Topology
- Authored by: gonzalo-rodriguez-garcia
Ficha
- Autor: Gonzalo Rodríguez García
- Formato: vídeo, canal La Forja y la Espada (YouTube)
- Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=MHJi4LJ2pXU
- Duración: 25:21
- Transcripción: cotejada entre subtítulos de YouTube, MacWhisper (whisper large-v3) y Deepgram Nova-3 (diarizado); corregida a mano el 2026-08-10.
Estado
Ficha con transcripción íntegra, sin destilar todavía: existe para que el grafo pueda citarla cuando las notas de trabajo se apoyen en ella con peso.
Transcripción
Vamos a grabar la que va a ser la última forja, la última forja de este curso 25-26. Retomaremos estos vídeos ya a partir de septiembre con el nuevo curso 26-27. Y esta última forja toma como punto de partida, fijaos, todo esto que está ocurriendo a día de hoy con ZP, con ZP y su secretaria Gertrudis y ese chat de WhatsApp que tenían estas dos personas y las joyas de la Castafiore que guardaba en la caja fuerte ZP. Toda la cosa chusca, toda la cosa chusca que está surgiendo alrededor del zapaterismo, la zapaterada, y esta suerte de síntoma o señal de fin de ciclo en el que conviene echar la vista atrás y darnos cuenta cómo ZP, que fue defenestrado por la propia izquierda cuando hizo aquellos recortes, el primer gran recortador en el ámbito de la política española, el primer gran recorte que se cargaba el Estado del bienestar, lo hizo ZP.
Entonces, echando la vista atrás, creo que es justo darnos cuenta cómo con el gobierno de ZP, y porque era posible, estaba preparado y era en gran medida la inercia natural de la España de la Constitución del 78, con ZP comenzaba algo que, más allá de que se cayera con la mochila entera el día que pega los recortes y fuera defenestrado por la izquierda y después recuperado por la izquierda… Más allá de ese episodio, con la España de ZP termina de ponerse sobre el tapete el horizonte de autodestrucción, de autodestrucción implícita, implícito, el horizonte de autodestrucción implícito en la Constitución del 78.
Entonces, la secuencia de acontecimientos, a ver, no sé si me estoy explicando, fijaos, es: los atentados de Atocha, Zapatero, la crisis, los brotes verdes, los recortes brutales que aplicó ZP, la indignación, los indignados, el 15M, M. Rajoy, la crisis de la corrupción de M. Rajoy, la Gürtel, la caída de M. Rajoy, el Bárcenas, el macarrilla barato del Bárcenas, que resulta que era quien llevaba las cuentas del Partido Popular, qué cosa también más chusca, Podemos, el auge de Podemos, de Pablo Iglesias, Pablo Iglesias cada dos por tres en la Sexta en televisión, ¿verdad? Parecía aquello a lo presidente. Y finalmente, ¿no?, el advenimiento del sanchismo y su reverso mediático, la sanchosfera.
Bien, pues todo esto que acabo de, muy sintéticamente, traer a colación es un proceso paulatino de decadencia y degeneración de España. Proceso paulatino de decadencia y degeneración de España que tiene su punto de partida en ZP. Que, más allá de lo inútil que resultó ZP con la crisis, los brotes verdes, los recortes, defenestrado por la propia izquierda, después recuperado como faro moral, madre mía, recuperado como faro moral en gran medida por el sanchismo y la sanchosfera, más allá de todo lo que ha pasado en los últimos 25 años, la cuestión fundamental es que lo que ha pasado ha sido posible porque el propio marco y horizonte del 78 lo hace posible y apunta en esa dirección. Como hemos dicho en otras ocasiones, no nos hemos desviado del camino, estamos arribando a donde cabía esperar.
Y las joyas de ZP, Gertrudis, su secretaria, toda esta cosa que vemos ahora y que ni Berlanga ni Santiago Segura podrían haber afinado así de bien, toda esta cosa chusca, ¿no?, que parece señal, ojalá sea así, del fin del ciclo del sanchismo, de la sanchosfera, el fin de estos últimos 25 años, nos lleva a pensar que, efectivamente, la Constitución del 78 prepara el tablero para que paulatinamente emerja una España decadente, degenerada, desarraigada, posnacional, como hemos dicho en otras ocasiones, que tiene su fruto maduro en el horizonte político que se ha articulado en torno al sanchismo y sus círculos concéntricos, y la sanchosfera y sus círculos concéntricos, que incluyen, por supuesto, el paradigma podemita, el paradigma de Iglesias, la propia corrupción sistémica que había en ese PP de M. Rajoy, Bárcenas, la Gürtel. En fin, que lo que hemos vivido en los últimos 25 años nos trae hasta el punto de decadencia y degeneración que estamos ahora, no nos hemos desviado del camino.
Y quizás la caída de ZP, que tiene toda la pinta de que su cabeza va a rodar, ¿eh?, con esas joyas de la Castafiore puestas, nos anuncia el fin de un ciclo en el que pareciera que emerge otra cosa. Emerge otra cosa que a veces hemos llamado aquí, ¿no?: la España una, grande y libre vuelve. Una, grande y libre, hombre, claro. Unidad galvanizada en su diversidad, en su heterogeneidad, unida, fuerte, grande, orgullosa, arraigada, proyectada desde su orgullo y sus raíces en el mundo, y libre, soberana, soberana frente al globalismo, ¿verdad? Entonces, frente al bumerato, ¿eh?, lo que más odia el bumerato, lo que más miedo le da, que la juventud grite «una, grande y libre». Ya estamos en esas, la juventud rebelde que grita «una, grande y libre».
Ahora, fijaos, más allá de este análisis somero, que no sé si he articulado coherentemente, espero que sí, más allá de este análisis somero de lo que ha pasado los últimos 25 años, consecuencia de lo sembrado en el mismo momento en que el tablero de juego fue el 78, creo que podemos ir un poquito más a poner el dedo en la llaga. Porque lo que estamos viendo, a mi entender, en España no es puntual de España ni contingente respecto de España, sino que el problema español es la forma concreta que en España tiene un problema civilizatorio.
Y a ver si me explico. Mira, nosotros en esta modernidad contemporánea, en Europa, en España, en Occidente, no estamos viviendo, maldita sea, en las coordenadas filosóficas, teológicas, jurídicas, espirituales de la escuela de Salamanca. No. Hablaremos de ello en un vídeo, ¿eh?, lo vamos a tener que explicar y desarrollar. Pero no estamos en el armazón filosófico de la España imperial, heredera de la grandeza grecorromana, de la cristiandad medieval, del proyecto tradicional europeo. No, no estamos ahí. No estamos en la alternativa española que llamé en mi libro Hispanofilia, ¿no? Hablé de una alternativa española mal lograda en la paz de Westfalia, efectivamente. No estamos en la escuela de Salamanca ni en la continuidad que va de Alejandro Magno a César, de César a Carlomagno, de Carlomagno a Isabel la Católica, de Isabel la Católica al Imperio español. No, no estamos en esa continuidad. Esa continuidad se rompe a través de la paz de Westfalia, a través del siglo XVIII, a través del llamado siglo de las luces, que ha terminado por convertirse en la época de las oscuridades. Y, efectivamente, no somos a día de hoy herederos de la escuela de Salamanca, sino del siglo XVIII y del siglo XIX.
Y de eso que he llamado, ¿eh?, paz de Westfalia, donde triunfa la herejía protestante. La paz de Westfalia es el triunfo de la herejía protestante, y el siglo XVIII, siglo de luces que siembra oscuridades, es hijo de esa misma herejía. Y por eso digo que no vivimos en las coordenadas filosóficas, teológicas, jurídicas, antropológicas de la escuela de Salamanca, sino en la de sus antagonistas, que en esa paz de Westfalia separan auctoritas de potestas. La potestas se emancipa del principio de autoridad. La potestas se emancipa del principio de autoridad. Contra eso lucha la España imperial, ¿no?, como katechón u obstáculo providencial. Pero, por decirlo así, somos derrotados, ¿verdad? Y entonces, sí es posible el siglo XVIII, es posible el siglo de las luces que siembra oscuridades y es posible la subversión luciferina de la modernidad contemporánea.
Mirad, muy sencillo. La he explicado en mi libro El aullido del lobo, ¿eh?, detenidamente. Fijaos, si tuviéramos que sintetizar la cosmovisión tradicional que reivindica la escuela de Salamanca, diríamos: la verdad os hace libres. Definir el bien del hombre en torno a la verdad que nos hace libres nos organiza el resto de las dimensiones sociopolíticas y socioeconómicas. La verdad nos hace libres. Bien, pues la modernidad contemporánea, hija del XVIII, del XIX, y a su vez hija de la subversión protestante, lo que te dice es: la libertad te hará verdadero. Frente a «la verdad nos hará libres», «la libertad te hará verdadero». Frase que, por cierto, fue glosada por el propio ZP, son palabras de ZP: «Se os ha dicho que la verdad os hará libres; yo os digo que la libertad os hará verdaderos».
Bien, esa es la clave de bóveda de la subversión filosófica, espiritual, antropológica de la modernidad contemporánea. Esa es la clave de bóveda del malhadado siglo XVIII y su hijo siglo XIX, cuyo fruto maduro es la sociedad onlyfanera, globalista, inmigracionista, decadente y degenerada del 2026. Llevamos como dos siglos y medio, tres, dos siglos y medio, tres, de modernidad contemporánea. Y esa modernidad contemporánea, efectivamente, no es hija de la cosmovisión tradicional, no es hija de los logros filosóficos, políticos y jurídicos de la escuela de Salamanca, no responde a la consigna «la verdad os hará libres», sino que responde a la consigna «la libertad os hará verdaderos», no define el bien del hombre y en torno a él orbita lo sociopolítico y lo socioeconómico, sino que dice que no se puede definir el bien del hombre y entonces lo que habrá que hacer es engarzar las libertades individuales y colectivas.
Claro, este proceso de subversión se produce desde la segunda mitad del XVII, cobra fuerza y legitimación filosófica en el XVIII, termina de explotar en el XIX y nos trae hasta el día de hoy, más allá de las distintas resistencias y contestaciones que se dieron, hasta el día de hoy. Con lo que el mal español, la España decadente y degenerada, posnacional, posnacional, de la España inane y la anti-España, el problema español del 2026, es la forma concreta de la crisis de civilización que vive Occidente, fruto de su desviación, fruto de su desviación en el XVIII, ¿eh?, cuando legitima filosóficamente la herejía protestante, la victoria, la derrota española en Westfalia.
Entonces, ahora, este mundo es el que está terminando. Ojo, la crisis de civilización que vivimos tiene que ver con que lo que está colapsando es este mundo de la modernidad contemporánea. Y conforme se haga más disfuncional la civilización onlyfanera, inmigracionista, globalista, posmoderna y deconstruida, conforme se haga más disfuncional, su reacción a la contra, su intento de resistir va a ser todavía más crudo, más absurdo y más irracional. Recientemente he leído un libro maravilloso de Esparza, Reiniciar España, de Esparza, donde da claves muy valiosas para entender este fin de ciclo o colapso civilizatorio, que no es una crisis, sino que es el fin de la modernidad contemporánea, en la cual podemos distinguir los noes: no a la posmodernidad, no a la deconstrucción, no al globalismo, no a la religión de la democracia, el progreso y los derechos humanos. Tenemos los noes, pero todavía no terminamos de construir los síes, que esclarecen el camino más allá de este colapso.
Bien, en mi obra, los que me hayáis leído, en Hispanofilia, en El aullido del lobo, en conferencias y demás, habéis visto que yo insisto en saber leer en las fuentes de la cosmovisión tradicional, en las propias enseñanzas de la escuela de Salamanca, para dar contestación a este fin de ciclo de la modernidad contemporánea, a este fin de ciclo del mundo desviado que dijo «la verdad no te hace libre, es la libertad la que te hace verdadero», ¿no? Que esa es la clave de bóveda, digo, de la modernidad contemporánea, y en el XVIII está especialmente presente. Digo que la contestación se encuentra en la cosmovisión tradicional, la propia escuela de Salamanca nos puede ayudar en ese sentido, la tradición española en general nos puede ayudar.
Pero al final, a donde nos conducen estas reflexiones que os traslado es que, maldita sea, el problema que tenemos, el enemigo que tenemos, no es la conspiración judeomasónica, no es simplemente el capitalismo, no es simplemente el comunismo, no es simplemente los progres, no es simplemente la generación OnlyFans, no es simplemente el globalismo inmigracionista, no es simplemente los orcos de Mahoma, ¿eh?, los orcos, la abominación de los orcos de Mahoma. Todo eso hace parte del juego, sí, fundamental. Pero todo eso es posible porque previamente ha habido un planteamiento filosófico, que es el de esa modernidad contemporánea, que ha permitido que lleguemos hasta aquí.
En este sentido, creo que había que poner el acento, si queremos comprender bien lo que ha pasado, en el propio momento fundacional de la modernidad contemporánea, en la Constitución americana, en la Revolución francesa, en la Revolución americana, la Revolución francesa. Ahí ya está el ADN de la modernidad contemporánea. Ahí ya está la subversión luciferina de pasar de «la verdad os hará libres» a «la libertad os hará verdaderos». Ahí ya, en la Revolución americana y la Revolución francesa, y al calor de la esclerosis del Antiguo Régimen, aparece la consolidación de separar la potestas de la auctoritas, de emancipar el principio de potestad del principio de autoridad. Y entonces sí, decir que frente a «la verdad os hará libres» habrá que reivindicar «la libertad os hará verdaderos».
Y entonces, esa idea de la libertad individual, no podemos definir el bien del hombre, no podemos definir el bien del hombre en torno a la verdad que hace libres, así que lo que hacemos es simplemente gestionar la convivencia en un tablero socioeconómico y sociopolítico de las libertades individuales. La modernidad contemporánea necesariamente es decadente y degenerada por su punto de partida, el ADN que tiene en su punto de partida, en la Revolución americana, en la Revolución rusa. La modernidad necesita, de manera perentoria, romper con la tradición. Y cuando digo tradición quiero decir con la cosmovisión de identidad y arraigo.
Frente a la cosmovisión de identidad, arraigo y dimensión de trascendencia, la sociedad contractual. Frente a la idea de estirpe, linaje, vínculo, continuidad histórica del pasado en el presente, frente a esa idea de identidad, la sociedad contractual, donde lo identitario, al fin y al cabo, es un lastre que debe ser superado y dejado atrás. La sociedad contractual frente al mundo de las raíces, del arraigo, de la estirpe, el linaje, la patria, la tradición, el pasado proyectado en el presente, el presente que se proyecta en el futuro.
Entonces, la modernidad contemporánea, en su afirmación de la libertad individual, con una potestas que no responde a ninguna auctoritas, acaba de manera natural tendiendo a confrontar el orden natural, el orden del ser, la verdad de las cosas, las instituciones prepolíticas, la propia familia, la propia idea de estirpe, de tribu, de comunidad tradicional, la comunidad política cristiana, que dirían los tradicionalistas carlistas españoles, no, la comunidad política cristiana. Todo eso debe ser destruido.
Necesariamente, tiramos y tiramos del hilo, si tiramos del hilo del ADN fundacional de la modernidad contemporánea, que lo tenemos en esa Revolución americana, en esa Revolución francesa, en ese siglo XVIII, que es posible porque fue posible la paz de Westfalia y que es posible porque fue posible la herejía protestante, tenemos así un proceso histórico de alrededor de tres siglos que nos trae hasta acá. Y el problema español no es solo lo contingente y berlanguiano de la corrupción de Ábalos, ZP, Sánchez, el sanchismo, los Antonio Maestre de este mundo y demás. No, no solo es esa cosa contingente y chusca que nos mueve a la risa, sino que esa es la manifestación casi microscópica, diminuta en lo español, de un problema civilizatorio mucho más amplio.
Y es que mientras seamos hijos del siglo XVIII, mientras seamos hijos de la Revolución francesa y la Revolución americana, mientras seamos hijos de la subversión luciferina que dice, frente a «la verdad os hará libres», «la libertad os hace verdaderos», mientras seamos hijos de un proyecto civilizatorio que necesariamente tiene que romper con el orden natural y las instituciones prepolíticas de la organización humana, de esa idea de arraigo, estirpe, tradición —eso debe ser roto por el planteamiento de libertad individual y colectiva que plantea la modernidad contemporánea—, mientras estemos ahí, no hay discernimiento, no hay capacidad de discernir cuál es la enfermedad, cómo se llega hasta ella y cómo es posible quizás superarla.
En este sentido, creo que podemos empezar a hablar, fijaos, de las joyas de ZP y reírnos del sanchismo y la sanchosfera, pero si vamos hasta el final y somos ambiciosos, vemos que hay un problema de civilización completo. Hay un problema de civilización completo, y es que nosotros, efectivamente, desde hace alrededor de 250, 300 años en Occidente, somos hijos, no de la cosmovisión tradicional de Grecia, Roma, el mito heroico celtogermánico, la cristiandad medieval, Carlomagno, la escolástica, el Imperio español heredando, más que como España, como imperio, heredando el proyecto tradicional europeo, no. Somos hijos de los enemigos de todo eso, que terminan de establecer un punto de victoria en esa paz de Westfalia, que en última instancia libera o emancipa la potestas de la auctoritas, y que después, a partir del siglo XVIII, genera el mundo que dice ser del siglo de las luces, pero que nos trae al presente de oscuridades, de la civilización onlyfanera, globalista, posmoderna, deconstruida, que a su vez se ve amenazada por la abominación de los orcos de Mahoma.
Y hay que entender que aquí izquierda y derecha van en el mismo barco. Es decir, la diferencia que a día de hoy tenemos entre lo genérico de izquierdas y lo genérico de derechas es en cómo se consigue implementar esas libertades individuales, ese individualismo personal o colectivo, ese egoísmo personal o colectivo. Solo se preocupan de eso. Es decir, los progres, vaya, hay que caerse del guindo, se es progre de izquierdas y de derechas. El boomer, el patán boomer, es boomer de izquierdas y de derechas. Las charos y los cuñaos, las charos y los cuñaos lo son de izquierdas y de derechas. Lo único que debaten son los medios, pero el fin que buscan es el mismo: desarrollar el ADN individualista de la modernidad contemporánea. Esa idea de «la verdad no te hace libre, sino que la libertad te hace verdadero», la potestas se emancipa del principio de auctoritas. Y en ese engaño luciferino estamos. Y el tiempo que vivimos es fruto de dicho engaño luciferino.
Por eso nosotros insistimos en hacer una impugnación a la totalidad. Insistimos en hacer una impugnación a la totalidad e insistimos en que, cuando nos llaman fachas, fascistas y demás, no podemos evitar decir: «Mira, tío, es que te quedas corto, macho. Es que no terminas de entender hasta qué punto voy a la raíz misma del proyecto moderno de civilización para negarlo». Y negarlo porque «por sus frutos lo conoceréis», y la civilización onlyfanera, inmigracionista, globalista, deconstruida y posmoderna no es desviación del camino, es el progreso natural de la modernidad contemporánea, del ADN que está grabado en la Revolución americana y la Revolución francesa.
En este sentido, reconforta, a día de hoy a mí me reconforta encontrar que hay numerosos autores ya en Estados Unidos, divulgadores en Estados Unidos que lo ven, estadounidenses que están diciendo: «Oye, que la culpa no es de la conspiración judeomasónica, que el problema no es Adam Smith o Carlos Marx, el capitalismo, el comunismo o los orcos de Mahoma, que es que hay un punto de partida previo, que es que la propia clave fundacional de la Constitución americana necesariamente tenía que destruir todo lo que son las instituciones prepolíticas de orden natural». El orden natural tenía que ser roto, necesariamente.
Y ojo, es interesante, porque digo que hay autores estadounidenses a día de hoy que lo están diciendo. Maldita sea, es que en España tuvimos a alguien que en el siglo XIX lo advirtió. Quien conozca la obra de Donoso Cortés… ¡Qué maravilla! Si eres capaz de separar el grano de la paja y quitar la parte de su obra que es puramente contextual de su tiempo y ves la parte mollar, la parte mollar de Donoso Cortés, lo está diciendo. Donoso Cortés ya está diciendo: esto no va a salir bien. El punto de partida fundacional de esta modernidad contemporánea no es que sea contrario a la tradición española, es que es contrario a toda una cosmovisión espiritual y sacra que hunde ya sus raíces en la Grecia clásica, y cuyo fruto maduro, al romper con esa tradición, con esa raíz, va a ser un mundo de locos, va a ser un mundo patas arriba, va a ser la civilización del globalismo onlyfanero, deconstruido y posmoderno.
Entonces, efectivamente, hay que hacer lo que esté en nuestra mano por sembrar la destrucción de la modernidad contemporánea. Y abajo las charos, los cuñaos, los boomers y los progres, de izquierdas y de derechas, porque el progre, el boomer, el charo y la cuñada, todos juntos, son de izquierdas y de derechas. Solo debaten en los medios, nunca en los fines, que es seguir desarrollando la subversión luciferina de la modernidad contemporánea, de ese pasar de «la verdad os hace libres» a «la libertad os hará verdaderos».
Entonces sí, creo que tenemos los noes. Nos podemos esclarecer hasta los noes. No, ¿eh?, nada que negociar, el mal no tiene derechos, pero hay que forjar, ¿eh?, una vez entendemos, esclarecemos la situación, forjar los síes. Aquello que vamos a poner sobre el tablero para forjar esa espada que corta el nudo gordiano de la modernidad.
Entonces, efectivamente, bueno, pues sirve este vídeo de despedida de este curso. En septiembre retomamos. Y dejadme que lo diga, mirad: a raíz del libro El aullido del lobo, que por cierto va por la cuarta edición, revisada y mejorada, cuarta edición, sabéis que puse en marcha un curso, ¿eh?, o el desarrollo de unos encuentros, una formación alrededor de la cosmovisión tradicional. El curso se llamó La forja de la espada y el retorno del rey. Y bueno, pues estoy poniendo en marcha, incluso ahora, una comunidad online en la que encontrarnos alrededor de estos temas. Alrededor de Homero, de Platón, de la Gita, de la tradición indoeuropea del Rigveda, de Donoso Cortés, de la fantasía contemporánea que tiene perlas de sabiduría tradicional en Tolkien o en Conan, en la ética heroica de los héroes de Numancia o en la dimensión identitaria del Cantar de mío Cid y del Quijote.
Bien, pues todo eso lo estoy poniendo en marcha, una comunidad que espero que sea semilla de esa destrucción de la modernidad contemporánea. Entonces, si a alguien le interesa formar parte de la comunidad, que me mande un mail a laforjaylaespada@gmail.com. Laforjaylaespada@gmail.com. Ahí, bueno, pues a lo largo del mes de julio, sin prisas, os irá contestando, porque Dios quiera que en otoño arranque la comunidad, para tener esos encuentros e indagar en las raíces de esa cosmovisión tradicional, que es donde está el rayo y el diamante, el rayo y el diamante que rompen con la oscuridad de la modernidad contemporánea. Fuerza y honor. Buen verano.
DUDAS RAZONABLES
- ~15:15 — «en la Revolución americana, en la Revolución rusa»: MacWhisper y Deepgram coinciden en oír «rusa», aunque por el contexto del argumento cabría esperar «francesa». Al coincidir ambas fuentes, se conserva la lectura literal; no puede descartarse un desliz del hablante.
- ~24:45 — correo de contacto: MacWhisper oye «laforjaylaespada.com» y Deepgram «la forja y la espada arroba gmail punto com». Se reconstruye como laforjaylaespada@gmail.com, pero el dominio exacto no puede verificarse con las fuentes disponibles.
- ~24:16 — «de la Gita»: MacWhisper oye «Gita» y Deepgram «guita»; se asume que alude al Bhagavad Gita y se conserva la grafía «la Gita».
- «katechón»: término teológico-político (κατέχον) que ambas fuentes transcriben fonéticamente («catejón»); se normaliza la grafía culta, aunque la pronunciación exacta no puede verificarse.