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Ficha

Estado

Ficha con transcripción íntegra, sin destilar todavía: existe para que el grafo pueda citarla cuando las notas de trabajo se apoyen en ella con peso.

Transcripción

Destruye, destruye, destruye el pensamiento boomer y la anti-España. Esa debe ser la consigna de la juventud rebelde que está por llegar. Destruye, destruye el pensamiento boomer. Destruye la anti-España. Mirad, de Otegi a Rufián, pasando por supuesto por Podemos y sus áreas de influencia, y en gran medida pasando por los pactos políticos y los intercambios políticos que ha hecho el sanchismo con la anti-España nacional-separatista, daría la impresión de que está en marcha en nuestro país desde hace tiempo un frente antiespañol. Un frente antiespañol que además, en el caso del propio Rufián, ha sido más o menos formulado políticamente, con la intención de que se junten distintos partidos de la anti-España nacional-separatista y de la izquierda podemita para participar en las futuras elecciones, entendemos, del 27. Vamos a ver, no es nuevo, no es nuevo y viene de lejos esta idea de un frente antiespañol. De hecho, ya está prefigurado ideológicamente en tiempos de ZP.

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Hace ya 20, 25 años, con ZP se genera un marco común ideológico de cultivo de los horizontes, de los proyectos de esa anti-España, de esa izquierda antinacional que dice ser plurinacional o de los antiespañoles propiamente dichos, de Esquerra, de Otegi y compañía. Y desde entonces, en los últimos 20, 25 años, no se ha dejado de lesionar, desde dicho espectro político, el horizonte de la nación común española. No se ha dejado de poner en solfa el horizonte de la nación común española. ¿Y qué ocurre? Que en el momento en que ha surgido paulatinamente una reacción frente a la evidente amenaza que es esta anti-España, bueno pues se ha decidido hablar de radicalismo de derechas, de extrema derecha. Bueno, maldita sea, lo que ha habido en España durante 20 años ha sido radicalismo nacional-separatista, radicalismo de la izquierda antinacional. Eso sí que lo hemos sufrido en los últimos 25 años.

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Lo que hay a día de hoy, si de verdad es así, es una sana respuesta de una parte importante de la ciudadanía española que dice que ya no aguanta más y que, en cualquier caso, el proyecto de los nacional-separatistas y de la izquierda antinacional que les sirve de pagafantas, en cualquier caso destruye la nación. Propicia la desvertebración, desmembración, centrifugación de la nación española. Vamos, que la propuesta de Otegi y Rufián, de Podemos y de sus áreas de influencia y círculos concéntricos pasa necesariamente por destruir la nación española. Y ojo, toda esta anti-España, en su propia narrativa y autojustificación, ahora con Rufián y compañía y antes con ZP, siempre tiene en la guerra civil y en el franquismo su comodín de autojustificación y solvencia ideológica. Siempre vuelven a la turra de la guerra civil y el franquismo para justificar lo que en sí mismo es un mal, la destrucción del horizonte común de la nación española. Y claro, esto no es poca cosa, porque si nos vamos efectivamente a los tiempos en los que se propició la guerra civil, nos encontramos con los mismos andamiajes y claves ideológicas de la anti-España del siglo XXI.

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Son los mismos marcos ideológicos el cáncer de la antinación, el cáncer del reniego y destrucción del horizonte común de la nación española de antes y ahora, de tiempos de la guerra civil y del siglo XXI. Entonces, claro, lo que aquí se debe invitar es a hacer un ejercicio de reflexión para darnos cuenta de que da igual si te llamen facha, fascista o lo que haga falta. Es que es legítimo oponerse a la destrucción de la nación española. Es legítimo oponerse a, con la excusa del antifascismo, la plurinacionalidad y la ordinalidad, generar asimetría, desigualdad territorial y finalmente fragmentación. Todo ello pasado por la turbina de la distorsión histórica y antropológica de la relación de Cataluña con el resto de España, de la relación de Vascongadas con el resto de España. Como digo muchas veces, la distorsión llega a ser tan disparatada como para ver a día de hoy que la bandera del País Vasco resulta que es la ikurriña, una bandera inventada por una persona que deliraba en sus textos, que se llama Sabino Arana. La bandera histórica de los vascos, hay que decirlo las veces que haga falta, son los lobos negros de Vizcaya. No hay nada más vasco que esa insignia.

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Y no la ikurriña, que no tiene ni 200 años. Entonces, oponerse a la destrucción de la nación española es evidente que debe hacerse como una cosa de bonhomía personal, de ciudadanía personal, de una ciudadanía consciente de que lo que tiene enfrente es una enfermedad y un cáncer. Y no habría nada más tonto ni más alienado, ideológicamente, que la anti-España antifa, que, en nombre del antifa, la plurinacionalidad y la llamada ordinalidad que ha salido a día de hoy con la simetría territorial en el ámbito fiscal, con todas esas banderas, pretender que estás haciendo progreso, perdona, solo estás progresando a la debilidad del común, a la debilidad de lo que nos une y nos hace fuertes en lo común, en las raíces compartidas y en la proyección a futuro a partir de dichas raíces compartidas. Entonces, no hay dos Españas. No hay dos Españas. Hay una España diversa, heterogénea, riquísima en sus matices, una España atlántica, mediterránea, mesetaria y esteparia, leonesa, vasca, andaluza, manchega o catalana.

00:05:26–00:06:42

Hay una España más de izquierdas o más de derechas, con una sensibilidad más en torno a la cuestión social o más en torno a la libertad de empresa o libertad individual de emprendimiento. Hay una única España, con todos esos matices, con toda esa heterogeneidad que debe saber convivir y organizarse. Y luego hay una enfermedad, un cáncer, que es la anti-España, que nos niega, que nos niega el común y que en última instancia, si consigue sus objetivos, nos destruye. Ahora, esta anti-España, si crece, resiste, si vuelve, si llevamos más de un siglo padeciéndola, fruto de las distorsiones de las ideologías de la modernidad contemporánea, si vuelve otra vez a la carga el frente antiespañol de Otegi y Rufián. Esa cosa es gracias al desarraigo y la inanidad de la España boomer. Sin la España boomer es imposible el cáncer de la anti-España. El cáncer de la anti-España crece al calor del desarraigo y la inanidad de la España boomer. En este sentido, tanto la España inane como la anti-España, tanto la España boomerizada del desarraigo y el complejo y la anti-España que va al otro lado de la misma moneda, las dos, hacen parte del problema cancerígeno de la enfermedad autoinmune que sufrimos.

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Y en este sentido las dos deben ser superadas, derrotadas, trascendidas, dejadas atrás. Ya sea la España boomer, ya sea la anti-España, las dos son las caras de una misma moneda. Y es la España boomerizada, desarraigada e inane la que permite la recurrente acción, regreso y distorsión de la vida política de la anti-España propiamente dicha. En ese sentido, a esa juventud rebelde que está por llegar y que debe dar eso que llaman el pendulazo, ahora hablaremos de él, a esa juventud rebelde que está por llegar y que debe dar el pendulazo, tiene que meterse en la cabeza que debe ser destruida y superada tanto la anti-España cancerígena que nos fragmenta e impide a los vascos ser españoles en Toledo y a los toledanos visitar el País Vasco como parte de su patria. Bien, no solo debe ser destruida la anti-España, sino que debe ser destruida también la España inane. Y esto se debe hacer con un renovado orgullo de estirpe y arraigo español. Renovado orgullo de estirpe y arraigo español y ambición de futuro, de regeneración nacional y proyección desde dicha regeneración en el ámbito universal.

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Estirpe y arraigo español, orgullo de estirpe y arraigo español, y ambición de futuro y de regeneración y proyección universal. Y esto solo es posible si previamente destruimos. Destruimos el pensamiento boomer, destruimos el pensamiento antiespañol, destruimos el marco ideológico, el marco mental y conceptual de la anti-España y de la España inane boomerizada. En este sentido, la España del 78 no nos sirve. La España del 78 ya está agotada, pues su fruto maduro son estas dos caras de la moneda que se retroalimentan entre sí. El cáncer, la enfermedad autoinmune de la anti-España propiamente dicha, y el desarraigo boomer, la España boomerizada, que es incapaz de tener un horizonte de nación común española a la contra de la anti-España y con vocación de proyección universal. La España inane y la anti-España, el bumerato y la endofobia antiespañola de los ultranacionalistas vascos, los ultranacionalistas catalanes y de toda laya, todos ellos a su vez acompañados de ese fenómeno de verdad enfermizo de la izquierda antinacional.

00:09:34–00:10:57

Una España antinacional que se sigue reivindicando a través de la guerra civil y la matraca del franquismo, cuando aquí la cuestión no es hablar tanto del franquismo y la guerra civil como de la legitimidad o no de destruir la nación española. Y esa legitimidad no asiste en ningún caso, ni en los años 30 del pasado siglo XX ni a principios del siglo XXI. No hay legitimidad ni histórica, ni política, ni socioeconómica, ni antropológica para reivindicar la destrucción de la nación española, ni desde la izquierda antinacional ni desde la anti-España propiamente dicha. Y la inanidad, el desarraigo y el complejo de la España boomer permite el avance de la anti-España. Así que las dos, la España inane y la anti-España, el bumerato y la endofobia antiespañola deben ser destruidas. La consigna rebelde para la juventud que está por llegar es clara: destruye, destruye, destruye el pensamiento boomer y la anti-España, destruye, destruye, destruye el pensamiento boomer y la anti-España cancerígena que nos destruye desde dentro, que nos corroe desde dentro. Si no queremos morir en el alma, tendremos que destruir esa enfermedad. Tendremos que destruir ese marco mental e ideológico.

00:10:58–00:12:22

Pensamiento boomer, pensamiento antiespañol. Destruye, destruye, destruye el pensamiento boomer. Destruye, destruye el pensamiento antiespañol. O llevamos a cabo esa labor de demolición o no sobreviviremos a los próximos 20, 15 años, 30 a lo sumo. Es decir, es algo que va a pasar ya. Y a eso que va a pasar ya está llamada la juventud: los que tienen ahora entre 10, 15, 20 años a lo sumo. Ellos son los que tienen que venir y dar el pendulazo y, con la bandera del «destruye, destruye el pensamiento boomer; destruye, destruye el pensamiento antiespañol», generar un nuevo escenario de orgullo de estirpe y arraigo nacional, de ambición de futuro y proyección en lo universal. Y si te llaman franquista, facha, fascista, les tienes que contestar: «Mira, todo eso que me llamas bien está, pero te quedas corto, te quedas corto. Mi impugnación es total porque voy a la raíz misma del problema». Y es que no hay legitimidad, ni histórica, ni antropológica, ni política, ni económica; no hay legitimidad para destruir la nación española o ponerse de perfil, como hace el bumerato. No hay legitimidad.

00:12:22–00:13:36

Y, por tanto, el mal no tiene derechos, el desorden no tiene derechos, el error, el engaño, la mentira, la ofuscación, no tienen derechos. En nombre de la democracia y el progreso y los derechos humanos no te puedes cargar la nación española cuando no hay esa legitimidad. Y por tanto hay que ir a la raíz del problema y decir las veces que haga falta: «No, no tenéis razón». Y darles donde más les duele, una juventud rebelde de izquierdas y de derechas, con sensibilidad por la justicia social o por el emprendimiento individual. Da igual: una juventud de izquierdas o de derechas que grite: «¡Arriba España, una, grande y libre!». Lo que más odian, lo que más les enerva, lo que más les jode a la España inane y a la anti-España: una juventud de izquierdas y de derechas, con sensibilidad social o por el emprendimiento individual, que se galvanice, que se junta y diga: «En esto no se discute». ¿En qué no se discute? «¡Arriba España, una, grande y libre!». Te jodes. Arriba España, claro que sí, que la quiero. Abajo. Una, claro, diversa en la unidad. Unidad en la diversidad, pero unida porque la unidad hace la fuerza.

00:13:36–00:14:50

Y grande, con grandeza espiritual, intelectual, política, económica, con proyección universal. Y libre, con soberanía nacional, sin quedar supeditada a las alienaciones del globalismo. Entonces sí: destruye, destruye, destruye el pensamiento boomer. Destruye, destruye, destruye la anti-España. De izquierdas y de derechas. Una juventud rebelde que dice: «Mira, no es que vayamos a dar el pendulazo. No, es que vamos a romper el tablero». Porque de izquierdas y de derechas vamos a gritar: «¡Arriba España, una, grande y libre!». Y os jodéis. El boomerato y la anti-España.

00:14:51–00:15:25

DUDAS RAZONABLES

  • 06:00 — «simetría territorial» (coinciden Whisper y Deepgram). Se mantiene la lectura común, aunque el contexto sobre desigualdad fiscal también admitiría «asimetría territorial» y no hay subtítulos originales con los que resolver la primera vocal.
  • 07:33 — «Esa costa» (coinciden Whisper y Deepgram). Se ha corregido como «Esa cosa» porque «costa» no encaja en la frase, pero también podría haberse pronunciado «Eso»; los dos reconocedores parecen haber segmentado mal este breve enlace.
  • 08:42 — «En ese sentido» (Whisper) frente a «En este sentido» (Deepgram). Se conserva «ese» porque es la lectura de Whisper, pero ambos demostrativos encajan y no puede inferirse cuál se pronunció exactamente.
  • 14:43 — «que la quiero. Abajo. Una, claro» (coinciden Whisper y Deepgram). Se conserva literalmente porque la puntuación o el posible enlace de «abajo» con las palabras contiguas no puede reconstruirse con seguridad a partir de los dos textos.