o lo que sea por estos argumentos, se quedan cortos. Nosotros estamos en la más antigua reacción, como nos gusta decir, en las leyes de Manu: brahmanes, kshatriyas, vaishyas, shudras, y fuera del sistema, los parias. El hombre de la carencia, el hombre del samsara, es el que está fuera del propio sistema. Bien, pues actualizar las leyes de Manu dentro de nosotros mismos.
Y ahora, todo esto no es una mera comprensión teórica de la tradición, no es una mera exposición discursiva de la tradición. Esto, ante todo y por encima de todo, es una práctica; aquí no hay nada que discutir. En realidad, yo grabo este vídeo, pero no tengo la más mínima intención de discutir ni dialogar sobre ello. Bueno, puedo discutir, en todo caso, sobre si atino o no atino en mi manera de expresar los argumentos de la tradición, si estoy acertado en mis palabras y mis explicaciones, pero para todo lo demás no hay nada que discutir. Porque la tradición es ante todo una práctica, no una mera comprensión conceptual y teórica: es una práctica que te transforma por dentro.
Y así lo hemos planteado en nuestros vídeos al hablar de las disciplinas del Arya Dharma, de la vía de la acción, de cabalgar el tigre, del camino iniciático, de lo importante y lo necesario, de la nueva milicia. Aquí lo que nos gusta llamar las seis o siete disciplinas, de las que hemos hecho referencia en otros vídeos: la disciplina de la mente, de la acción pura, del discernimiento, de la devoción y la oración, del erotismo y la sexualidad, del propio cuerpo, de la palabra. Bien, pues todas estas disciplinas acaban conformando la forja de la espada y el aullido del lobo. Esto es, como decía el poeta, convertir el asco en acero y salir al mundo a buscar a tus iguales. Convertir el asco en acero es la forja de la espada; salir al mundo a buscar a tus iguales es el aullido del lobo.
A partir de aquí, y como no sé si a lo mejor me estoy explicando, y a lo mejor resulta todo un tanto abstracto si no se manejan los conceptos propios de la tradición, no sé si a lo mejor es complicarlo más, pero fijaos que he señalado aquí también una idea que creo que debo plantear. Y es que esta idea del nuevo hombre, el nuevo tiempo frente al Kali Yuga, cuando yo digo que es la más antigua reacción, lo digo de verdad. Fijémonos que este Arya Dharma, este Arya Dharma que hay que encarnar, no hace referencia a categorías morales, sino a categorías ontológicas. Se habla de la teosis y la conquista de sí, del autoconocimiento y la gnosis. Es, por tanto, no tanto una categoría moral como una dimensión ontológica a realizar, donde lo que tienes enfrente para superar, para dejar atrás, es una suerte de ignorancia espiritual, frente a la que se construye una sabiduría que es a su vez potencia y fuerza interior, y una potencia y fuerza interior que a su vez es sabiduría.
Entonces, nosotros no estamos planteando, desde la tradición en su sentido absoluto, una mera redención, sino una verdadera liberación, una conquista de sí, fruto de una ascesis, de una sadhana, de una disciplina para la esencia presente, para la trascendencia inmanente. Una sadhana, que nos gusta decir, una disciplina espiritual, que es el argumento de la libertad: no hay libertad sin sadhana. Quien pretenda ser libre sin pasar por el filtro previo, por la purga de la sadhana, de la disciplina espiritual, no tendrá ninguna libertad, será solo un ego validándose a sí mismo. De hecho, hasta tal punto es así que podríamos decir que encarnar esa liberación es la más alta de las sadhanas.
Y el mundo que vivimos, el mundo que nos rodea, este atardecer que ahora tengo enfrente mío, claro, para nosotros, desde la tradición, no va a ser ya una cosa puramente azarosa y mecánica, sino que es un símbolo sagrado, una transparencia del metacosmos atemporal, del cual todo lo que nos rodea es proyección, reflejo y continuidad, pudiendo hacerse así el regreso desde el reflejo al corazón, a la esencia, y a partir de ahí, esa esencia presente, esa trascendencia inmanente, ese plano vertical del ser en la horizontal del devenir.
Y a partir de aquí, claro, una vivencia también suprahistórica de nuestro tiempo. Estamos en el Kali Yuga, estamos en la medianoche del mundo, pero no lo vivimos desde una perspectiva puramente escatológica, de un progreso hacia adelante, al modo que subyace al progresismo, que tiene ese trasfondo escatológico, aspiran a una especie de paraíso en la tierra; no, esto no funciona así. Nosotros lo vamos a plantear desde una dimensión de la eternidad, desde el presente absoluto, desde una dimensión suprahistórica que convierte toda ocasión y todo tiempo en ocasión y tiempo propicio para esa vertical y para ese centro.
Claro, a partir de aquí es fácil que nos puedan preguntar: bueno, y con todo este argumentario de la raza del espíritu, del Arya Dharma, de la sadhana, de la disciplina espiritual, de la conquista de uno mismo, de ser la antítesis de la modernidad, ¿qué papel ocupa la política?, ¿qué papel ocupa la cultura? Mirad, lo decimos siempre: no nos interesa la política, nos interesa la religión, la religión para el Kali Yuga. La política no es nuestro sitio. Sin embargo, es verdad que pudieran surgir movimientos políticos que, más transversal o indirectamente, pudieran pretender contestar los tiempos que corren. Aunque sea de manera anónima, aunque sea de manera testimonial, ese sería el ámbito político en el que deberíamos estar: aquel que, aunque sea de manera muy indirecta y relativamente inconsciente, pretende hacer contestación al despliegue de este Kali Yuga, asumiendo, en cualquier caso, que la respuesta, la reacción profunda frente a esto, tiene que ser siempre religiosa, espiritual, y, en este sentido, basada en esa verticalidad, que es la más alta posibilidad religiosa del ser humano. Paradójicamente, llegado el Kali Yuga, se nos ofrece la posibilidad del más alto horizonte religioso y espiritual del humano: esa integración y galvanización en lo supraindividual, en aquello que nos dice la verdad te hace libre y no la libertad te hace verdadero.
Y, del mismo modo, en el ámbito de la cultura, desde nuestro ángulo, desde este Arya Dharma, no dejar de hacer cultura: libros, ensayo, literatura, cine, música, artes plásticas, deporte, entrenamiento. No hay nada del ámbito de la cultura que no podamos hacerlo desde el ángulo de ese Arya Dharma. E incluso aquello que ya existe y que no se ha hecho exactamente desde el Arya Dharma, pero que ha resonado con él, hacerlo nuestro. Crear así, desde nuestro ángulo, esa literatura, ensayo, cine, música, y hacer nuestro aquello que ya existe, que resonó —pues el Dharma no se aparta—, que resonó con nuestras coordenadas. Y por supuesto, desde aquí también despreciar y rechazar todo lo que no es sino pura basura posmoderna.
Y también saber estar aquí sin pertenecer a este tiempo, orgullosamente solos en la medianoche del mundo. Es fácil sentirse solo en la medianoche del mundo; bueno, hay que llevar a gala esa soledad, porque en realidad no estamos solos: Dios no se aparta, esa vertical y ese centro están siempre con nosotros, es nuestro derecho único y nuestro deber primero, es la sustancia misma que nos constituye. No estamos solos jamás. A pesar de la soledad de la medianoche del mundo, el Dharma no se aparta, Dios no se aparta, el hacer camino siempre es posible. Y desde ahí, entonces, trabajar con orgullo y alegría, sabiendo que no pertenecemos a este mundo aunque estemos transitando por él. Y transitamos por él precisamente para preparar, anunciar y forjar el retorno del rey, lo que será la contestación; ser simiente de aquello que será contestación, respuesta y, finalmente, finiquitación del horizonte de la poshumanidad que ahora nos asola. Es tiempo así de saber ser semilla, ciudadela y forja. Semilla, ciudadela y forja.
Y por supuesto, desde aquí, estar abiertos al encuentro, a encontrar a nuestros iguales, y hacer manada en una suerte de hermandad supranacional, supraideológica y suprarreligiosa, más allá del totemismo de la nación, la religión y la ideología; trascendido dicho tótem, encontrar casi esa dimensión imperial de orden, orden supranacional, suprarreligioso, supraideológico, donde realmente nos encontramos los que estamos en el disgusto, los que decimos: esto que nos rodea es basura, y lo sé, y no me equivoco, y voy a llevarlo hasta el final, para cruzar al otro lado, para encontrarnos al otro lado con nuestros iguales. Lo he dicho antes: convertir el asco en acero, salir al mundo a buscar a tus iguales, la forja de la espada, el aullido del lobo.
Y hay más. A partir de aquí, lo hemos dicho en otros vídeos: vivir frente a este mundo moderno con esa vocación de un núcleo extrasamsárico. Frente al hombre del samsara, el hombre asentado en el núcleo extrasamsárico de la personalidad. Vivir así, con una voluntad y vocación total hacia lo incondicionado. Ese núcleo extrasamsárico es lo incondicionado, aquello que está más allá de la vida y de la muerte, del cambio y el movimiento; de aquello que es por sí mismo, y no es puro devenir, carencia, inquietud y fuga. Vivir con una vocación y voluntad total hacia lo incondicionado, hacia el centro autoluminoso, que es lucidez, conciencia, quietud, silencio, calma profunda y acción pura. Saber convertirnos, más allá de nuestro yo fenomenológico, biográfico, de nuestra filia y fobia, más allá del mero ego diminuto, saber ser lucidez, conciencia, quietud, silencio, calma profunda y acción pura. Esa dimensión extrasamsárica de la personalidad, hacerla central; someternos a las disciplinas del Arya Dharma para hacer central esa dimensión extrasamsárica, para trabajar esa vertical y centro ontológico, más allá de lo moral, lo ontológico, romper cualquier cadena de ignorancia espiritual hacia ese horizonte de verdadera liberación y conquista de sí.
Frente al hombre de la carencia, frente al hombre del samsara, frente al hombre de la inquietud, al hombre insomne, neurótico y ansioso de la modernidad, el hombre de la tradición. El hombre de la tradición que está instalado en esa centralidad, en esa dimensión unificada, enteriza de sí. El hombre del Arya Dharma, que es nuestro fin primordial. Cuando hemos hablado del deber primero, cuando hemos hablado del derecho único, es el hombre del Arya Dharma, y eso no nos lo pueden quitar. Ninguna subversión plebeya, ninguna era del paria, ninguna civilización del chandala puede al hombre y la mujer de la raza del espíritu sustraerle el derecho y deber primero de recorrer el camino del Arya Dharma. Y solo con saber eso es bastante, bastante suficiente como para confrontar sin miedo, sin temor y con alegría los tiempos oscuros, desnortados, del Kali Yuga, de la tierra baldía, de la medianoche del mundo.
Nuestro horizonte es de conquista interior total, de liberación total, de forjar en nosotros un ánimo interior e íntimo, invulnerable e indestructible, asentarnos en la dimensión de la invulnerabilidad, de la indestructibilidad de nuestro ser íntimo. Frente a la experiencia del desengaño, que es la experiencia radical de la contingencia en el samsara, en el plano del devenir, no habrá desesperación ni nos esconderemos: ni te escondes ni desesperas, sino que haces tuyo ese propio mundo contingente y samsárico y lo conviertes en soporte y oportunidad de liberación, de verticalidad, de centralidad, de conquista de sí, de acceso al centro autoluminoso, que hemos dicho es lucidez, conciencia, calma profunda y acción pura.
Entonces, este núcleo extrasamsárico, esta dimensión extrasamsárica de la realidad, que es hacia donde apuntamos, avanzamos, que es esa categoría ontológica que trabajamos, es el argumento más contrario, radicalmente contrario, a la modernidad. No hay nada que se pueda decir respecto de la modernidad más contrario a ella que esta dimensión extrasamsárica y las disciplinas que conducen a encarnarla, a hacerla nuestra. Y entonces, aquí sí, ese nuevo hombre que trae un nuevo tiempo, que es la forja de la espada, el aullido del lobo, el retorno del rey.
Vivimos un tiempo final y un tiempo seminal. El mundo moderno avanza hacia su abismo, que es un abismo que se hace más negro y más profundo conforme alcanza su hondura. Es una oscuridad que se hace más negra conforme te adentras en ella. Por tanto, el camino que le queda por recorrer es largo, y será grotesco lo que iremos viendo. Pero igual que hay un tiempo final que ahonda en el abismo, hay un tiempo seminal que nosotros mismos estamos encarnando, preparando, anunciando. Toca ser semilla, anuncio y vanguardia, toca ser antesala de aquello que está por llegar. En esa vocación por la dimensión supraindividual, inmutable, central, indestructible, pura luz y calor de nuestro ser, en esa vocación estamos rompiendo con lo que sería ese horizonte de negrura y oscuridad hacia el que avanza la posmodernidad, y estamos siendo semilla de su antítesis, estamos siendo semilla del hombre de la raza del espíritu, del regreso del aristoi, del regreso actualizado de las leyes de Manu, del brahmán y del kshatriya. Ese sería el argumento al cual se consagraría nuestra acción, nuestro implementar el Arya Dharma en el mundo y en nosotros mismos.
Fijaos: a finales del siglo XIX, principios del siglo XX, personalidades rebeldes frente a la modernidad decían eso de soy griego, somos griegos; para contestar a la modernidad decían: soy griego, somos griegos. Qué pocos se atrevieron a llevar hasta el final ese argumento o no se dieron cuenta de cuál era la raíz última de esa frase: de ir a la República de Platón; de ir a la liberación, que es conocimiento, en la caverna, más allá de la caverna; de ir a la filosofía del ser de Parménides y la filosofía del devenir de Heráclito; de ir al paganismo primero de la Grecia arcaica que tenemos en Homero, y que es línea de continuidad con el Sanatana Dharma del mundo ario de Oriente. Soy griego, somos griegos: ojalá esa frase se pudiera llevar hasta el final, hasta su raíz última. Ahí sí encontraríamos que todo esto que vengo planteando no son meras palabras, sino que es una actualización en nosotros de nuestra propia esencia, de nuestro ser más íntimo y profundo, de una suerte de semilla inmortal siempre presente, contraria a todo lo que es el hombre del mero devenir. No hay nada más antitético a la modernidad que dicha semilla, que dicha simiente.
Oscurece ya y anochece mientras grabo el vídeo. Forjar el tipo humano antitético a la posmodernidad. Da igual cómo sea en el futuro la respuesta que demos a los tiempos que corren; no podemos decretar, con lo que sabemos ahora, cómo será esa respuesta. Pero sí podemos despertar en nosotros lo que despertó en el pasado a la raza del espíritu. Podemos despertar en nosotros lo mismo que despertó en esa Grecia arcaica, en esa Grecia de Platón y Homero, de Heráclito y Parménides, en esa India ancestral del Bhagavad Gita, de los Yoga Sutras de Patanjali, de las Upanishads. Despertar en nosotros lo mismo que despertó en su momento en la raza del espíritu. Eso sí podemos hacerlo. No podemos decretar el sistema político económico que vence y dobla el brazo a la modernidad, pero sí podemos despertar aquello que despertó a la raza del espíritu y que, por su mera presencia en el mundo, ya es antítesis, antibiótico, es respuesta inapelable y absoluta a los tiempos que corren. La forja de la espada y el retorno del rey. Ser ese hombre que es antitético a la actualidad, al hombre del devenir, al hombre del nihilismo.
Bien, pues en eso estamos, en eso está este canal. Espero haberme explicado, a pesar de quizás lo profuso de argumentos y palabras. El tiempo de la raza del espíritu, la forja de la espada, el aullido del lobo y el retorno del rey. Ese es nuestro tiempo. Y si estas palabras te resuenan, como me gusta decir, este canal es para ti. Y si no te resuenan, si todo esto es palabrería, aquí no pintas nada. Absolutamente nada. No tienes por qué volver nunca más a entrar aquí. Gracias por ver el vídeo.