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Ficha

Estado

Ficha con transcripción íntegra, sin destilar todavía: existe para que el grafo pueda citarla cuando las notas de trabajo se apoyen en ella con peso.

Transcripción

En los tiempos oscuros del Kali Yuga, de la modernidad contemporánea, hay que convertir el asco en acero y salir al mundo a buscar a tus humanos. Frente al nudo gordiano del nihilismo contemporáneo, la espada que lo corta hay que forjarla.

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Sean todos bienvenidos a una conversación que tuvo lugar recientemente en la que antaño fuera capital del reino visigodo: Toledo. En dicha conversación encontrarán anudados en múltiples reflexiones a dos individuos que, con vino en mano, hablarán, y no es un decir en este caso, de lo humano y lo divino. Sobran las presentaciones a estas alturas, más si cabe cuando ya sabemos que lo de menos es el mensajero y que lo importante es el mensaje.

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Lo que van a escuchar a partir de unos segundos quedaría registrado a altas horas de la noche tras una visita previa por las calles de la ciudad toledana. Una visita que, he de añadir, desbordaría con creces el mero turismo de consumo y que desde aquí recomendamos encarecidamente a todos aquellos que ahora nos escuchen.

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He aquí entonces a un servidor que, junto al ya de sobra conocido Gonzalo Rodríguez, ha tenido a bien comentar algunas cuestiones relacionadas con la situación actual en el sistema educativo español. Más concretamente, nos pareció pertinente comentar la manera en que dicho sistema habría quedado atravesado por esa modernidad que tantas veces ha criticado ya Gonzalo. Una modernidad calificada, a su juicio, como inversión luciferina. A este respecto, introducíamos una primera cuestión sobre el grado en que el ejercicio educativo, a día de hoy, se encuentra separado del modo en que se ejercía en la Grecia clásica. Les dejo con la intervención de mi invitado y, una vez más, sean bienvenidos.

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Platón dice en la República que lo más importante de la República es la educación. El eje vertebrador de la sociedad debe ser la formación. Entonces, a día de hoy está patas arriba: la universitaria, el bachillerato, la primaria y la secundaria. Las personas no es que no aprendan nada, es que no se forman en ninguna de las capas del carácter en las que se juegan su destino, su personalidad. La sociedad en parte está desarbolada porque la formación está desarbolada. Los profesores no tienen cualidades ni vocación, los centros no tienen convencimiento de la función social que cumplen y la propia sociedad no avala dicha función ni avala dicha vocación. La legislación no opera, no es funcional. Respecto de la grandeza del chaval y la grandeza del joven, no se les inspira grandeza, sabiduría, fortaleza, comprensión, conocimiento, ambición espiritual: cero patatero.

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Entonces, ha llegado el momento de que asumamos que no tiene arreglo eso a corto plazo y que las personas se tienen que así formar por su parte. ¿Por qué tienen tanto éxito los divulgadores de historia? ¿Por qué te encuentras con canales de YouTube de filosofía que tienen miles de seguidores? Porque la gente se forma y ansía estructurar su personalidad, su comprensión del mundo, en escenarios aparte de lo reglado, porque ahí no ha encontrado nada.

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Entonces, yo considero que es un tema crucial y que a día de hoy tiene difícil arreglo a corto plazo. Ahora, ¿puedes tú poner en marcha o gestionar un centro y dar la forma que corresponda? Seguro. O sea, puede haber pequeñas cápsulas de resistencia. Yo hace poco di una conferencia en el colegio de la Escolanía del Valle de los Caídos: magnífico. El número de alumnos, muy poquito. El profesor de literatura en bachillerato tenía seis chavales hablando de literatura española, preparando los textos, explicándoles el valor de la tradición literaria hispánica: eso funcionaba. Entonces, quedan pequeñas torres de luz. Y si puedes estar ahí, si por lo que sea puedes estar ahí, entra ahí con convencimiento y vocación. Si puedes crear una, entra ahí con convencimiento y vocación. Si puedes incentivar la creación de una, entra ahí con convencimiento y vocación, porque estás cumpliendo una función fundamental. En parte, lo que yo hago, si lo piensas bien, es una suerte de formación que discurre al margen y a la contra de la formación reglada, que hasta a nivel universitario saltó por los aires.

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Hay una diferencia que yo veo que se ve claramente cuando comparas la educación actual respecto de la educación platónica de la que hablas, y es que, sobre todo, la educación platónica plantea una educación para el ciudadano, es decir, para la polis. Hay una simbiosis entre un canon de ciudadano que corresponde con un modelo o un canon antropológico de una ciudad. Sin embargo, hoy en día la educación te dice que es una educación para la persona. ¿Y qué se tiene por persona? La persona vacía de los derechos humanos, que no tiene alma, sin lenguaje, sin religión, sin nada así. ¿Se puede ver aquí algún tipo de inversión luciferina de la que tú hablas muchas veces?

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Sí, yo diría que sí, porque la república platónica no es un constructo filosófico de Platón, sino una plasmación en términos filosóficos de un sentido orgánico y tradicional de comunidad. La comunidad refleja el orden del alma; el orden del alma se proyecta en el orden comunitario. La autoridad espiritual y religiosa, la autoridad político-militar subordinada a la autoridad espiritual y religiosa, y las fuerzas de producción: todas en un sentido orgánico y en un conjunto sinérgico. No hay lucha de clases, no se imagina eso. Hay un conjunto en el cual la cabeza rige los músculos y los músculos se alimentan de aquello que procesan el estómago y los intestinos. Esa misma idea morfológica, biológica, en el ámbito espiritual, y de ahí a la sociedad.

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A partir de aquí, la formación es para ubicar a cada uno donde debe y hacer cada uno lo que debe, sabiendo que hay grandeza en cada uno de los estadios, y que aquel que, correspondiéndole el cargo de autoridad espiritual y religiosa, no cumple con ello, es inferior a aquel que, cumpliendo con la función del trabajo, la lleva a cabo de manera excelsa. No todos somos iguales: somos iguales en dignidad esencial, pero no en potencialidad ni en vocación. Un correcto discernimiento de vocaciones reorganiza el conjunto para darle esa fuerza o ese sentido de cuerpo orgánico.

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La República de Platón pretende que la educación alimente ese cuerpo orgánico y, al mismo tiempo, ese cuerpo orgánico social se proyecte en la educación. A día de hoy es al revés: esa educación es individualista. Se pretende que la pequeña cápsula psicofísica y emocional, el yo psicofisiológico, es esa cosa diminuta en la que todas las tradiciones espirituales te dicen: remonta la corriente. Formar el carácter es remontarte hacia adentro y hacia arriba, para subordinar el yo psicofísico y emocional, el cual está llamado a ser una especie de vasallo de un yo esencial, que es uno con Dios, que es uno con la trascendencia, o que está orientado y alienado con una dimensión de trascendencia.

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Bien, por la modernidad, al revés: no hay yo esencial, no hay alineamiento con la trascendencia, solo existe tu mero soporte psicofísico individual, y a ese consagras tus apetitos, tus deseos, tus anhelos y la formación. El resultado es una educación que no sirve para nada, que en todo caso lo único para lo que sirve es para alimentar esa egoidad, esa individualidad. Vamos, el resultado no puede ser más que el desastre en el que estamos.

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Yo veo una inversión justamente también en la concepción del sujeto. Cuando hablas de que hoy en día se educa para el sujeto psicofísico, claro, eso va a la contra de lo que se entendía por sujeto en la tradición clásica, que era sujeto, sujeto a. Y de ahí «la verdad os hará libres», porque te sujetas a unas verdades que te constituyen como sujeto. Pero claro, ese sujeto ya no es un sujeto psicofísico, sino, si quieres, un sujeto construido por las verdades. Para no perdernos con las palabras, que ahí nos pueden confundir: estaría el yo fenomenológico, psicofísico emocional, y el yo esencial, que, en la medida en que es esencial, solo puede ser uno con Dios. Es decir, ¿cuál es la esencia última que es tu raíz? ¿De dónde vienes? De Dios. Pues tu yo esencial es uno con la trascendencia. Es el aliento divino en el barro de Adán que nos cuenta el Génesis.

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Entonces, cuando se nos dice «la verdad os hará libres», es: remóntate a esa dimensión de verdad y de esencialidad que te hace uno con Dios para ser libre. Porque si lo haces al revés, serás esclavo de tu mera contingencia mundana, de tu mera mundanidad, en términos dhármicos diríamos samsárica, ¿no? El oleaje del samsara sería simplemente esa pequeña chispa de oleaje y no la profundidad del océano, que es donde está la esencialidad de ese oleaje superficial y que es uno con la trascendencia. Porque desde el punto de vista tradicional, la esencia última del hombre, su raíz, es Dios; es decir, sus raíces están en lo alto: da fruto en la tierra, pero su origen está en Dios.

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Entonces, en la medida en que se niega a Dios, se niega a la trascendencia, se niega, entre comillas, el Espíritu, el Espíritu Santo, quedamos abocados al yo empírico, al yo fenomenológico, a su dimensión puramente samsárica, puramente contingente, mundana, el cual siempre necesariamente va a ser un estadio de carencia, apego, temor, porque así funciona el mundo. Entonces, el resultado es que la modernidad genera una educación que impide la construcción de personalidades sanas, sólidas, lúcidas, conscientes, esclarecidas. De ahí que se generen ámbitos de formación por tu cuenta, como hemos dicho, en internet, o escuelas muy diminutas, como este colegio, la Escolanía del Valle de los Caídos, que me parece una torre de marfil en el erial de Mordor.

00:09:28–00:10:17

Ahora, Gonzalo, si me permites, voy a variar un poco la pregunta, adentrándome ya en otras cuestiones. Yo no sé si eres conocedor de las obras de Julius Evola, lo has mencionado en numerosas ocasiones, y hay una obra de Julius Evola que yo no sé si has leído, que se llama la de Valores paganos, valores cristianos; no sé si la has leído. Entonces, aquí siempre hay un conflicto, porque ofrece múltiples lecturas, y de alguna manera parece que es un Julius Evola más joven.

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Sí, es el que con el tiempo dijo: no me arrepiento, pero aquello que escribí fue fruto de mi inmadurez nietzscheana, casi en esos términos, inmadurez nietzscheana, cuando escribió Imperialismo pagano. Imperialismo pagano.

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Yo quería preguntar, al menos porque, sobre todo, por ejemplo, mis seminaristas, cuando estudian asignaturas como historia de la Iglesia, muchas veces se preguntan, de una forma legítima, cuáles han podido ser a lo largo de la historia, si pudiéramos identificar uno, dos o tres errores más o menos clave que a nivel histórico haya podido cometer la Iglesia católica en su ejercicio, por así decirlo.

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Mira, a lo mejor me voy por las ramas, pero no. Imaginemos tres grandes ciclos históricos en el devenir histórico, valga la redundancia, de Occidente y Europa: el ciclo pagano, el ciclo cristiano y el ciclo moderno.

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El ciclo pagano, por no remontarnos a la prehistoria, lo vamos a ubicar entre la Edad del Bronce y el final del Neolítico; arranca ahí, ¿no? El Rigveda, Homero, los himnos de Homero, ¿verdad? Desde la Edad del Bronce en adelante, hasta la cristiandad, con la conversión de Carlomagno, la conversión del Imperio. Y la cristiandad va a durar hasta el siglo XVIII, el siglo de las luces, la Ilustración. Y a partir de ahí, la era moderna, ¿no? Bien.

00:11:49–00:12:24

El ciclo pagano es Semina Verbi, es semilla del Verbo. Está plagado de verdades perennes que son anuncio de la encarnación. Es decir, no hay contradicción entre el ciclo pagano y el ciclo cristiano; hay contradicción externa, formal, en cuestiones más de forma que de fondo. Pero se podría decir que las verdades espirituales de la gran tradición pagana, grecorromana, celto-germana, son anuncios, semillas del Verbo, que encarna después con ese Cristo que dice «yo y el Padre somos uno».

00:12:25–00:13:00

Pero ojo, al mismo tiempo, dentro del ciclo cristiano hay Semina Diaboli, semillas del diablo, porque será durante el ciclo cristiano cuando ya están inoculadas las semillas de la modernidad. Semillas de la modernidad que terminan de germinar en los siglos XVIII, XIX y hasta el día de hoy.

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Entonces, en las verdades platónicas o en la gloria heroica, en la dimensión de la trascendencia inmanente que se deriva de Plotino y en el culto a la gloria heroica y la muerte para ir al Valhalla del siglo pagano, hay semillas del Verbo, de la tradición cristiana, donde por las obras se merece el cielo y donde todo lo que hay en este mundo, en última instancia, es continuación, reflejo o prolongación del reino de los cielos. Por eso dice el Padrenuestro: «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo». Esa frase la podría perfectamente subrayar un platónico, ¿verdad? Hágase tu voluntad así en la tierra, como queriendo decir: en el cielo ya se hace. Que se prolongue en la tierra lo que ya ocurre en lo alto, que refleje el mundo material lo que ya las formas del topos uranos platónico han realizado, para entendernos, ¿no? Seguimos ahí.

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Bien, pues ocurre que durante el ciclo cristiano hay Semina Diaboli, semillas del diablo. ¿Qué serían las semillas del diablo? Una cristiandad como la protestante, que niega el mérito, que lo reduce todo a la fe. Una cristiandad como la protestante, que pretende la predestinación, donde el libre albedrío impide hacer méritos frente a Dios. El camino de la santidad y el camino del heroísmo son sacados de la ecuación, porque no hay mérito posible frente a la trascendencia. De hecho, hay predestinación, que es una idea de fatalidad respecto de Dios. Y ojo, esa fatalidad, en todo caso, puede venir anunciada en un sentido positivo de ir a los cielos por la riqueza material, por el éxito en lo mundano.

00:14:20–00:15:10

Es decir, como lo espiritual ya no es medible, como ya no hay vara de medir que nos mida el alma respecto de santidad y heroísmo, porque las obras no cuentan, ¿qué podemos medir? Lo cuantitativo. Y la dimensión cuantitativa de la existencia como anuncio de predestinación al cielo. Bien, pues todo eso son Semina Diaboli, semillas del diablo.

00:15:11–00:15:35

El diablo no llega diciendo «soy el diablo». El reino del Anticristo no llega diciendo «soy el Anticristo», sino que llega diciendo «soy la renovación de la cristiandad», como dijeron Lutero, Calvino y los presbiterianos, por poner un ejemplo palmario de esto que estamos comentando.

00:15:36–00:15:54

Entonces, creo que a día de hoy estamos ya en el reino del Anticristo. Pero igual que el ciclo cristiano tuvo Semina Diaboli, hay que pensar que en plena oscuridad babilónica hay Semina Verbi. El Espíritu Santo no se aparta, y hay semillas del Verbo incluso en este ciclo de oscuridad babilónica por el que transitamos. Entonces, no hay que perder la fe ni la esperanza. Todo el gran ciclo pagano anuncia y prepara la encarnación. Una vez producida la encarnación, se produce algo que trasciende la propia historia del cristianismo, llena de corrientes, de discusiones, de cristianismo de los orígenes, de cristianismo medieval, de luteranos y calvinismos. En la encarnación está la clave: «yo y el Padre somos uno», «yo soy el camino, la verdad y la vida». En esas frases tan rotundas se están dando claves para una cristiandad que tendrá que volver o, por decirlo así, un ciclo tradicional que tendrá que reverdecer.

00:15:54–00:16:50

Pero para eso hay que encontrar la Semina Verbi en la oscuridad babilónica por la que transitamos, sabiendo que esto no llegó de golpe y porrazo: se sembró. ¿Con qué se sembró? Con la Semina Diaboli de Lutero y de Calvino. ¿Y qué queremos decir con Lutero y Calvino? Queremos decir: no hay obras, no hay mérito. Ya no hay héroes como en el paganismo, pero tampoco hay santos como en la cristiandad medieval. Ni santidad ni heroísmo son posibles. Solo te queda lo cuantitativo de lo mundano.

00:16:52–00:17:22

Y entonces, a partir de ahí, de lo cuantitativo de lo mundano, si solo te queda eso, ¿cuál es el siguiente paso? Decir: bueno, pues si esto es lo único que voy a medir, si no te importa, la fe, que sea una cosa privada ya, y que la sociedad entera y la vida personal sean cuantitativas, en el ámbito de lo que yo llamo el nihilismo materialista. Así que no hay que tener desesperanza, pero sí hay que comprender que estamos en el reino del Anticristo, sembrado ya, yo diría, desde la Baja Edad Media.

00:17:22–00:17:49

Quiero preguntarte ahora sobre la idea de cruzada. Has comentado en numerosas ocasiones que no se trata de hacerse pajas mentales con el pasado, de querer traerlo al presente en forma, sino de saber actualizar el cierto mensaje que hay del pasado en el presente. Y en ese sentido, yo quiero traer a colación la idea de cruzada, porque yo, que doy clase tanto en el instituto, en secundaria, como en un seminario, me encuentro que, independientemente de que supuestamente hay una ideología contraria, pues comparten una especie de, ¿cómo decirlo?, de ecumenismo trasnochado donde todas las religiones pueden casar con todas, incluso con el islam, porque, aunque sea de manera implícita, parece que se apela a una moral neutra por encima de todas las religiones; pero eso implica reconocer que la religión cristiana está por debajo de esa religión secular, si quieres. Entonces, ¿hasta qué punto pueden servirse los jóvenes o los sacerdotes o seminaristas de esta idea de cruzada?

00:17:51–00:19:00

Tienen que hacer la suya. Nunca, nunca hemos vivido un tiempo de cruzada más importante. Las cruzadas del medievo son un componente de la cubana comparado con la cruzada que tenemos por delante. Tiene más sentido actualizar la Orden del Temple a día de hoy que cuando surgió. Tiene más sentido el Non nobis, Domine de la Orden del Temple ahora que en el pasado.

00:19:00–00:19:24

Estamos en una cruzada contra la oscuridad babilónica, no contra el islam, no contra los infieles, que también, sino contra la misma idea: es una manifestación más. Claro, es una cruzada contra la propia idea de nihilismo que alimenta la modernidad. ¿Y qué sería el nihilismo de la modernidad? No hay dimensión de trascendencia actualizada en el alma humana. Si la hay, si hay trascendencia, es infinitamente lejana y, por tanto, como si no existiera. Y sin embargo, es infinitamente cercana. ¿Y por qué es infinitamente cercana? Porque Cristo mismo está incrustado en la historia.

00:19:25–00:19:58

Es que Dios se ha hecho carne, huesos y sangre. Es decir, está adentro; no ha creado y está fuera, sino que el Dios uno y trino, en virtud del Espíritu Santo, permite la encarnación. Y la encarnación no es solo ya la encarnación de Cristo, sino que es la idea misma de que lo material ha sido receptáculo del absoluto, de tal modo que lo material puede ser, a su vez, puerta al absoluto. Eso está en el barroco español: es una idea clave, un sentimiento, una intuición clave del barroco. Bien, pues hay que ir en esa dirección, y la cruzada tiene que ser una cruzada en ese sentido.

00:19:59–00:20:35

Hay que reivindicar a esos seminaristas y a esos jóvenes, Rubén; decirles: oye, tenéis que vivir como cruzados. Es decir, ¿tú a qué te dedicas? A luchar contra las fuerzas del mal. Es una cruzada contra Satanás en el siglo XXI. Ah, estás loco. No, no estoy loco: soy el tío más realista que vas a encontrar. No hay nada más cerca de la realidad, en los tiempos que corren, que vivir con pasión cruzada contra el nihilismo contemporáneo.

00:20:36–00:20:59

De hecho, si no me dedicara a ello, ¿a qué me dedico? ¿Tener unos hijos, formar una familia, ganar un dinero? Se los va a carcomer el nihilismo. Les protejo como puedo, pero ¿qué hago para proteger esa familia de la oscuridad babilónica? No, no, no. Yo primero soy un cruzado y después soy padre de familia o lo que haga falta. Pero primero me he juramentado, he hecho el juramento de consagración, y hago guardia en la medianoche del mundo. Y haré lo que tenga que hacer en mi trinchera, ya sea de profesor, ya sea haciendo una visita guiada, ya sea escribiendo un libro, ya sea dando una ponencia en un congreso, lo que sea. Yo hago mi cruzada, y la hago sin esperar nada a cambio. No quiero ser feliz, no quiero disfrutar de la vida, no quiero pasarlo bien: solo espero hacer mérito para la gloria eterna. Y en los tiempos que corren, el mérito pasa necesariamente por la cruzada.

00:21:00–00:21:50

Así que a esos seminaristas les tenéis que decir: dejaos de moñadas, dejaos de mariconadas. Os enroláis en una guerra santa contra el mundo moderno, en el cual, además, el islam es una forma de oscuridad, porque el islam es la negación total del mérito, o sea, de esa encarnación, como ocurre con el judaísmo, que no se dice suficiente. Judaísmo e islam niegan la trascendencia inmanente del misterio crístico; o sea, niegan la verdad de «yo y el Padre somos uno». Es que del dios judío no puedes decir nada. Entonces, son dos formas que a día de hoy se actualizan como rostros de Gog y Magog del Apocalipsis, como rostros de Gog y Magog. Entonces, el hombre tradicional necesariamente tiene que ser antimoderno, antimusulmán y antijudío. Y no lo digo en un sentido étnico —que si viene aquí un… nos estamos en las calles ahora, me da igual, yo no entro en eso—, sino en el marco de cosmovisión religiosa y espiritual que señalan.

00:21:50–00:22:50

Pareciera a veces que si esta cruzada de cada uno en su puesto de trabajo se entendiera de manera puramente individual, caeríamos casi sin quererlo en una concepción del liberalismo actual. ¿Hasta qué punto la cruzada individual es innecesariamente política, incluso aunque no lo quieras?

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Tres principios a grabar a fuego, con los cuales puedes ir para adelante con esta cruzada y con la que fuera. El primero: tú quieres la gloria. Tú quieres la salvación del alma. Tú quieres haber sido puesto a prueba en este mundo para que Dios te reciba en el salón de los héroes. Lo primero que quieres es la gloria. Punto número uno. Punto número dos: para merecer la gloria, la ley. Tú te sometes a «la verdad os hará libres». No tienes opinión propia, no tienes gustos propios; no dices «¿qué quiere mi yo psicofísico individual?», le dices «me la suda lo que quiera, yo quiero la verdad». Así que la ley. Y en tercer lugar, la hermandad: esto lo haces encontrándote con tus iguales y haciendo hermandad con tus iguales, haciendo acción en el mundo a partir de una sociedad que se ha hermanado en torno a la gloria y la ley. Esos son los tres niveles: la salvación, la ley eterna y la hermandad. Y desde ahí afrontas lo que venga de esta cruzada y cualquier otra. Y esas son como tres, no sé cómo decir, tres joyas, tres tesoros, tres espadas, no sé: la corona, el anillo y el cetro del camino a seguir.

00:23:16–00:24:28

Argumento número uno: la gloria. Argumento número dos: la ley, la ley del caballero, la ley del santo, la ley del héroe, la ley de la salvación y la gloria. Y tercero: la hermandad, los hombres y mujeres que se unen para cultivar la gloria y la ley y para crear una sociedad que está orientada a la gloria y la ley, esos tres niveles. Y con eso se hace la cruzada.

00:24:29–00:24:52

Has comentado hace escasos minutos una cuestión por la cual cualquiera hoy en día podría colgarte de un árbol, porque a primera vista, y sobre todo en la sociedad que vemos, parece contraintuitiva eso de que no estamos aquí para ser felices.

00:24:53–00:25:11

Curiosamente, no hay una definición de lo que es ser feliz, igual porque es una idea que se viene abajo en cuanto intentas sujetarla. Son gilipolleces. Cada vez que encuentres a alguien que dice «quiero ser feliz, quiero disfrutar de la vida, quiero pasarlo bien», posiblemente estés en presencia de alguien depresivo, ansioso e insomne. Y cada vez que encuentres a alguien que diga «me importa un bledo ser feliz, disfrutar de la vida o pasarlo bien, solo quiero cumplir con mi deber y hacer lo que debe ser hecho», a ese tío le verás que irradia alegría y contento natural.

00:25:11–00:25:43

La alegría y el contento natural son fruto de quien está en la norma de que la verdad os hará libres. Quien apueste por «la libertad os hará verdaderos», quien aspire a la felicidad, solo encontrará desgracia. Feliz es quien se ha liberado de sí mismo; contento está quien se ha liberado de sí mismo; alegría tiene quien se ha liberado de sí mismo, quien se ha liberado de ese yo psicofísico, emocional, empírico, fenomenológico, que es el que está siempre en carencia, apego y temor: quiero esto, quiero lo otro, ahora quiero esto, es que ya no me quieren, yo quería esa chica, tengo otra, quiero más, quiero menos… gilipolleces.

00:25:44–00:26:22

¿Qué espera de ti Dios? Haz lo que Dios espera de ti y libérate de todo lo demás. Y haciendo lo que Dios espera de ti, tranquilo, que por un lado te liberarás de ti mismo y por otro descubrirás el contento natural, que ya no es fruto de nada que te llega ni de nada que consigues, sino de estar alineado y cumpliendo con aquello que Dios espera de ti. Así que sí, hay que decirle al mundo: mira, me importa un bledo ser feliz, pasarlo bien y disfrutar de la vida, vete a la mierda. Yo quiero mi cruzada y mi batalla, la encomendada tarea a la cual estoy llamado. ¿Cuál es mi misión? Me pongo con ella: Señor, ayúdame; beso mis cadenas; adelante.

00:26:23–00:26:59

Penúltima pregunta, Gonzalo, o penúltima cuestión. Una persona que se acaba de dar cuenta de que, como tú bien dices a veces, la modernidad… que algo falla, ¿no? Darse cuenta de eso no es suficiente. ¿Un libro o una manera, no necesariamente un libro, por la que una persona pueda empezar a tirar del hilo?

00:27:01–00:27:23

Yo siempre recomiendo, porque me parece un libro canónico en nuestra época para comprender lo que ha pasado —no ha envejecido mal, pero se ha quedado corto—, el famoso La crisis del mundo moderno, de René Guénon. René Guénon no es cristiano como lo entendemos, ¿verdad? Es un perenialista integral y acaba convirtiéndose a una rama esotérica del islam, se hace sufí al final de su vida. Entonces, la ecuación personal o la ecuación concreta de Guénon, bueno, es la que es. Pero cuando escribe ese libro —porque tiene obras que son de una lucidez y de una objetividad profundas—, él lo que está retratando es el desastre. Está diciendo: tú no estás conforme con esto y te voy a explicar por qué. Porque tú quieres la trascendencia, porque la verdad del alma humana es una dimensión de trascendencia inmanente, como ha sido inmanente la encarnación de Cristo. Entonces, creo que es un buen libro para plantearse lo que hay: La crisis del mundo moderno.

00:27:25–00:28:29

Y luego yo le diría que, más allá de libros, que puede buscar los maestros, autores o corrientes que más resuenen con su ecuación personal, yo le diría que, si de verdad asume las verdades de ese texto de La crisis del mundo moderno, actuar en consecuencia es vivir tu vida conforme a una disciplina espiritual. Nada, nada es más antitético a la modernidad que aplicarte una disciplina espiritual. Someterte a una disciplina espiritual te saca de inmediato de la modernidad. Así que le diría: La crisis del mundo moderno como foto de un lugar al que no perteneces; la disciplina espiritual como la manera de alinearte con el lugar al que perteneces. Y la disciplina espiritual siempre va a implicar adelgazar, disminuir o subordinar al yo esencial ese yo meramente empírico, fenomenológico y existencial.

00:28:29–00:29:30

Y última pregunta, Gonzalo, última cuestión, quizá la más cruda. Tú has comentado muchas veces que todo lo que vemos, todo lo empírico, hasta el sol se apagará. Eso hay que tenerlo bien grabado. Has comentado también que hay que dar la batalla, que hay que estar dispuesto, para quienes te puedan acusar, por ejemplo, de que vendes falsas esperanzas… ¿Vendo qué? Quien te pueda acusar de vender falsas esperanzas: ¿hay que estar dispuesto a perder la batalla? Sí, total. ¿Dejas la posibilidad de que la situación actual, en este caso España, esté perdida? Porque no pasa nada: lo que debe ser hecho debe ser hecho.

00:29:30–00:30:14

Es decir, hay una Iglesia terrenal y una Iglesia triunfante en el cielo. Tú eres soldado de la Iglesia triunfante en el cielo. Tú eres soldado del rey celestial. En última instancia, sabemos cómo termina esta película: ganamos nosotros. Así se explica en el Apocalipsis con la segunda venida de Cristo, ¿verdad? Pero así se explica en la tradición pagana cuando te habla del regreso de la Edad de Oro, del Kalki Avatara del Sanatana Dharma. No hay una sola cosmovisión tradicional que no anuncie que, cuando todo esté perdido, sin embargo, se dará la vuelta a la tortilla. Así que no hay que tener preocupaciones al respecto: lo que debe ser hecho debe ser hecho, y hasta el sol mismo se apagará. Así que estar tranquilos: cumple con tu deber y así te ganas tu lugar en las huestes del cielo.

00:30:15–00:31:01

Siéntete soldado del emperador eterno, del Dominus universal, como está retratado en la misma puerta de la catedral de Toledo: Cristo con corona y señor del mundo. Súbdito leal del Rey de Reyes, cumple con tu misión; que lo que ocurra aquí en el plano terrenal no te preocupe: en última instancia se corrige. Y tú haz lo que debe ser hecho; lo demás no es asunto tuyo.

00:31:02–00:31:24

Quizá la modernidad, una cosa que nos ha enseñado para mal, es que la muerte es perder. Claro. Y por eso, si ves la muerte o ves un peligro, crees que ya no merece la pena luchar, porque entonces perderías.

00:31:24–00:31:37

Pero ¿qué es perder? Si vas a perder igual, imbécil. ¿Qué diferencia hay entre un enfermo de cáncer terminal en un hospital y los que estamos aquí tú y yo tomando un vino? ¿Qué diferencia hay? ¿Lo sabes? Apenas nada. Él sabe que le queda poco, y nosotros tenemos la muerte en el hombro: mañana mismo podríamos estar muertos, fuera de aquí. Hay que ser radical a ese nivel. Ahí yo recomiendo, lo siento, no es cristiano, el tema budista. Cuando te dicen: vamos a hacer una meditación budista. ¿Sobre qué? Sobre que vas a morir ya. ¿Cómo que ya? Sí, imagínate ya: antes de que anochezca, muerto. Y dices: no, eso no va a pasar. No, no, ya está pasando. El tiempo avanza y te carcome, y la única diferencia entre el moribundo y tú es que el moribundo sabe que ya pasa y tú todavía no lo sabes.

00:31:38–00:32:26

Así que no, morir no es el problema. El fin de las cosas no es el problema. El problema es no haber hecho lo que tenías que hacer.

00:32:27–00:32:34

DUDAS RAZONABLES

  • 00:00:05 — «salir al mundo a buscar a tus humanos» (Whisper) frente a «salir al mundo a buscar a luz y marica» (Deepgram). Los dos reconocedores divergen por completo; se conserva la lectura de Whisper por ser la única inteligible, pero no puede confirmarse.
  • 00:00:10 — «la espada que lo corta hay que forjarla»: Whisper da «forzarla» y Deepgram «hay que forjar». Se reconstruye «forjarla» por sentido, sin certeza sobre la forma exacta.
  • 00:03:19 — «en escenarios aparte de lo reglado»: Whisper oye «aparte de los arreglados» y Deepgram «aparte de lo reglados». Se adopta «lo reglado» por coherencia con la «formación reglada» de la que habla el resto del pasaje.
  • 00:05:22 — «orientado y alienado con una dimensión de trascendencia» (coinciden Whisper y Deepgram). El contexto («alineamiento con la trascendencia» unas frases después) sugiere «alineado», pero se conserva la lectura común.
  • 00:06:16 — «de manera excelsa» (Deepgram) frente a «de manera extensa» (Whisper). Se adopta «excelsa» por sentido.
  • 00:09:29 — «se niega, entre comillas, el Espíritu, el Espíritu Santo» (Whisper) frente a «se niega a que domines el espíritu, el espíritu santo» (Deepgram). Pasaje dudoso; se conserva la lectura de Whisper.
  • 00:12:21 — «y a partir de ahí, la era moderna, ¿no?»: Whisper oye «la dama verna, ¿no? Crestekios» y Deepgram «la da modernum, oh, prestiquios». Posible locución latina no identificada; se aproxima como «la era moderna» y se omite el segundo fragmento, incomprensible en ambas fuentes.
  • 00:14:03 — «Hágase tu voluntad así en la tierra, como queriendo decir: en el cielo ya se hace»: ambos reconocedores oyen algo próximo a «como le decía decir». Se reconstruye por sentido.
  • 00:19:07 — «Las cruzadas del medievo son un componente de la cubana» (coinciden Whisper y Deepgram). La expresión resulta incomprensible y no ha podido reconstruirse; se conserva literalmente.
  • 00:22:53 — «que si viene aquí un… nos estamos en las calles ahora, me da igual, yo no entro en eso»: pasaje fragmentario en ambas transcripciones (Whisper: «que si bien aquí nos damos más cañón»; Deepgram: «que si viene aquí un… nos estamos en las calles ahora»). Se reconstruye de manera aproximada.
  • 00:23:07 — «innecesariamente política» (coinciden Whisper y Deepgram). Por el contexto («incluso aunque no lo quieras») también cabría «necesariamente política»; se conserva la lectura común.
  • 00:23:17 — «Tres principios a grabar a fuego»: ambos reconocedores oyen «agravar a fuego». Se corrige a «grabar a fuego» por sentido.
  • 00:25:07 — «igual porque es una idea que se viene abajo en cuanto intentas sujetarla»: Whisper oye «en cuanto intentas sujeción al gilipolleces» y Deepgram corta el pasaje. Se reconstruye por sentido.
  • 00:26:51 — «la encomendada tarea a la cual estoy llamado»: Whisper oye «la encomienda tarea en la cual estoy llamada» y Deepgram «la encomienda tarea en la cual estoy llamando». Se reconstruye por sentido.
  • 00:29:42 — «Eso hay que tenerlo bien grabado»: Whisper oye «tenerlo en el juego grabado» y Deepgram «tenerlo en juego grabado». Se aproxima por sentido.
  • 00:31:02 — «del emperador eterno, del Dominus universal»: Whisper oye «del emperante eterno del domus universal del signo universal» y Deepgram «del emperador eterno, del domus universal, del semi universal». Título latinajante incierto; se aproxima.
  • 00:31:07 — «Súbdito leal del Rey de Reyes»: Whisper oye «signo y toledal del rey de reyes» y Deepgram «su mito leal del rey de reyes». Se reconstruye «súbdito leal» por sentido.
  • 00:32:11 — «antes de que anochezca, muerto»: ambos reconocedores oyen algo próximo a «antes de que anochezcas muerte». Se reconstruye por sentido.