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Ficha

Estado

Ficha con transcripción íntegra, sin destilar todavía: existe para que el grafo pueda citarla cuando las notas de trabajo se apoyen en ella con peso.

Transcripción

La era del lince blanco y el crepúsculo, el fin del nihilismo moderno. Ojalá sea así. Veamos. Mirad, seguro que os acordáis: a finales de octubre, poquísimo antes de la fiesta de Todos los Santos y Fieles Difuntos, resulta que apareció en Sierra Morena, se grabó un lince blanco. Era de una belleza tremenda, impresionaba ver un animal tan bonito, un gato tan grande y tan hermoso, con esa aura misteriosa de su color blanco. Y, por un lado, se estableció una hipótesis de por qué podía ser blanco, distintas divagaciones científico-técnicas de qué podía estar pasando; pero, por otro lado, seguro que os acordáis de cómo en redes sociales, bueno, pues hubo una especie de de sensación de augurio, como si el lince blanco fuera el augurio de algo que podía anunciar el cambio de fase, el regreso de la España eterna a la Iberia mágica, el pueblo ancestral español que sigue vivo y se niega a morir en las oscuridades de la posmodernidad. Bueno, ¿sabéis lo que pasó? Fue interesantísimo.

00:00:09–00:01:21

Y ciertamente, en mi caso, que obviamente no soy un moderno y me muevo en las coordenadas filosóficas, espirituales, poéticas de la cosmovisión tradicional, para mí, obviamente, fue un augurio. Como si fuera un fantasma, ¿verdad? En la semana de los muertos, en el anuncio de la fiesta de los muertos —quizás una de las más antiguas del calendario tradicional; a día de hoy es una fiesta cristiana, pero se sabe de su vínculo con el calendario pagano, posiblemente se celebra desde el Neolítico, en ese punto intermedio entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno—, se celebra en el crepúsculo del año, la fiesta de los muertos. Bien, pues, en el Día de los Muertos, en la semana de los difuntos, el lince blanco, como un augurio, como una llamada del pasado, pero de un pasado que es siempre presente, porque es portador de aquello que es perenne, que es eterno, y que siempre merece la pena ser actualizado. Bien, pues todo esto operó en las redes sociales, y pudimos ver, por supuesto, el cinismo, el positivismo moderno, y el desprecio a la sola idea del augurio, ¿verdad? El hombre moderno así vive. Y luego, sin embargo, una sensibilidad natural de muchos ciudadanos que dijeron: maldita sea, esta es la señal. El lince blanco nos señala que quizás ahora las cosas andan como están, pero todavía hay esperanza, todavía la España eterna puede volver a actualizarse y hacerse presente, a pesar de las oscuridades babilónicas de la posmodernidad.

00:01:21–00:02:47

Bien, pues traigo a colación esta idea del lince blanco y las postrimerías de decadencia o colapso del nihilismo moderno, porque precisamente quiero pensar que, más allá de que yo sienta el lince blanco como un augurio —que os aseguro que es así; estoy chapado, no a la antigua, sino a la arcaica y ancestral, y para mí es así—, más allá de eso quiero señalar que todo indica a que la modernidad contemporánea pudiera haber entrado en un ciclo de crisis que ya no sería recurrente ni intermitente, sino anuncio de su propio colapso, de su propia limitación. Hay que entender que nosotros estamos viviendo, a día de hoy, en un ciclo histórico que podríamos llamar de la modernidad contemporánea, que se siembra ya en la Paz de Westfalia, que va a suponer la victoria, la hegemonía del paradigma protestante en Europa sobre el paradigma católico, en ese momento defendido, abanderado por el Imperio español; se siembra, a mi entender, en la Paz de Westfalia, pero es en la segunda mitad del siglo XVIII que realmente se va a hacer presente. La modernidad contemporánea habría comenzado en esa segunda mitad del siglo XVIII. Es ahí donde se van a gestar las ideologías que siguen, de un modo u otro, directa o indirectamente, articulando la modernidad de Occidente, y aparecerán ahí ya los gérmenes, las raíces del liberalismo, del socialismo, del nacionalismo —lo correcto es decir de los liberalismos, de los socialismos, de los nacionalismos—. Y, en este sentido, es la Revolución americana, la Revolución francesa, posteriormente ya en el siglo XIX, el arranque de la Revolución industrial, pero también de la Revolución rusa: la modernidad contemporánea. Vivimos dentro de ese ciclo histórico.

00:02:48–00:04:33

Modernidad contemporánea que pretende haber puesto fin al oscurantismo del Antiguo Régimen, haber puesto fin al oscurantismo del absolutismo, pero que, en realidad, lo que ha terminado de destruir es la comunidad política cristiana, la comunidad política cristiana tradicional. El absolutismo, efectivamente, es una esclerosis del orden tradicional, y en sí mismo da la impresión de que el absolutismo prepara el germen de su destrucción, cuando después surja la ideología ilustrada, hija de la Reforma protestante, y esta termine de producir la destrucción de la comunidad política cristiana del orden tradicional. Sin entrar ahora en el desarrollo argumental —es interesantísimo, de filosofía y de historia— de cómo se gesta la modernidad contemporánea destruyendo el Antiguo Régimen, el cual, a su vez, en lo que respecta a su absolutismo, es ya una esclerosis y degradación del orden tradicional; sin entrar en esa cuestión, sí que pareciera que 250 años después, casi 300 años después del amanecer de esa modernidad contemporánea en la segunda mitad del siglo XVIII, 250 años después, pareciera que quizás se está abriendo la posibilidad del fin de la modernidad contemporánea, del fin de este ciclo histórico cuyo fruto maduro ha sido la civilización del nihilismo.

00:04:34–00:05:55

Pudiéramos estar viviendo, en tiempo real, en los próximos 15, 20, 30 años, no más —yo estoy convencido de que van a ser 10, 15, 20—; para cuando estemos celebrando el centenario de la Segunda Guerra Mundial, entre el 2040 y el 2045, creo que en 20 o 25 años a lo sumo, las inercias que ahora están en marcha nos van a ir llevando cada vez más a esta idea del fin, del espejismo de la modernidad contemporánea, de la alucinación del individuo abstracto universal que plantea el globalismo y que permite las inmigraciones, los movimientos migratorios masivos, el individuo abstracto universal del globalismo, contrario a la realidad de las cosas. El fin del igualitarismo a marcha martillo, fruto de dicho globalismo, que, de nuevo, no es capaz de comprender qué cosa es la persona humana, a diferencia del mero átomo individual, que ni mucho menos refleja qué cosa es la persona humana.

00:05:56–00:06:54

Daría la impresión de que, efectivamente, la modernidad contemporánea pudiera estar entrando en colapso, y revelándonos hasta qué punto es una distopía la mano invisible del mercado, como lo es el comunismo, como son las ideas de los liberalismos y los socialismos, que pareciera, en tono ridículo, vamos a decir una caricatura, que se mueven entre la canción Imagine, de Lennon, cuya letra es abiertamente una gilipollez de posmodernidad contemporánea, y, por otro lado, el hormiguero rojo chino, el hormiguero rojo chino. En todo caso, de nuevo, tampoco voy a entrar ahora aquí en una crisis —perdón, en una crítica— para desmenuzar en distintas capas y carpetas las disfuncionalidades de esta modernidad contemporánea, pero sí que parece que, al final, nos hemos encontrado con que las utopías del siglo XVIII y XIX, que son en las que vivimos, en las utopías del siglo XVIII y XIX, nos han llevado a una distopía: a la distopía de la posmodernidad, la deconstrucción y el globalismo. Y esa fantasmagoria de la posmodernidad, la deconstrucción y el globalismo, pudiera estar anunciando, para los próximos 5, 10, 15, 20 años, y más aún con la implementación de la inteligencia artificial, no solo su carácter completamente disfuncional e irracional —lo diré las veces que haga falta—: el individuo abstracto universal del globalismo, que permite la idea de la inmigración masiva a lo largo y ancho del planeta; del igualitarismo falaz, incapaz de entender qué cosa es la dignidad esencial, qué cosa es el individuo y, por supuesto, qué es la persona, que es donde se rompe con la idea del igualitarismo. Todo esto es incapaz de ser articulado desde las ideologías modernas.

00:06:54–00:08:36

Y cada vez más, de manera intuitiva, sin necesidad de argumentarlo, de manera intuitiva, la ciudadanía de España, de Europa y de Occidente lo nota. La idea de estar viviendo en una especie de disparate, de poshumanidad, capaz de considerar —como comenté en un vídeo anterior— que 100.000 abortos al año, como ha habido en España, eso sea un logro. Incapaz de considerar que eso sea un logro. No, eso ya no es un logro. 100.000 abortos al año no es ningún logro. Pues la idea de la poshumanidad nihilista, la poshumanidad nihilista, como el fruto maduro de la modernidad contemporánea. Las promesas de utopía de los liberalismos, los socialismos, los nacionalismos, la idea de que la historia, la humanidad, avanza y progresa, sería falaz. Habría progreso económico, técnico y científico, pero para todo lo demás, una bancarrota antropológica. De tal modo que pareciera que la modernidad contemporánea nos invita a que, en nombre de la democracia y los derechos humanos, podamos destruir las naciones de Europa bajo el paraguas de la inmigración masiva, el invierno demográfico y la ideología de género. Bien, pues yo creo que salta a la vista hasta qué punto todo esto es una alucinación. La inmigración masiva no va a funcionar, el invierno demográfico es un desastre, y la ideología de género es un disparate.

00:08:36–00:09:56

Entonces, como he dicho en otros vídeos —los que me siguen ya lo saben—, la modernidad contemporánea ya no funciona. Está anunciando, para los próximos 5, 10, 15, 20 años, la posibilidad de entrar en una suerte de atolladero. Un atolladero en el que, por un lado, su carácter invivible, disfuncional, patógeno para el alma, con esos problemas de salud mental desaforados… Bien, quizás la locura vaya más, la neurosis vaya más; o sea, cada vez sea más evidente que la sociedad está enferma. No enferma de salud material, de riqueza y prosperidad —que, como nunca antes, hemos logrado unos estándares de riqueza material que desbordan—, sino de bancarrota interior. Bancarrota interior que, encima, cada vez más parece que no tiene refrendo ni siquiera en esa riqueza material, pues se va produciendo un proceso paulatino de precarización de la clase media. En ciudades grandes como Madrid esto es evidente; cualquiera que sea honesto intelectualmente se da cuenta hasta qué punto la clase media, en ciudades como Madrid, va quedando agostada, va quedando encajonada y limitada, más allá de su propia condición de clase media, y va entrando en una suerte de precariado, precariado material, económico, de vivienda. Bien, lo sabemos, lo hemos hablado también en otros vídeos. Yo digo que si, a 15, 20, 25 años a lo sumo, se va a hacer, incluso con la inteligencia artificial, más patente esa idea de estar viviendo en una distopía, y que la alucinación de la modernidad contemporánea, efectivamente, era una alucinación, un espejismo; que no hay progreso cuando la persona es débil, que no hay progreso cuando la sociedad es demente, que no hay progreso cuando solamente es cuantitativo y no es cualitativo, y cuando se produce bancarrota en los valores cualitativos de la vida humana, a pesar del aparente éxito material —y digo aparente, porque ya digo que se está produciendo una precarización de la clase media—; bien, pues entonces, en este escenario, es cuando surgiría la posibilidad de una contestación. Y una contestación ahora radical, y radical porque no pretende corregir la situación actual refinando el liberalismo, refinando el socialismo, refinando el nacionalismo, sino que se quiere corregir la situación apelando ya a valores arcaicos, ancestrales, originarios, perennes, como si se pudiera hacer un regreso a aquello que siempre es verdad, que siempre es válido, que siempre es operatorio, y que siempre estructura personalidad y comunidad.

00:09:56–00:12:21

Fijaos, a bote pronto —y esto es una labor intelectual pendiente de hacerse— cuáles son o en qué consiste esa idea del regreso de los dioses fuertes, del regreso de aquello que es arcaico, ancestral, originario y perenne, y que, en un sentido positivo, como arcaico es anagógico, de elevación espiritual de la sociedad y de la persona. Bien, pues aquí hay una serie de ideas que en sí mismas chocan, confrontan directamente la propuesta de humanidad que surge de la modernidad contemporánea, que surge de las ideologías de la Ilustración, que surge de la Revolución francesa, la Revolución americana o la Revolución rusa. Frente a todo ello, el regreso de los dioses fuertes, donde podemos hablar, fijaos, a bote pronto, algunas ideas. Separación radical de sexos. Separación radical de sensibilidad: sexo masculino, sensibilidad femenina, roles masculinos, roles femeninos, qué es un hombre, qué es una mujer. O sea, una primera afirmación radical del eterno masculino, del eterno femenino. Hombres y mujeres, nada más. A partir de aquí, también, la idea de una comunidad orgánica a partir de la complementariedad del hombre y la mujer en la familia. La familia coreana es extensa, que no es atomizada, no es una familia pequeñoburguesa, incluye a los hermanos, a los primos, a los vecinos, a los abuelos, tal y como ha sido siempre la organización orgánica, familiar, casi clánica, que de manera natural genera el ser humano. Hombre, mujer, comunidad orgánica, familia, linaje. Esta idea de linaje nos señala que esa familia, esa comunidad orgánica, se puede mover en un ámbito de transmisión de raíces, de dimensión étnica y antropológica, de cosmovisión, transmisión de linaje, raíces, de misión étnica y antropológica. De nuevo, ya no es simplemente la familia atomizada, el individuo atomizado, sino que es hombre y mujer, comunidad orgánica enraizada en torno a la idea de familia, y al mismo tiempo de vínculos familiares en la familia extensa, que al mismo tiempo están avalados por linaje y tradición. ¿Qué es el ser humano sin linaje y tradición, sino un verdadero pelele posmoderno? Linaje y tradición.

00:12:21–00:14:29

Y a partir de aquí, también, la idea de espiritualidad, de dimensión de la trascendencia, de memento mori, como decía el Barroco español, de recuerdo de la muerte, de vivir en presencia de la muerte, la contingencia, y con orgullo de grandeza de alma frente a lo bueno y lo malo, afrontando así la vida con un argumento primero, que no es cuantitativo sino cualitativo, es el argumento del mérito espiritual frente a la muerte. Vivir para hacer mérito espiritual frente a la muerte, que es una idea axial del mundo arcaico, del mundo tradicional. Y a partir de aquí, de nuevo, la idea de rito, de ceremonia, de liturgia. La idea de lo sagrado y del misterio de la vida y del mundo. La vida sigue siendo misteriosa, el mundo sigue siendo misterioso. Da igual la ciencia, da igual la técnica, porque hay algo en lugar de nada, ¿verdad? Eso que está en las cosmogonías ancestrales de todos los pueblos premodernos, de todas las sociedades premodernas, vuelve a ser vigente, porque de nuevo es una idea originaria, perenne, que acompaña, por decirlo así, como plantilla base al alma humana.

00:14:30–00:15:30

Y aquí, de nuevo, vinculado a esto, a todo lo anterior, la idea de autoridad, jerarquía y orden. Frente a la idea horizontal del poder, frente a la idea horizontal de la decisión, frente a la idea horizontal de lo humano, autoridad, jerarquía y orden, la verticalidad y la responsabilidad y sentido del deber de acuerdo a la verticalidad, con una idea de sometimiento de la individualidad a la verdad. El individuo se somete, se alinea con la verdad. Volvemos a la consigna evangélica: «la verdad os hará libres». No la libertad te hace verdadero. La verdad te hace libre, no la libertad te hace verdadero. Y, entonces, a partir de aquí, claro, una ética del honor, del valor, del coraje, de las virtudes castrenses, pero también de la sabiduría, de la idea de la transmisión de lo sapiencial. Está la ciencia, la técnica y la comprensión material del mundo, pero luego está la sabiduría, que tiene que ver con una especie de sabiduría de ti mismo, sabiduría de qué es ser persona, qué es la vida humana, cuál es el argumento primero y radical de la existencia. Y a partir de ahí, una proporcionalidad entre derechos y deberes. Frente a la Carta Universal de los Derechos Humanos, la Carta Universal de los Deberes Humanos, incluso de los deberes españoles, de los deberes del hombre y de los deberes de la mujer. Y el orgullo de decir: «antes que derechos, tengo deberes». «Antes que derechos, tengo deberes». Y ahí ya rompiendo radicalmente con el paradigma de la modernidad contemporánea, incapaz de entender que va siempre el deber antes que el derecho.

00:15:30–00:16:58

Y a partir de aquí, también, todo esto enmarcado con una especie de coordenadas o andamiaje colectivo, que es la idea del pueblo como comunidad diacrónica de destino a lo largo del tiempo. A lo largo del tiempo, diacrónica de destino significa democracia de los muertos. El pasado existe, se proyecta en el presente. Tenemos tradición y linaje, no podemos decidir unilateralmente sobre cosas heredadas. Una herencia no es una propiedad, no se puede vender e intercambiar en el mercado; se honra, se enriquece el alma con aquello que se te transmite en esa herencia, y se engrandece con ese mismo argumento espiritual. No sé si me he explicado: no es lo mismo una propiedad que una herencia. Bien, pues la idea de la comunidad diacrónica como una heredad, la democracia de los muertos, el pasado en el presente, tradición y linaje. Claro, esto se opone a la comunidad sincrónica de individuos atomizados que votan, que votan y eligen disparatadamente. Bueno, pues esta generación va a elegir si los vascos son vascos, españoles, o las dos cosas, o ninguna, ¿verdad? Parece que se puede votar eso, ¿no? Eso no se puede votar. A lo largo del tiempo, la tradición y el linaje te dice ya lo que eres. No te lo puedes inventar en un sufragio y decir: vamos a elegir que solo se puede ser catalán o español. Mentira, mentira, da igual lo que votes, la realidad es otra. La verdad va antes que tu opinión y tu libertad. Es la verdad la que te hace libre y no la libertad la que te hace verdadero. A bote pronto, estoy dando como una especie de tormenta de ideas en torno a cómo puede producirse el regreso de los dioses fuertes. En esta limitación, en este colapso, en este agostamiento de la modernidad contemporánea, en el nihilismo de la modernidad contemporánea, volver a valores arcaicos, ancestrales, originarios, perennes: el hombre, la mujer, la comunidad orgánica, la transmisión del linaje, la transmisión de la tradición, el pueblo como comunidad diacrónica de destino, y no como mera sincronicidad de individualidades atomizadas. La dimensión de la espiritualidad, la trascendencia, el memento mori, el recuerdo de la muerte y el mérito espiritual frente a la muerte; la idea de rito, de ceremonia, de liturgia, y, a partir de ahí, de misterio, de lo sagrado; la idea de autoridad, jerarquía y orden; la idea de sometimiento de la individualidad personal a la verdad, y en ese sometimiento, la verdadera personalidad, y no en la subjetividad de la cápsula individual que cree que es la libertad la que te hace verdadero y no la verdad la que te hace libre. Y también la idea del honor, de la lealtad, de las virtudes castrenses, guerreras, el orgullo de lo heroico, de lo guerrero, en maridaje con la idea de lo sapiencial, de la sabiduría, del entrenamiento del alma en el ejercicio de la sabiduría.

00:16:58–00:19:44

Y todo esto nos lleva a esa idea de ser capaces de, sin renunciar a los logros económico-técnicos y científicos de nuestro tiempo, estructurar el alma conforme a esa idea de lo arcaico, de lo ancestral, originario y perenne. Sin dejar de sacar provecho a los logros económico-técnicos y científicos de la modernidad contemporánea, que va a ser al final su único legado, pasar página del siglo XVIII y del siglo XIX. Pasar página de la Ilustración. Pasar página del liberalismo. Pasar página del socialismo. Pasar página del nacionalismo. Tirad a la basura la mano invisible del mercado. Tirad a la basura la lucha de clases. Tirad a la basura los Discursos a la Nación Alemana de Fichte. Maldita sea, se acabó. Volver a eso que es para siempre, eterno: los dioses fuertes. Lo que es casi la naturaleza misma de lo humano. Uniendo el progreso económico-técnico al que no renunciamos con una alma arcaica, ancestral, originaria. Y que, además, nos la jugamos en esta idea del regreso de los dioses fuertes, pues una de dos: o terminaremos de convertirnos en una manzana podrida, la manzana podrida de la modernidad occidental, o la manzana podrida será destruida por los orcos de Mahoma, por el salafismo, por el islamismo, por las hordas de Gog y Magog, del nihilismo religioso de los obsesos de Dios, que nos trae la religión mahometana y su fórmula ya desquiciada de islamismo.

00:19:44–00:21:06

Bien, pues frente a esto hay que combatir. Y no se combate con la modernidad putrefacta, decadente y degenerada del nihilismo posmoderno. Frente a ese islamismo necesitamos una suerte de nuevos bárbaros, que tenemos que ser nosotros. Los bárbaros que destruyen la decadencia de la modernidad contemporánea y ponen pie en pared frente a los salvajes, regresivos e irracionales del islamismo, con los que, lo diré las veces que haga falta, no hay nada que negociar. Ni una sola mujer tapada en Europa ni en España. Ni una sola mujer con el velo, los ojos y guantes negros en las manos para ir al Mercadona. Ni de coña. A la mierda. Nada que negociar. Nada que hablar. Los derechos humanos y la democracia no van a estar por encima de la tradición, del linaje. No van a estar por encima de la verdad de las cosas, el orden del ser y aquello que somos, independientemente de los errores políticos que cometamos. Eso que somos, independientemente de los errores políticos que cometamos: los dioses fuertes. Los dioses fuertes frente a la decadencia, la manzana podrida de la modernidad contemporánea, y frente a esa cosa regresiva y racional, a los salvajes, los orcos de Mahoma del islamismo. Y aquí, claro, se necesitará una concepción ontológica de la nación y la patria. Fijaos, una concepción ontológica de la nación y la patria, y una concepción ontológica del hombre y la mujer, que ahora serán complementarios, que estarán llamados siempre a engarzarse, para mantener la propia tradición y linaje de los que ellos son herederos, con una idea fuerte de unidad y de bien común. Con una idea fuerte de unidad y bien común, donde el reconocimiento de la diversidad de las regiones, las comarcas, los pueblos, no puede llevar a la fragmentación de la unidad, de la raíz.

00:21:06–00:22:42

En este sentido, de nuevo, como siempre digo, nada que negociar con la anti-España. Nada que negociar. Cuando la juventud vasca va a un partido de fútbol gritando eso de «puta España, puta selección, español el que no vote», hay que decirlo claramente: esta gente, sus padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, su linaje, completamente, es español. Todos, todos, no se salva ni uno. Tienen vínculos históricos, antropológicos y familiares con el resto de España. Son tan españoles como yo, aunque la ideología ultranacionalista antiespañola del PNV y de Bildu les haya machacado, les haya reducido a pulpa la racionalidad política y el conocimiento de sí mismos. Entonces, concepción ontológica de la nación y la patria, concepción ontológica del hombre y la mujer y su complementariedad, y horizonte de unidad, fuerza y bien común, donde no cabe la atomización fragmentaria. Y entonces hay orgullo de esa identidad común y de esa patria, afirmación de esa identidad común y de esa patria, y exaltación, si cabe, incluso desde dicha afirmación, de los momentos de grandeza espiritual, artística, heroica, guerrera, sapiencial de nuestros ancestros. Y entonces, ahí se genera una especie de punto de encuentro, vamos a decir, de patriotismo natural, de patriotismo como virtud, en el cual el debate político va a posteriori. La cuestión política izquierda-derecha va a posteriori de la patria. Porque, como digo siempre, sin arraigo no es posible la buena política; sin arraigo ni siquiera es posible una personalidad estructurada.

00:22:42–00:24:10

Entonces, el arraigo como regreso de los dioses fuertes, el regreso de los dioses fuertes como arraigo: valores arcaicos, ancestrales, originarios, perennes. Gracias al arraigo, la buena política es posible. Gracias al arraigo, es posible construir la personalidad, la lucidez y el esclarecimiento, y no ir por ahí por la vida diciendo «puta España, puta selección, español el que no vote» —unos tíos a los que no habría más que preguntarles, y encontrarías que sus abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, pues uno es de Burgos, el otro es de Vitoria, y el bisabuelo vino de Huelva y se fue a vivir al País Vasco; venga, coño, joder—. Frente a todo este disparate, sin arraigo no es posible la buena política, ni siquiera es posible el esclarecimiento personal. Entonces, sí, yo creo que quizás pudiéramos estar —lo voy a decir así, aunque suene un poco loco— en la era del lince blanco, que, casi a la manera quijotesca, ya que estamos en España, es decir, ese lince blanco que aparece poco antes del Día de los Muertos, como anuncio de la posibilidad de que, conforme los próximos años se haga más evidente lo disfuncional de la modernidad contemporánea, se haga entonces más evidente la necesidad de ir a su antagonista.

00:24:10–00:25:18

El antagonismo de la disfuncionalidad de la modernidad contemporánea, el antagonista radical, la némesis del nihilismo posmoderno, no es refinar los liberalismos, no es refinar los socialismos, no es refinar los nacionalismos, no es volver a hablar de la mano invisible del mercado, la lucha de clases o el espíritu del pueblo. Aquí lo que hay que hacer es volver a una cosmovisión de tradición y linaje, de esa dimensión de lo arcaico, ancestral y originario, actualizado a la contra de esta modernidad contemporánea. Y entonces sí, como me gusta decir, apuntar nosotros mismos a ser los nuevos bárbaros, frente a la manzana podrida de decadencia y degeneración que dice que 100.000 abortos al año es un logro. Eso nunca es un logro, eso nunca es progreso, eso siempre es un disparate y una abominación. Unos nuevos bárbaros que tenemos que ser nosotros, que digamos: ni decadencia ni degeneración. Vamos a pasar página de la Ilustración, el liberalismo, el socialismo, el nacionalismo, porque antes que todo vamos a tener raíces, raíces en la verdad que hace libre, y no en el disparate de la libertad que hace verdadero. Y, al mismo tiempo que confrontamos nuestra propia decadencia y degeneración, lo que vamos a hacer también es poner pie en pared frente al islamismo. Nada que negociar. Ni una sola mujer tapada en Europa, no se va a consentir. No vamos a decir que la democracia y los derechos humanos la avalan. Nos importa un bledo la democracia y los derechos humanos si lo que está en juego es la pervivencia de la tradición, el linaje de lo que somos.

00:25:18–00:26:44

Si vamos a tener que aguantar a los orcos de Mahoma en las ciudades de España, de Europa… claro, esto dices: «tú eres un reaccionario, un fascista, un lo que sea». Mira, perdona que te diga: todo lo que me digas, todo lo que digáis que somos, lo somos, y aún peor. Todo lo que digáis que somos, lo somos, y aún peor. Y si me llamas facha, fascista, déjame que te diga: te quedas corto, porque creo que no estás comprendiendo en profundidad la impugnación radical e integral que estamos planteando respecto a la modernidad contemporánea. Te quedas corto. O sea, eso que llamo el regreso de los dioses fuertes, eso que he llamado la era del lince blanco, eso que he llamado valores arcaicos ancestrales originarios a la contra del nihilismo posmoderno, es algo que está a la derecha de la última derecha radical que tú quieras ver. Fíjate lo que te digo: llámame lo que te dé la gana, pero te quedas corto, la impugnación es total.

00:26:45–00:27:33

Y esto se siembra ahora, esto se está sembrando ahora, para que, conforme avance lo disfuncional de la modernidad contemporánea, emerja el sujeto persuadido, radicalmente persuadido, de que vamos a pasar página del siglo XVIII y del siglo XIX, que vamos a dejar de ser herederos del siglo XVIII y del siglo XIX, y que vamos a traer algo nuevo, algo nuevo que, a su vez, es ancestral, arcaico y eterno, perenne, y que no podemos decretar ahora mismo —no podemos decretar qué forma concreta tendrá—, pero podemos anunciarlo, forjarlo, sembrarlo, con la idea de que raíces, linaje y destino van de la mano. Raíces, sabiduría, honor, linaje y destino van de la mano. El regreso de los dioses fuertes, los nuevos bárbaros contra la manzana podrida del nihilismo posmoderno y contra los orcos de Mahoma del islamismo, con los que claramente nada que hablar, nada que negociar, fuera de aquí.

00:27:33–00:28:27

DUDAS RAZONABLES

  • 03:05 — «estoy chapado, no a la antigua, sino a la arcaica y ancestral» / posible «esté chapado, ¿no?, a la antigua, a la arcaica y ancestral»: en este pasaje el audio es especialmente confuso; el propio JSON de Deepgram marca «esté» y «chapado» con confianza muy baja (0,48 y 0,70), y frente a eso YouTube y MacWhisper (transcripciones idénticas entre sí) leen una construcción distinta, con «no» como negación contrastiva («no a la antigua, sino a la arcaica») en lugar de como muletilla interrogativa. Se ha optado por la lectura de YouTube/MacWhisper, más coherente gramaticalmente.
  • 22:06 — «esa cosa regresiva y racional» / posible «esa cosa regresiva e irracional»: tanto Deepgram como YouTube/MacWhisper coinciden en «racional» (con confianza media-alta en Deepgram, 0,83), pero el hablante usa poco antes, para referirse al mismo islamismo, la expresión «salvajes, regresivos, irracionales», lo que hace sospechar una elisión de la «i» inicial de «irracional» en este segundo uso. Ante la coincidencia de las fuentes en «racional», se mantiene esa lectura en el texto final, dejando constancia de la alternativa.