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Ficha

Estado

Ficha con transcripción íntegra, sin destilar todavía: existe para que el grafo pueda citarla cuando las notas de trabajo se apoyen en ella con peso.

Transcripción

¡Viva España y viva la Semana Santa! ¡Qué maravilla! Hemos celebrado la Semana Santa y nos hemos encontrado con imágenes de una belleza arrebatadora, de esas procesiones en Zamora, en León, en Málaga, acá, en Toledo, en mi ciudad. ¡Qué maravilla, en Córdoba, la Semana Santa! Fijaos qué bonito que, durante estos días de Semana Santa, la España desarraigada, la España relativista, la España avergonzada de ser española y que quiere ser europea, moderna e ilustrada, esa España se echa a un lado. Esa España, vamos a decir afrancesada, se echa a un lado, porque el alma popular española sigue siendo un alma barroca, capaz de celebrar con alegría natural la devoción a esas imágenes de nuestra Semana Santa. ¡Qué maravilla, verdad! Entonces, sí, la España desarraigada, relativista, inane, endófoba —¿verdad?—, filoprotestante, afrancesada, podemos llamarla de muchas maneras, todos sabemos lo que quiero decir, se echa a un lado. Porque el alma popular española sigue unida profundamente al alma barroca que encarna la devoción religiosa de la Semana Santa. ¡Viva España! ¡Viva la Semana Santa! ¡Qué maravilla!

00:00:08–00:01:38

Y todavía hay auténticos gilipollas que te escriben un editorial en un periódico para decirte que, si el Ramadán no se celebra, que tampoco se celebre la Semana Santa; que si no se celebran las fiestas musulmanas en las calles de las ciudades españolas, ¿por qué se celebra la Semana Santa? De verdad que España está enferma. Hay una parte importante de la ciudadanía española que está enferma, que no está en sus cabales, que está, como digo, corrompida ideológicamente. Entonces, sí, viva España, viva la Semana Santa, viva el alma barroca de la tradición española. Y a la mierda la España inane, a la mierda la anti-España, el desarraigo relativista en el que se encuentra una parte importante de la ciudadanía española, que está enferma en el alma en cuanto al orgullo de su historia, su estirpe y su tradición, y que, sin embargo, parece que abraza de manera fanática, integrista, las vacas sagradas de la modernidad contemporánea: democracia, progreso, globalismo. Que en nombre de la democracia, el progreso y los derechos humanos, vaya, que surja entonces el Ramadán y la Semana Santa, o ninguna de las dos. Que en nombre de la posmodernidad, la deconstrucción y el globalismo, la Semana Santa sea una cosa de gente rara y fanática. Mira, los fanáticos son los que no entienden la Semana Santa y no son capaces de ver el efecto espejo esclarecedor que esta tiene en los españoles, el reflejo del alma barroca española. Entonces, sí, con orgullo de estirpe, de historia y de arraigo: ¡viva España, viva la Semana Santa!, y abajo los gilipollas que lo ponen en duda.

00:01:38–00:03:22

En este sentido, fijémonos que la historia de España resulta una de las asignaturas fundamentales que debemos poner en el frontispicio del reencuentro con nosotros mismos, para salir del atolladero de posmodernidad, deconstrucción y globalismo en el que estamos, para salir del atolladero de la falsa religión de los dioses débiles, que les llamo yo, ¿verdad? Democracia, progreso, derechos humanos, maldita sea, todo eso está muy bien, siempre y cuando el precio que no paguemos por todo ello sea la aniquilación de la identidad misma del pueblo español.

00:03:22–00:03:58

Entonces, sí, fijaos, en la historia de España yo siempre digo que tomamos como punto de partida un ciclo fundacional, el que yo llamo la España de las tres culturas, celtíbera, romana y goda: la España de Numancia y de Viriato, la España de Séneca y de Marco Aurelio, la España, por supuesto, de Recaredo, Leovigildo, el Tesoro de Guarrazar y el Tercer Concilio de Toledo, la España fundacional. Esa que el propio Miguel de Cervantes canta en esa obra de teatro que escribe, el cerco de Numancia, donde nos dice que los numantinos son los primeros españoles y que en su coraje y en su valor hay pista de las grandezas que algún día España dará al mundo. Escribe desde el punto de vista del imperio, buscando en Numancia el origen mismo de la grandeza del alma española. Cervantes, ¿a quién vas a hacer caso? ¿A Cervantes o a Rufián? ¿A Cervantes o a Otegi? ¿A Cervantes o a esos de El País y de eldiario.es? Maldita sea. Entonces, sí, la España de las tres culturas, la España raíz y fundacional, celtíbera, romana y goda.

00:03:58–00:05:03

Ahora, después, la España que nos va a dar en realidad nuestra idiosincrasia más marcada: la España de la invasión musulmana, de la usurpación islámica sobre el territorio en el que se ha asentado una cristiandad española en torno al reino visigodo de Toledo, y, frente a esa usurpación, la gesta increíble de la Reconquista. Don Pelayo, Asturias, Alfonso II el Casto, la Marca Hispánica, Alfonso el Batallador, Jaime I el Conquistador, la filosofía de Ramón Llull, el libro de la caballería de Ramón Llull, la batalla de las Navas de Tolosa, la carga de los tres reyes, Fernando III el Santo reconquista Sevilla y Córdoba. Porque hemos visto imágenes espléndidas de Semana Santa en Sevilla y Córdoba porque hubo reconquista y restauración de la cristiandad española. La fiesta que se celebra en Sevilla por excelencia es la Semana Santa, no el Ramadán. La fiesta principal de Toledo es el Corpus Christi, no el Ramadán. ¿Por qué? Porque hubo reconquista y restauración. Porque los españoles, agilipollados a día de hoy sin saberlo, descienden de las coordenadas filosóficas, religiosas, espirituales, antropológicas, de los hombres y mujeres que hicieron la reconquista, la repoblación y la restauración de la cristiandad, de norte a sur: del Pirineo hasta el valle del Ebro, las costas catalanas, Valencia y Mallorca, del Señorío de Vizcaya, el reino astur-leonés y Galicia, hacia el sur, por Castilla, por León, por Portugal y hasta Andalucía. Maldita sea, descendemos de esa reconquista y de esa restauración. Tenemos que llevarlo a gala. El 16 de julio, cuando es el aniversario de la batalla de las Navas de Tolosa, ese día debería ser fiesta nacional. Todos los españoles estuvimos allí: navarros, aragoneses, catalanes, castellanos, milicias portuguesas, milicias leonesas, las órdenes monástico-guerreras, los cruzados venidos de allende de Europa, las milicias populares, la milicia de Madrid y la milicia de Toledo. Maldita sea, uno de los grandes momentos de la historia de España. 16 de julio, fiesta nacional. Somos la España de las tres culturas, celtíbera, romana y goda, y somos reconquista y restauración, frente al islam, frente a los moros. ¿Cuál es el santo patrón de España? Santiago Matamoros, patrón de las Españas, la espada roja de Santiago, que, según la leyenda, se aparece a Fernán González —no lo cuenta así el poema, el cantar de Fernán González—. Entonces, sí, un primer ciclo histórico fundacional, celtíbero, romano y godo, y un segundo periodo, ya que nos da idiosincrasia, España como reconquista y restauración frente a los moros, frente al islam.

00:05:04–00:07:31

Tercer momento histórico, el imperio, la proyección universal de la cristiandad hispánica. Y ahí, nuestra plenitud: el mayor proyecto político, jurídico, militar, logístico, filosófico, espiritual y religioso que ha conocido la humanidad. La unidad universal del ser humano en torno a un eje que les galvaniza, pero que les eleva hacia la idea de trascendencia, con vehículo en la cristiandad española. Sin negar la diversidad del mundo —recordad que los españoles son capaces de hacer la gramática de las lenguas indígenas—, sin negar la diversidad de los pueblos, sin pretender una especie de homogeneización laminante, sin embargo todo queda galvanizado y unido en torno a un eje vertical que eleva al género humano en torno al cristianismo español, al Dios uno y trino, y al mérito por las obras para merecer el cielo. Y en ese imperio español, fijaos: el Cristo de Velázquez, el entierro del señor de Orgaz, la mística de Santa Teresa, la mística de San Juan de la Cruz, el teatro de Calderón de la Barca —«en la vida todo es sueño, y los sueños, sueños son»—, el Quijote de Cervantes, el teatro de Lope de Vega —«al rey la hacienda y la vida se deben dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma es solo de Dios»—. Madre mía, ahí la España barroca. La España barroca, que no es simplemente un arte, es una manera de mirar el mundo en la cual la carne, los huesos, la sangre, las fatigas y dolores, los calvarios de la existencia, abren las puertas del cielo. Las puertas del cielo están abiertas para los hombres a pesar de las miserias del mundo, y las miserias del mundo nos permiten, por decirlo de algún modo, sobreponernos a esa misma carne para merecer el cielo. Ese es, por decirlo así, el corazón antropológico, filosófico, espiritual de esa España barroca frente a la herejía protestante, que nos dice que ya no caben las obras, que ya no cabe el entendimiento, que ya no cabe el mérito, solo queda la fe; y, para Calvino, la fe y acumular riquezas materiales en el mundo. Vaya basura. Ni en la Grecia del areté, ni en la Roma de la virtus, ni en el culto al héroe del mundo celtogermánico, jamás se plantearon las cosas como lo hizo la herejía protestante. De hecho, alcanzan plenitud ese mundo grecorromano y ese mundo celtogermánico en la idea de santidad y heroísmo de la tradición medieval europea, de la cristiandad y, sobre todo después, de lo que será esa alma barroca española. Finis gloriae mundi: las cosas de este mundo terminan siempre. Y, sin embargo, a pesar de su carácter no contingente, y a pesar del desgarro de la carne en las procesiones de Semana Santa, de ese Cristo clavado en el madero, las puertas del cielo están abiertas. Vamos, que sí, que viva la Semana Santa y viva España, y abajo las gilipolleces, las abominaciones, las necedades de la España inane y la anti-España.

00:07:32–00:10:16

Y es verdad que, después, en adelante, a partir del siglo XVIII, las cosas empezaron a torcer. España lleva casi dos siglos y medio de subordinación cultural y espiritual a aquellos que nos ganaron la guerra. Fijaos, en la Paz de Westfalia, en el Tratado de Utrecht, en la crisis del 98, España va cayendo hasta llegar al punto actual. La España del 78, que yo digo, es una España desfondada, empapada de los dioses débiles: democracia, progreso, derechos humanos, posmodernidad, deconstrucción, globalismo.

00:10:17–00:10:46

Esa España que nos ha llevado a vivir episodios lamentables, como que hayan liberado a Anboto, terrorista confesa, con 14 muertos a su espalda, sin haber jamás lamentado ni haber reconocido el daño moral de lo que hizo, a la calle. Y la misma semana que sale a la calle Anboto, matan a Noelia Castillo con eutanasia. Esa España enferma, desfondada, que, fijaos, se escandaliza: Jordi Évole se ha escandalizado porque en un partido de fútbol de la selección han cantado el himno y han dicho «musulmán, el que no vote», ¿verdad? «Musulmán, el que no vote», y se han escandalizado; es una vergüenza. Bien, pues estos mismos gilipollas, porque no se les puede llamar de otra manera, callan como putas cuando en los partidos en los que juega un equipo español del resto de España en un campo vasco cantan eso de «español, el que no vote», «puta España, español el que no vote», y ahí callan. Se puede menospreciar a la nación española, se puede menospreciar al pueblo español. Que, por cierto, ya lo dije en un vídeo anterior: esos mismos vascos que cantan «español, el que no vote», hay que decirles, oye, ¿pero tu abuelo de dónde es?, ¿y tu bisabuelo, y tu familia, de dónde viene? Si no hay vasco que no tenga raíces en el resto de España, si el resto de España está integrada completamente en lo vasco y lo vasco está completamente integrado en lo español… Si es que estáis agilipollados con la ideología nacional separatista. Si sacáis la ikurriña, que es una bandera falsaria que no representa la historia del País Vasco —si la bandera del País Vasco son los lobos negros de Vizcaya, que son con los que los vascos pelean en la batalla de las Navas de Tolosa—, tontos del higo.

00:10:46–00:12:13

En fin, que creo que ha llegado el momento de sacar el orgullo, sacar el orgullo de estirpe, de historia, de tradición. Y, a pesar de haber llegado al 78, en este momento, esta España del 78 desfondada, capaz de aplaudir la muerte de Noelia, capaz de aplaudir que liberen a Anboto con 14 muertos a su espalda, y que Bildu sea, fijaos, socio preferente del gobierno de Sánchez… Bien, pues, frente a este desastre, creo que hay una parte importante de la ciudadanía española que ha dicho hasta aquí. Y ahora ha llegado el momento del renacimiento. Ha llegado el momento de dar una patada al tablero y decir: lo siento por la democracia, el progreso y los derechos humanos, pero si en nombre de la democracia, el progreso y los derechos humanos nos cargamos la nación española, os vais a la mierda. Lo siento por la posmodernidad, la deconstrucción y el globalismo, y si en nombre de la posmodernidad, la deconstrucción y el globalismo nos cargamos la nación española, a la mierda. Es decir, hay como una especie de… en realidad es una cordura, una sensatez, de decir que no hay razón suficiente para autodestruirnos en nombre de los dioses débiles. Que es justo al revés: los dioses débiles tienen que estar al servicio del pueblo español, no el pueblo español diluirse, romperse, fragmentarse o degenerarse, como ha pasado con el caso de Noelia, en nombre de los dioses débiles. Entonces, sí, frente a los dioses débiles, los dioses fuertes de la Semana Santa, del alma barroca española. Y entonces, sí: ¡viva España, viva la Semana Santa!

00:12:14–00:13:41

DUDAS RAZONABLES

  • 01:17 — «filoprotestante» / posible «protestante»: dentro de la enumeración «endófoba, ¿verdad?, […], afrancesada», Deepgram transcribe «filoprotestante», mientras que los subtítulos de YouTube y MacWhisper oyen simplemente «protestante». Por coherencia con los demás adjetivos acuñados de la lista (endófoba, afrancesada), se ha mantenido «filoprotestante», sin que pueda descartarse con total seguridad la lectura más sencilla.

  • 07:14 — «no lo cuenta así el poema» / posible «nos lo cuenta así el poema»: los subtítulos de YouTube y MacWhisper oyen «no lo cuenta», es decir, que el Cantar de Fernán González no recogería la aparición de Santiago; Deepgram oye «nos lo cuenta», justo lo contrario. Ambas lecturas son plausibles y no puede fijarse con seguridad cuál pronunció el hablante; se ha dejado la lectura mayoritaria, «no lo cuenta».