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Ficha

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Ficha con transcripción íntegra, sin destilar todavía: existe para que el grafo pueda citarla cuando las notas de trabajo se apoyen en ella con peso.

Transcripción

La vía de la acción, cabalgar el tigre, y el tercer vídeo, el camino iniciático.

00:00:02–00:00:09

Fijaos bien, la vía de la acción nos llevó a cabalgar el tigre. El camino recto nos llevó a plantearnos cómo, desde la tradición sapiencial, se te invita a confrontarte con el mundo, con la vida, a través de esa imagen tan idea-fuerza, esa imagen tan poderosa, de cabalgar el tigre. Bien, pues la consecuencia de la vía de la acción y de cabalgar el tigre es el camino iniciático, esto es, tomarte tu propia vida como un camino de formación y forja espiritual. La vía de la acción, cabalgar el tigre, y entonces sí, tu propia vida como un camino iniciático, como un camino de forja y formación espiritual. Ahora, el concepto camino iniciático, por desgracia, a día de hoy está bastante adulterado por culpa de un esoterismo muy degradado, por culpa del ocultismo de la nueva era. Nosotros, en todo caso, vamos a usar el, el concepto camino iniciático en el sentido sapiencial. Con esto lo que queremos decir es que en la tradición sapiencial se establece que la aspiración más honda, que el anhelo más profundo del ser humano, es la plenitud espiritual, entendida esta como el poderío y gobierno sobre uno mismo, como el vivir descondicionado de todo el psiquismo alienante que todos tenemos, descondicionado de nuestras neuras, de nuestros miedos, de nuestras inseguridades, vulnerabilidades, también de nuestro egocentrismo, de nuestra egolatría, de nuestra bajeza, de nuestra vileza, de nuestro cálculo interesado. Es decir, el camino iniciático plantea que la existencia es una formación y forja en pos de la plenitud espiritual, para trascender y superar todas nuestras sombras y todas nuestras oscuridades, para espantar nuestros fantasmas y aplastar nuestros demonios, para convertirnos en lo que en la tradición sapiencial se llama el autarca, esto es, el señor de sí, aquel que gobierna y rige su alma, aquel que puede decir, como el poeta: «Soy capitán de mi alma, soy dueño de mi destino, mi ser interior es inconquistable». Por tanto, la vía de la acción que nos lleva a cabalgar el tigre, y la consecuencia de adherirnos a la vía de la acción y de afrontar la existencia desde la imagen, desde el paradigma de cabalgar el tigre, nos conduce entonces necesariamente a esa idea propia de la tradición sapiencial que es el camino iniciático, la propia vida como un camino de forja y formación espiritual para la plenitud, para el señorío y gobierno de ti mismo, para la capitanía interior. Ahora, este camino iniciático no viene dado, no se llega a él sin más, sino que debe ser recorrido, requiere de un esfuerzo, de una dedicación, de un convencimiento.

00:00:10–00:03:29

Bueno, pues vamos a señalar cuáles serían las características, a mi humilde entender, esenciales del camino iniciático. Lo primero de todo es que el camino iniciático nos descubre una antropología espiritual, esto es, el ser humano no es un ente, no es una mera sustancia, es una potencia, es algo que está llegado, llamado a ser. No es un ente, no es una mera criatura, sino que es una potencia, algo que tiene que llegar a ser otra cosa. Simbólicamente se usa la imagen de que el hombre, el ser humano, es una cuerda, una vía, entre la bestia y el autarca, entre la alienación y la plenitud y la libertad, entre aquel ser que es solo fruto de un proceso biológico y aquel que es fruto de un proceso espiritual. En este sentido, esta antropología espiritual es axial, vertebral, en la tradición sapiencial. El ser humano no es un mero animal, no es una criatura que nace hecha y sobre la que después solo se desarrolla un proceso biológico natural, sino que, aparte de nacer al plano puramente material y biológico, el ser humano tiene que tener después un nacimiento espiritual y un proceso espiritual, cuya consecución es precisamente esa autarquía, ese señorío de sí, ese poder decir: «Soy capitán de mi alma, soy dueño de mi destino, mi ser interior es inconquistable». Por tanto, el rasgo fundamental y primero que tenemos en el camino iniciático es esa antropología espiritual, completamente diferente de todas las antropologías modernas, que siempre tienen un trasfondo materialista. Aquí no ocurre así. El ser humano es una cuerda, una vía; se podría decir que es una realidad a medio hacer. El ser humano está a medio hacer, nace a medio camino, entre la bestia, el animal, sobre el cual simplemente se va a desarrollar un proceso biológico natural, y aquello que está más allá del hombre y más allá de la bestia, que es la imagen que se usa a veces simbólicamente en la tradición sapiencial: es el rex, el rey, el señor de sí, el autarca, el hombre liberado, el hombre de poder y libertad, que tiene poder y libertad sobre sí mismo, más allá de sus sombras, más allá de sus oscuridades, capaz de espantar sus fantasmas y aplastar sus demonios.

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Ahora, esta antropología espiritual tiene un contenido más, y es que no la, no la puede recorrer cualquiera. El primer rasgo fundamental de aquel que emprende el camino iniciático es que tiene que ser capaz de diferenciar, tiene que ser capaz de diferenciar lo importante de lo necesario. Respirar es necesario, imprescindible, pero no hemos venido al mundo a respirar. Diferenciar entre lo importante y lo necesario es diferenciar entre el ser y el tener. Aquel que confunda lo importante con lo necesario se quedará en una existencia puramente natural. Aquel que, reconociendo lo necesario, confunda después lo importante con alguna ideología, con algún capricho ideológico moderno, a día de hoy ocurre con mucha frecuencia, tampoco lo conseguirá, malogrará el camino iniciático. Diferenciar lo importante y lo necesario es saber que lo necesario es precisamente eso: necesitas respirar, beber, necesitas, al fin y al cabo, un soporte material para tu espíritu. Pero el argumento de la vida es esa conquista interior. Entonces, diferenciar lo importante de lo necesario, de tal modo que, fijaos bien, aquello que vayas a trabajar en el ámbito de lo necesario, en el ámbito del tener, no es sino proyección del trabajo previo que has hecho sobre ti mismo, en el ámbito de lo importante, en el ámbito del ser.

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Hecha esta distinción, como es un camino, como es una vía, necesitas de un maestro, necesitas de que alguien te oriente, alguien que ha pasado por allí te diga cómo se avanza por ese camino. El maestro fundamental es la tradición, la tradición sapiencial. Para recorrer el camino iniciático no vas a encontrar las respuestas en el mundo moderno. No lo vas a encontrar en Descartes, en Hume, en Locke. No vas a encontrar las respuestas en Hegel, en Schopenhauer, en Nietzsche. No vas a encontrar las respuestas en Darwin, en Adam Smith, en Carlos Marx, en Sigmund Freud. Nada de eso te va a servir. Quien te muestra el camino iniciático es la tradición sapiencial: es el Rig Veda, son las Upanishads, es la Gita, es el Tao Te Ching, es Platón y los neoplatónicos, es Alce Negro, es el maestro Eckhart. La tradición sapiencial, y aquellos que son sus intérpretes, René Guénon, Julius Evola, Frithjof Schuon, Antonio Medrano, o incluso, si tienes suerte, algunos maestros vivos de nuestro tiempo, como ha podido ser en época contemporánea Swami Muktananda. Quien te indica el camino es la tradición sapiencial.

00:07:29–00:08:44

Ahora, hay todavía un maestro superior a este, hay algo todavía más grande que la tradición sapiencial, y es que tu propia vida y el mundo es el gran maestro, el gran gurú. Quien sabe leer el libro de su propia vida, quien sabe leer el libro del mundo, está en presencia del gran maestro y del libro eterno. Nuestra propia existencia no para de enseñarnos, todo el rato nos está indicando y enseñando cosas. Quien sabe leer su propia vida, quien sabe leer el mundo que le rodea, quien sabe leer la suerte de las cosas que le pasan, las personas que conoce, a veces incluso una conversación meramente casual, ahí es donde está el maestro mayúsculo. Por tanto, necesitamos maestro y guía: el maestro y guía es la tradición sapiencial, y por encima incluso de la tradición sapiencial, el libro de la vida, el libro de tu propia vida, saber leerlo, saber escucharlo, las lecciones que se te dan constantemente a través de infinidad de circunstancias, de tu vida personal, de tu trabajo, de tu vida sentimental, de tus amigos, de tu familia, de las circunstancias, a veces azarosas, con las que te, te enfrentas. Bien, pues ahí está también el maestro. De hecho, el maestro con mayúsculas.

00:08:45–00:09:58

Y luego, este camino iniciático requiere de disciplina, de esfuerzo. No viene dado. Quien no esté dispuesto a someterse a una disciplina, que se olvide. Una disciplina que es hacia adentro y hacia afuera. Hacia adentro, porque requiere de paciencia, perseverancia, esfuerzo, confianza, fe, saber estar atento, saber escuchar, saber aprender, saber actuar. Entonces, hay una disciplina hacia adentro, que te forja y pule hacia adentro. Pero hay una disciplina hacia afuera, que se basa en la empatía, en la bondad, en la nobleza, en la humildad, en saber pedir perdón y perdonar, en saber estar agradecido y dar gracias. Pedir perdón y perdonar. Estar agradecido y dar las gracias. Perdón y gracias. Dos palancas fundamentales de esa disciplina hacia afuera, de esa empatía para con los demás. Quien no sea capaz de, hacia adentro, tener esa paciencia, perseverancia y esfuerzo, y, hacia afuera, sea incapaz de tener esa empatía, bondad, nobleza, grandeza de alma, saber pedir perdón y perdonar, saber dar gracias y agradecer, quien no sea capaz de someterse a esa disciplina, que se olvide del camino iniciático, que sea un hombre normal y corriente, una persona vulgar, de esas que confunden lo importante con lo necesario, y que se olvide completamente de esto, porque sin esa disciplina el camino iniciático no se recorre.

00:09:58–00:11:23

En conclusión, la vía de la acción y cabalgar el tigre, las dos palancas fundamentales para tener la vida más poderosa, intensa, auténtica y liberadora posible, las dos palancas esenciales que se destilan de la tradición sapiencial. Ahora, la consecuencia de la vía de la acción, la consecuencia de cabalgar el tigre, el camino iniciático: tu propia vida como una vía o un camino de forja y formación espiritual, dirigida hacia la plenitud, hacia la autarquía, hacia el señorío de sí, hacia ese vivir lúcido, despierto, fuerte y libre, hacia ese poder decir: «Soy capitán de mi alma, soy dueño de mi destino, mi ser interior es inconquistable».

00:11:23–00:12:08

DUDAS RAZONABLES

  • 08:20 — «es Alce Negro, es el maestro Eckhart» / posible ausencia: Deepgram recoge con confianza razonable («alce» 0,82; «negro» 0,998; «maestro» 0,978; «Écard» 0,75) esta frase dentro de la enumeración de fuentes de la tradición sapiencial, entre «es Platón y los neoplatónicos» y «René Guénon, Julius Evola…», mientras que YouTube y MacWhisper pasan directamente de una a otra sin recogerla. Dado que Alce Negro (Black Elk) y el maestro Eckhart son referencias habituales en el corpus tradicionalista que cita el propio vídeo, se ha optado por mantener la frase en el texto, aunque no puede descartarse que sea una adición espuria de Deepgram no confirmada por las otras dos fuentes.